Opinión

De Hong Kong a Moscú | Taktika

Colegio de Estudios Estratégicos y Geopolíticos de Aguascalientes, A.C.

 

El Kremlin, Moscú, Federación Rusa. 4 de julio de 2017. Rodeado del esplendor y de la gloria de la antigua Moscovia, el presidente Vladimir Putin coloca la Orden de San Andrés -la máxima distinción rusa establecida por Pedro el Grande- al mandatario chino, Xi Jinping. Tras poner el galardón, Putin dice: “Este premio muestra que Rusia reconoce su contribución especial al desarrollo de la alianza comprensiva y la cooperación estratégica entre nuestros países”.

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Putin, tras llamar “amigo” a Xi, continúa con su alocución: “Sus movimientos amistosos son particularmente importantes, los entendemos bien y los valoramos”. El líder chino, usualmente de rostro adusto, dibuja una tenue sonrisa en su semblante.

La escena arriba descrita tiene por objeto explicar la interacción entre una serie de eventos ocurridos desde Hong Kong, pasando por el mar de la China Meridional, hasta la capital rusa, Moscú y, por extensión, a la reunión del G-20 en Hamburgo, Alemania.

Hong Kong, junto con Singapur, representa una extraña combinación: “la ingeniería, rendición de cuentas, burocracia honrada y gobierno meritocrático de los británicos” combinada “con la agresividad económica”1 de los chinos. Para los británicos, Hong Kong simbolizaba la joya de su imperio en Asia.

En junio de 1997, los británicos entregaron su gema a los comunistas chinos, acontecimiento que marcó el renacimiento de China como gran potencia. Por lo tanto, y con motivo del 20 aniversario de la devolución de Hong Kong a China, Xi Jinping se desplazó el 30 de junio a la denominada “Región Administrativa Especial”. Ahí, pasó revista, como los antiguos mandarines del Imperio Celestial, a las tropas chinas destacadas en la urbe.

La inspección tuvo un doble mensaje: mostrar a las fuerzas democráticas endógenas que Hong Kong es una ciudad bajo control chino. Este recado fue reforzado con el arribo del portaaviones Liaoning; y comunicar al resto del orbe que la República Popular ha respetado la Declaración Conjunta Sino-británica de 1984, mejor conocida como el acuerdo de “un país, dos sistemas”, mediante el cual Beijing garantiza “por cincuenta años, el puerto libre, su propia moneda y su sistema legal basado en el common law británico”2.

Hong Kong, centro de las finanzas internacionales, es la piedra angular de un sistema de urbes chinas: “Macao centro mundial del entretenimiento; Shénzhen, bastión tecnológico; Cantón es un centro comercial mundial; y Foshán y Dongguan son focos manufactureros… el clúster de ciudades en su totalidad está bien balanceado y es altamente competitivo”3.

El dulce interludio de Xi en Hong Kong fue breve, gracias al energúmeno neoyorquino Donald Trump: el domingo 2 de julio el destructor USS Stethem, en una clara provocación, navegó a menos de 12 millas náuticas de las islas Paracel, bajo soberanía china; al día siguiente, la Casa Blanca anunció que vendería 1.4 mil millones de dólares en armas a Taiwán, consideraba por Beijing como una “provincia rebelde”; y, finalmente, los norteamericanos impusieron sanciones a un banco chino por hacer negocios con Corea del Norte, la cual al momento de redactar estas líneas ha realizado una prueba con un misil.

Tras el mal rato pasado lidiando con el patán neoyorquino, cosas más agradables esperaban a Xi en la capital de Rusia: una avalancha de proyectos conjuntos en ámbitos tan distintos como: infraestructura logística, cooperación espacial, acuerdos en materia de energía entre Gazprom  y las compañías chinas, colaboración cultural,  fondos de inversión que utilizarán las monedas nacionales de ambos países y el lanzamiento de Katyusha Televisión -un canal en idioma ruso para el público chino-, fueron signados por los líderes de ambos países.

La cereza del pastel fue, sin embargo, la alianza militar: navíos chinos se unieron, por primera vez, a sus contrapartes rusas en maniobras militares en el mar Báltico. Además, se reveló que Beijing y Moscú diseñaron una hoja de ruta para la cooperación bélica en los años 2017-2020, lo cual muestra el alto nivel de confianza mutua y la cooperación estratégica.

Xi llegará fortalecido a Alemania; Putin se entrevistará, por primera vez, en Hamburgo con Donald Trump y tendrá como respaldo la alianza con China para lidiar con el magnate.

Como diría Timbiriche: “tú y yo somos uno mismo”.  Por lo tanto, Vladimir Putin y Xi Jinping manifiestan, con su reunión, que la alianza entre China y Rusia es el valladar que impide que los Estados Unidos dominen por completo al planeta. Por lo tanto, los norteamericanos intentarán, por todos los medios posibles, fracturar la sociedad entre Beijing y Moscú.

Aide-Mémoire. ¿Conviene a los intereses de México que Enrique Peña Nieto se entreviste con Donald Trump? La última vez fue un desastre total para el mexiquense, gracias a la pésima asesoría de Luis Videgaray Caso.

 

 

1.- Kaplan, Robert D. Viaje al futuro del imperio: la transformación de Norteamérica en el siglo XXI. Ediciones B, Barcelona, 2001, p. 558-559

  1. – Meyer, Christopher. Getting our way: 500 years of Adventure and Intrigue. Weidenfeld & Nicholson, London, 2009, p. 155

3.-  The promise Pearl River Delta region holds https://goo.gl/jtb6MW

 

 

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Soren de Velasco Galván

Soren de Velasco Galván

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