Opinión

Segunda vuelta y voto obligatorio / Política For Dummies

 

La democracia está en crisis, según cifras del Latinobarómetro los ciudadanos no están satisfechos con la democracia; desde mi hipótesis, esa poca satisfacción es porque la democracia no se ha convertido en las soluciones de los problemas públicos y cercanos a los ciudadanos. No se ha llevado la democracia a las calles; la democracia no ha significado que las calles tengan luminarias, que los baches se tapen o que la pobreza reduzca. La democracia sí puede solucionar esos problemas, pero se debe cambiar la cultura política, nuestra visión de la democracia, para que se convierta en el camino para resolver problemas y no solamente en el mecanismo para elegir representantes.

Algunas de las soluciones que se han propuesto para mejorar la calidad de nuestra democracia son la segunda vuelta electoral y el voto obligatorio con sanción. Por ejemplo en la revista Nexos, José Woldenberg afirma que “le parece bien una segunda vuelta electoral para presidente y gobernadores para que ninguno llegue a ocupar su cargo con más rechazo que apoyo”, Murayama y Pedro Salazar afirman que: “una ventaja (de la segunda vuelta) es que quien encabece al Ejecutivo no tendría más votos en contra que a favor. En un escenario de fragmentación del voto puede ser un instrumento para robustecer la legitimidad del Ejecutivo”.

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Por otra parte María Amparo Casar es más crítica con el concepto de legitimidad: “No nos engañemos, la segunda vuelta no entraña un mayor mandato. El 51% del voto alcanza para surtir un efecto sicológico de mayor legitimidad, pero no mucho más. Además, un Presidente con el 51% del voto no estaría en mejor posición si no tiene un Congreso dispuesto a colaborar o a apoyar su agenda legislativa.”

La segunda vuelta ya existió en México, San Luis Potosí, ejerciendo su facultad de autonomía, la aprobó en elecciones municipales para evitar conflictos post electorales, lo cual resultó efectivo: en 1997 se utilizó en 23 ocasiones, 18 en 2000 y cinco en 2003. En 2005 se aseguró que la segunda vuelta tendría más desventajas que ventajas y se eliminó de la legislación. Ismael Ortiz afirma: “La segunda vuelta electoral en San Luis Potosí cumplió su función.”

En ese mismo tenor, el modelo de segunda vuelta electoral más conocido es el que se refleja realizando una segunda elección entre los dos candidatos punteros, pero también existe la segunda vuelta instantánea; explicado por Francisco Vallejo: “Este modelo de doble vuelta instantánea nos ofrece la posibilidad de votar sinceramente por quién más nos convenza, sin pensar en qué tantas posibilidades tenga de ganar, porque consiste en que en una misma votación nos permitan expresar nuestro orden de preferencia por los candidatos en contienda.”

En ese tenor, pensar la segunda vuelta para México, desde mi punto de vista necesaria, en un contexto donde la fragmentación es un fenómeno que será protagonista, es un tema que se debe debatir y proponer, pero con matices. Pensar en primer lugar, en el modelo adecuado para México, el modelo que permita que la mayor legitimidad no sacrifique la libertad de elección de los votantes y que logre una transición pacífica. Pero también debe pensarse una segunda vuelta con límites. ¿Cuántas elecciones necesitan resolverse con segunda vuelta? ¿Todas? Quizá el mejor modelo matizado pueda ser una segunda vuelta instantánea que se use única y exclusivamente cuando el ganador no alcance el 40% de respaldo ciudadano, por ejemplo.

Otro problema que se ha presentado son los “bajos niveles” de participación electoral, que en 2012 superaron la barrera de 60%. Este problema va ligado al de la legitimidad de los gobernantes electos, que busca ser resuelto con la segunda vuelta electoral y buscar mayor participación electoral a través del voto obligatorio con sanción. Luis Carlos Ugalde propone que no solo aumentaría los niveles de participación electoral sino que evitaría la compra de votos: “No es lo mismo comprar votos en una elección donde vota la mitad del electorado que hacerlo cuando vote 90%, se diluye el impacto de la compra de votos. Se debe mencionar que en Perú la multa por no votar va hasta los 24 dólares; Brasil, 10 dólares, y en Argentina, en caso de no emitir sufragio, deben justificar la razón y pagar una multa de tres dólares”.

Según Ugalde, el voto obligatorio con sanción reduciría la compra de votos, aumentaría la participación electoral y lograría que se reflejara la verdadera voluntad popular en las urnas. Por ejemplo, en Bolivia se multa con 150 bolivianos a quien no vote y en 2009 presentó un 94.3% de participación electoral, en Brasil se multa de 3 a 10% del salario mínimo y presentó 93.3% de participación electoral en 2010; parece una medida efectiva.

El voto obligatorio con sanción, también es una medida que debe debatirse con matices, por ejemplo, la democracia es un sistema de libertades, coartar la expresión del voto a través de una sanción no parece tan democrático aunque suene progresista. Se deben repensar modelos que incentiven una cultura democrática de la participación electoral y mejores candidatos y partidos que incentiven la participación ciudadana para que existan gobernantes con legitimidad en las urnas. Pero también deben repensarse en modelos que garanticen la legitimidad en el gobierno, como estándares de calidad de las políticas públicas.

No se puede permitir que un gobernante gané una elección con 19 millones 226 mil 784 votos en un electorado compuesto por 79 millones 492 mil 286 votos, lo que significa que tan solo el 24.1% del electorado votó por su presidente de la República; esos son los números reales de la elección de Peña Nieto. Pero tampoco puede permitirse pensar en soluciones sin matices y sin deliberación con datos.

@caguirrearias

 

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Carlos Aguirre

Carlos Aguirre

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