Opinión

Esmeriles y lo que el tiempo se llevó / Cocina política

 

Los vendían en carritos ambulantes. Eran unas pequeñas gorditas, hechas con de maíz molido y fritas hasta obtener un dorado crujiente en aceite bien caliente. Una vez escurridas se rellenaban con puré de papa condimentado con un sofrito de jitomate y cebolla; se agregaba col blanca desflemada y curtida en limón con sal y para finalizar, se aderezaban con salsa de jitomate estilo Aguascalientes. Algunos gustaban de agregar un chorrito de limón o salsa picante.

Los esmeriles hidrocálidos: un platillo que forma parte del pasado, porque sólo se sirve en restaurantes de comida típica hidrocálida o en las mesas de las abuelas. Ya no lo demandan las nuevas generaciones, que de hecho ya no lo conocen.

Como los esmeriles, mucho de lo bueno en Agüitas se ha perdido y sólo existe en nuestra memoria. Veamos, estimada lectora, querido lector; qué de eso bueno hemos dejado atrás en nuestra prisa por convertirnos en una sociedad moderna.

La conducción ordenada. Pasábamos las glorietas en nuestros automóviles, sin mayor problema. Nuestros “ceda el paso” eran ejemplo de urbanidad en el ámbito nacional. Éramos los que invariablemente encendíamos la luz direccional para dar vuelta en una esquina o pasar de carril, aun cuando no hubiera más automóviles.

Las buenas maneras que nos caracterizaron en el pasado se quedaron en algún lugar de nuestra conciencia colectiva ¡Qué le vamos a hacer!

Las serenatas. Nada mejor para conquistar a esa bella chica, que la romántica música del conjunto Alma Latina o la de Baldo Correa. Un buen mariachi lograría una reconciliación inmediata. Si no alcanzaba para más, “ya de perdis” se podía contratar la rondalla o tuna de la escuela en que uno estudiaba, por unos cuantos pesos o hasta por un par de cervezas tamaño “caguama” y un paquete de cigarrillos.

Si no alcanzaba la mesada estudiantil ni para la tuna o la rondalla escolar, se valía organizar al grupo de los amigos, sin olvidar al que tocaba la guitarra, al del pandero y al de las maracas para ensayar algunas melodías, y acto seguido, deleitar a la candidata a novia en su propio domicilio. El problema con el grupo musical improvisado, era que solía escucharse tan mal, que lejos de provocar ensoñación en la pretendida novia, podía provocar el enojo de su señor padre, la sorna de los vecinos y los aullidos de los perros del vecindario, con lo cual terminaba abruptamente la serenata y terminaba también la oportunidad de conquistar a la chica en cuestión. ¡Hágame usted el favor!

Las banquetas limpias. Hubo un tiempo en que no había peor deshonra en Aguas que una banqueta sucia. A las 6:00 am, había que tomar la escoba y salir a barrer “el frente” de casa. Ahí se encontraba uno con todos los vecinos del vecindario en la misma actividad. Si ocurría que alguna vecina o algún vecino, no habían salido a cumplir con el ritual matutino, se procedía a barrer ese tramo, dejando en la puerta del incumplido o incumplida la basura levantada; era una forma de reprochar el poco civismo del infractor o infractora social. ¿Qué tal, eh?

La merienda. Leche fría o caliente y sabrosos bizcochos o pan dulce eran los elementos en esa cena tempranera que hacíamos los hidrocálidos de manera cotidiana. Sólo por excepción se acudía a las cenadurías banqueteras típicas o bien, a los tacos de hígado o tripa. Lo decente era merendarse tempranito, tipo 7:00 u 8:00 de la noche, para dormir entre las 9:00 y 10:00 de la noche.

Para cumplir con la merienda, debía uno tomar un plato o charola, una servilleta blanca bien almidonada y trasladarse a la panadería más cercana para adquirir ricos ladrillos, ojos de pancha, semas, chamucos, merengues, pelones, polvorones, quequis o bisquets.

La leche para remojar el pan dulce, ya debía estar fría y desnatada tras ser hervida, o comprarse en la tienda donde se disponía en frascos de vidrio cuadrados con tapa de papel aluminio.

El beisbol llanero. En cualquier terreno baldío o llano se organizaban tremendos partidos de beisbol; el juego favorito de niños, jóvenes y adultos aquicalidenses. A todos nos eran familiares términos como homerun, safe, umpire o hit.

El equipo de beisbol casero los Rieleros de Aguascalientes, eran los ídolos populares. Conocidos y queridos por todos. Sus triunfos enorgullecían a todos y sus derrotas las llorábamos todos. Los Diablos Rojos y los Tigres eran los enemigos a vencer y no había hogar que no contara con al menos un bate, varias pelotas y un par de guantes beisboleros.

La gente buena. Se llevó el tiempo, la afabilidad, la paciencia y la dulce armonía provinciana. Nos alcanzaron las neurosis citadinas y nos volvimos gruñones, intolerantes e impacientes ¿Qué le vamos a hacer? El tiempo nos alcanzó y dejamos atrás nuestra cotidiana paz y nuestra buena anfitrionía característica. ¡Oiga usted!

Nos vemos en la próxima.

CODA ciudadano. Adopción gratuita de perros y gatos en Aguascalientes. Llama a Vett Inn, teléfono 175 8882. Gabinete Veterinario, Tel 918 3961. Vet Pet, Tel 914 4076. Áurea Escobedo, rescatista; Cel 449 125 41 62. Alma Rodríguez, rescatista; Cel 44916 74 846.

 

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Socorro Ramírez

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