Opinión

Todo está mal con el camión / Política For Dummies

Estos son algunos de los titulares de la prensa local sobre un camión que está de gira en México:

  • Enfrenta autobús a católicos y gays
  • La comunidad LGBTTI y simpatizantes frenan al “Autobús de la Libertad” en León, Guanajuato
  • Comunidad LGBT lanza globazos y saca camión homofóbico de Puebla
  • Así recibieron a huevazos en Puebla al “Autobús de la Libertad” (Video desde adentro)
  • El “Autobús de la Libertad” hace apología del delito: Redim
  • Vandalizan “Bus de la Libertad” en Puebla

En Jalisco, el presidente nacional del Consejo Mexicano de la Familia fue exhibido en un video que se hizo viral al taparle la boca a una reportera, él declaró que no le tapó la boca y que simplemente tiene brazos largos.

Todo en esos párrafos anteriores está mal. Todo habla de confrontación, de odio, de mensajes ofensivos, de censura, de intolerancia. Todo mal.

El 16 de junio, Guillermo Velasco, periodista de Jalisco, publicó una carta al gobernador de Jalisco que termina así:

“El denominado autobús de la libertad que busca denunciar la ideología de género comenzó su recorrido por México. Paradójico que las voces que claman respeto, libertad e inclusión se nieguen a que circule, usando incluso la violencia. ¿Y la libertad de expresión?”

Los medios de comunicación en el pleno uso de su autonomía han decidido cubrir el tema con diferentes aristas: por ejemplo, sobre el evidente acto de censura del presidente del Consejo Mexicano de la Familia en Jalisco, al día siguiente ningún periódico retomó la nota en su impreso. El jueves, Mural publicó una nota, pero no en primera plana y Milenio publicó un cartón en referencia al suceso de censura. Desde mi perspectiva, el asunto tenía mayor relevancia mediática que esos espacios.

En medios digitales y revistas como Tercera Vía, Sin Embargo y otros más, el tema tuvo réplica mediática. Aunque es un gran tema para analizar, el asunto es que el camión ha demostrado una vez más que somos una sociedad sin matices, de confrontación y de odio, de ambas posturas.

El debate no gira alrededor de la Iglesia católica, cristiana o musulmana, aunque algunos creyentes de esas religiones militen esa causa, no es una causa religiosa. Eso debe quedar claro, no se discute sobre mandatos divinos o profesión de fe. Por lo que generalizar el debate sobre una postura de la iglesia, del cardenal o del obispo es equivocado.

El debate gira sobre una sociedad que debe buscar el bien común, no de las mayorías, sino común. Poner en común los intereses y solucionar los conflictos, no dividirlos. Sobre eso ya hay algunos hechos verdaderos que se deberían considerar: la Suprema Corte ya lo dejó claro: los hombres y mujeres pueden unirse civilmente con la persona del sexo que ellos decidan, los legisladores locales están obligados a garantizar esa sentencia de la corte. Quien promueva el matrimonio igualitario es un demagogo, eso ya tiene que legislarse por obligación y quien se oponga podrá ser un terco, eso ya tiene que garantizarse. Los legisladores que se promueven a favor del matrimonio igualitario y no inician el proceso legislativo correspondiente, faltan a la verdad, a su responsabilidad y a una sentencia de la Corte.

Eso por el lado legislativo, por el otro lado, la defensa de la familia tradicional pudiera ser una defensa noble siempre y cuando se parta de la siguiente verdad: la familia tradicional no existe, existen familias con 8 hijos, con padre y madre, otras de un hijo, otras sin padre, otras sin madre, otras donde los abuelos son los padres. Debemos asumir esas ambas realidades para construir una sociedad que pueda permitirse convivir unos y otros.

Cuando se habla de la importancia de la familia en una sociedad, también hay argumentos ciertos, sobre que es la célula mínima de la sociedad, después de considerar al individuo. Sin embargo no hay una generalidad sobre la familia. Por eso el Estado, con el fin de garantizar una educación familiar mínima, que permita construir una sociedad con valores mínimos de convivencia como el respeto y la tolerancia, ha procurado implementar programas de escuelas de padres, donde los padres aprenden a enseñar a los hijos este tipo de valores.

Habrá familias que no necesiten este tipo de recursos, pero lo que sí debemos considerar es que en todas las familias debe haber concepciones mínimas de respeto y tolerancia, pero sobre todo de información. No podemos permitir que de ambas posturas exista un discurso de odio y animadversión, no podemos permitir que un hombre que se dice promotor de la familia, un concepto tan noble y positivo para la sociedad, sea un tipo que promueva la censura y mensajes de odio. Pero tampoco podemos permitir una sociedad donde alguien conduzca un camión con un mensaje y otros lo vandalicen, ocasionen daños y pongan en riesgo a otras personas. Todo en eso está mal.

La sociedad necesita de hombres y mujeres que organizados promuevan la paz, entre diferentes, entre contrarios, entre rivales, entre posturas y argumentos que se enfrentan. Para dialogar, antes que informarnos y escuchar. No digo con esto, que unos tengan que convencerse de los otros, sino que unos tengan que entender a los otros, quererlos y no odiarlos.

 

@caguirrearias

 


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Carlos Aguirre

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