Opinión

Los retos ante el autobús terrorista y la provocación efectiva | Piel curtida

Durante el siglo XX las sociedades reconocieron los daños inmediatos de la guerra armada y el odio por diferencia racial o nacionalidad, aunque los efectos negativos colaterales apenas se vislumbran, como el terrorismo a causa del fundamentalismo religioso que se cimienta en años de invasión y explotación de los pueblos árabes; y aún no hemos aprendido la lección. En una época con mayores oportunidades para conectarse, moverse y dar a conocer otras realidades, la diversidad se presenta como un caos, y el peligro es confiar en la búsqueda de una sociedad disciplinaria que, como Michel Foucault describió en su obra, busca el aislamiento de las personas que exponen la diferencia, ya sea excluyéndolas del derecho o en espacios distantes de la comunidad; por lo que es necesario promover prácticas que permitan generar una consciencia para que los individuos se reconozcan como parte de sus problemáticas, como seres humanos vinculados, y no como sujetos que observan a otros como objetos a regular, someter o incluso a erradicar.

El autobús de Hazte Oír y CitizenGo realiza ahora una caravana por México mediante la iniciativa del Consejo Mexicano de la Familia, perteneciente al Frente Nacional por la Familia, exhibiendo las leyendas: “Los niños tienen pene. Las niñas tienen vulva. Que no te engañen. Si naces hombre, eres hombre. Si eres mujer, seguirás siéndolo”. A su llegada en Puebla, manifestantes a favor de la diversidad sexual le recibieron arrojando huevos, pintura y rayando consignas sobre el camión. El hecho podría y se ha interpretado como un acto de vandalismo que contradice la esencia de los movimientos de la disidencia sexual que pugnan por la tolerancia, sin embargo es urgente señalar algunos puntos, en especial considerando las próximas visitas del transporte naranja, entre ellas Aguascalientes.

El llamado autobús de la libertad es ahora conocido como el autobús de la vergüenza en España. En Madrid fue inmovilizado por la policía local y se decretó que no volvería a circular por incitar al odio e incumplir con normas de publicidad, razón por la cual ahora está en México, contemplando una gira por América Latina. Más allá de una perspectiva que busca guarecerse en la libertad de expresión, es necesario reconocer que estos discursos fomentan el miedo en las personas transgénero y transexuales quienes observan en el entorno una comunidad que permite señalarlas como enfermas, se niega la evidencia científica de la diversidad sexual en más de 1 mil especies y la existencia de la intersexualidad que demuestra la ambigüedad del término médico del sexo y el género (las formas de ser hombre o mujer) como una construcción sociocultural no determinada por lo biológico; por lo que se considera a la personas intersexuales, así como se asumían a las personas con alguna discapacidad física, como “errores de la naturaleza”, en vez de reconocer que la sociedad fue construida sin la consciencia de su derecho por tener las mismas oportunidades de desarrollo.

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Por otra parte, el autobús y sus promotores violan la Ley federal para prevenir y eliminar la discriminación, pues el movimiento #ConMisHijosNoTeMetas claramente busca impedir mediante la colectividad y la presión de la clase conservadora el derecho a la educación científica y a servicios de salud integral al hacer distinción de personas que no responden a su ideología decimonónica. Además, se vulneran diferentes apartados de la Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público, pues aunque no existe un ministro como parte de la caravana, voceros de diferentes diócesis se han manifestado a favor del autobús contraviniendo las obligaciones de “propiciar y asegurar el respeto integral de los derechos humanos de las personas”, como el reconocimiento a su identidad y la no discriminación; el respetar la Constitución y las leyes, como el párrafo quinto del artículo primero constitucional que prohíbe la discriminación; mientras que el Estado parece no cumplir con su compromiso de “no establecer ningún tipo de preferencia o privilegio en favor de religión alguna” pues, aunque se argumente que el Frente Nacional de la Familia no es una agrupación religiosa, se ha guarecido particularmente bajo la promoción de la Iglesia católica. A la par de su pugna contra los derechos de la disidencia sexual y fomentar el miedo en las personas no heterosexuales, se manifiesta una declaración contra el Estado que debería asegurar una educación científica, a diferencia de la seudociencia que expone el FNF que es avalada por instituciones religiosas y organismos del Vaticano.

El Consejo Mexicano y el Frente Nacional de la Familia, así como Hazte Oír y CitizenGo, operan bajo la impunidad de gobiernos que buscan la preservación de la clase política mediante el voto conservador, por algo #LaFamiliaVota se utiliza en la publicidad de ambas organizaciones mexicanas; pero además recurren a una impresionante movilización económica, social y mediática que debe ser objeto de atención. Si gran parte de la población cree que la educación sexual en escuelas públicas busca que las niñas y los niños “elijan” su orientación sexual, sostengan relaciones sexuales prematuras y consideren el aborto como método anticonceptivo recurrente, se debe a un déficit de divulgación científica al cual deben responder el Estado y las instituciones de educación superior, así como a una comunicación no asertiva por parte de organizaciones de la sociedad civil, elementos que impiden un ambiente de protección ante la desinformación. Por ejemplo, durante las últimas semanas se han difundido falsas noticias en medios sociales sobre supuestos casos de trans-edad y trans-especie: personas maduras que supuestamente buscan ser reconocidas y cuidadas como infantes o que desean vivir como gatos u otro animal, lo cual es una estrategia que busca vilipendiar y burlarse de la transexualidad, además de que se malinterpretan identidades y culturas urbanas como lo otherkin y furries.

Por otra parte, está el actuar de la ciudadanía y las organizaciones a favor de la diversidad sexual que en Puebla dieron fuerza a los discursos maniqueos de victimización del grupo conservador mexicano que ha decidido no limpiar el autobús transfobo para dejar huella del ataque recibido. Aunque es importante recalcar que este suceso, al igual que otros brotes de irrupción encausada, son resultado de un Estado impávido que no ha emprendido las acciones para hacer valer un ambiente con apego a las garantías individuales y al desarrollo en igualdad de oportunidades.

Jacques Derrida señala que la diferencia deliberada “demuestra los enigmas sin resolver debajo de los valores actualmente aceptados y respetados, valores modernos que dejan de ser lo suficientemente tradicionales para convertirse en el lugar común de la crítica, por lo que dan pauta a la reflexión y la sospecha”, y justamente es tiempo de analizar al otro, al diferente, como un ser humano circunscrito en diferentes circunstancias y condiciones, para así descubrir las omisiones, los errores y las necesidades de nuestra sociedad. Debido a esto, el Estado y las organizaciones civiles deben reconocer y emprender diversas acciones para que al menos en uno quepa la cordura, la racionalidad: pedagogía humanista civil; divulgación científica intersectorial, estratégica y política; promoción por la cultura de la paz; y especialmente nunca caer en el juego de la violencia y el odio. Por lo que ante la llegada del autobús, la convocatoria a la resistencia deberá asegurar y protegerse de actos que puedan incrementar la polarización de la sociedad o ser utilizados para deslegitimar la movilización a favor de la diversidad y la inclusión.

Podremos no estar de acuerdo, podrán existir personas misóginas, homófobas, tránsfobas o antisemitas a causa de un histórico proceso de exclusión y negación de la alteridad, pero es indispensable asegurar los espacios para que el odio se contenga y no se cristalice para vulnerar o impedir el sano crecimiento y desarrollo de las personas. Si a cada momento se recurre a la frase de Benito Juárez: “el respeto al derecho ajeno es la paz”, vale la pena considerar que no se puede promover el odio, infundir miedo o generar desinformación pues se estarían vulnerando las garantías individuales y el derecho a convivir en un Estado y un ambiente de paz que ofrezca los elementos necesarios para el desenvolvimiento pleno de los individuos, por lo que la libertad de expresión debe ser deliberativa, responsable y empática.

Es necesario detenerse para reflexionar si la inserción de las naciones a la sociedad del conocimiento -científico- sólo es un recurso narrativo tecnócrata que responde a un futuro abaratamiento de la mano de obra especializada o si en verdad lo que buscamos es una comunidad que reconozca en el pensamiento científico y el humanismo: instrumentos para resolver sus fallas y brindar finalmente la aún utópica promesa de libertad, solidaridad, paz e igualdad.

 

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Juan Luis Montoya Acevez

Juan Luis Montoya Acevez

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