Opinión

Cuando Iron Man se comió a Spidey / Bocadillo

 

Hay dos personajes de Marvel que son reconocibles hasta por los abuelitos: Spider-Man y Hulk. El segundo caso es curioso, ya que si bien su diseño tiene un color llamativo y es fácil de dibujar, sus arcos argumentales en cine o cómic la verdad son demasiado simples, además de que sólo los más nerds podrían decir algún villano del gigante esmeralda. Pero vende muchos llaveros, pantunflas, camisetas tipo La Comer (duras y anchotas), vasos y estampas. Sus dos películas no fueron éxitos arrolladores y su fama más que nada se debe al grito de Hulk Smash sumado a su diseño icónico.

El Hombre Araña es otra categoría, triunfante en todo tipo de mercancía y que no muere por sobre exposición mediática. Para los milénicos (je) en edad laboral, está el recuerdo del arácnido absoluto: aquel híper mamado de la caricatura noventera. Dicho serial, que no ha envejecido con tanta dignidad, tratar de resumir las tramas de más de 30 años de cómic en arcos de 2 o 3 capítulos. Además, esa cari es la responsable de que quienes tenemos menos de 30 años estemos más familiarizados con MJ Watson como el ligue de Peter, en lugar de Gwen Stacy. Y siguen las películas con Tobey Maguire, la serie de MTV, las miles de caricaturas en Disney XD, la saga con Andrew Garfield, además del cómic principal y para rematar, la introducción de Miles Morales como un Spidey afrolatino.

 

Su appeal  se basa en la icónica cabeza de red y a un nivel menos superficial, en las bases del mito que cautivó especialmente a millones de ñoños. A mi me gusta una interpretación del humor de Spider-Man, pasa que el tipo dice montones de bromas e insultos a sus enemigos porque al agredirlos verbalmente hacen que bajen la guardia y sólo así puede salir avante de enfrentar a sujetos con mayores habilidades físicas. Eso es perfecto, es como si fueras víctima de bullying y lo único que te quedara sea desarmar con palabras a los bravucones. Eso es.

De Tobey a Andrew, me parece que la versión cinematográfica de 2012 es una actualización perfecta de lo que es ser un inadaptado en estos tiempos, además de que se adhiere a que ser nerd es genial, a diferencia de la adaptación tan leal de Sam Raimi al argumento de Lee/Ditko de 1962. Es la misma esencia, Peter Parker no se encuentra en el mundo hasta que lo muerde la araña.

La versión que vemos en 2016 y la que llega al cine este verano, aquella con Tom Holland, plantea un héroe que luce como un niño e idolatra a un montón de nerds que están salvando al mundo. Suena a algo con sentido, ya que ahora está más comprobado que los tetazos dominan al mundo. Elon Musk, Peter Thiel (aunque es terrible), Mark Zuckerberg y Larry Page. En Spider-Man Homecoming, Peter idolatra a su mecenas: Tony Stark. Es como si un chico logra una beca de un billonario de la industria tecnológica al cual admira. Eso sería Spidey en estos tiempos. Y es un cambio refrescante a la reciente versión dirigida por Marc Webb (la de 2012).

Esto enfrenta dos ídolos naturales de la sección juguetera de los supermercados. Los chicos de hoy prefieren a Iron Man, con sus blasters, billones y barba de candado. Spider es confiable en ventas, pero los niños no se ven como un joven que batalla en lo monetario y su vida social. Es más, hasta Marvel se da cuenta. En los cómics recientes, Peter tiene una empresa tecnológica, viaja por todo el mundo y usa gadgets avanzados para enfrentar a los malos. Como un Iron Man chirris.

 

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Francisco Trejo Corona

Francisco Trejo Corona

Todas-las-cosas-digital en La Jornada Aguascalientes. Editor de /AUTONOMÍA. || @masterq en Twitter

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