Opinión

Tiempo, dinero, democracia / Debate electoral

 

Time is money dice el pragmático adagio gringo que, a fuerza de ser sinceros, en este Sistema capitalista que impera en este lado del orbe, tiene mucha razón. Y en un principio así relacionamos ambos conceptos. La pregunta inicial es ¿Y qué tienen que ver ambos conceptos con la democracia? Hoy trataré de entrelazarlos en el marco de la historia para concluir con la referencia a un procedimiento que en este día probablemente cambie la historia electoral del país. Así de trascendente. Por favor siga leyendo.

En la mitología latina, una de las deidades de mayor importancia era Saturno. En las formas que existen de él, se nos muestra a un anciano con una larga barba blanca (por aquello de que más sabe el diablo por viejo que por diablo) y con una hoz en la mano. Es la representación del tiempo mismo, la respuesta al griego Cronos, aquel que termina por saberlo todo, y, cíclico como es, permite que todo nazca, todo crezca y todo acabe, en una magnífica interpretación de los momentos que discurren sucesivamente. En la misma historia mitológica, el Tiempo, es decir Saturno, es hijo del Cielo y de la Tierra, al que su hermano Titán le permite gobernar siempre y cuando no tuviera descendientes, de ahí que al engendrar a alguno, Saturno lo devoraba (remítase a la famosa pintura de Goya), en una perfecta alegoría de que al fin y al cabo, el padre tiempo acabará finalmente con cada uno de nosotros, sus hijos (sabia virtud de conocer el tiempo).

Lo relevante del relato es que durante el reinado de Saturno se consideró la época de oro de la humanidad. En el principio de los tiempos, dice la leyenda, los primeros habitantes del mundo no conocían la guerra, el trabajo, la vejez o la enfermedad porque la tierra producía bienes en cantidades suficientes como para satisfacer las necesidades, por lo que no surgían los conflictos. Eran tiempos, según Ovidio, de inocencia, de justicia, de abundancia y de bondad.

Tal vez porque recordar es volver a vivir, en el entendido de que todo tiempo pasado fue mejor, el punto es que ya en la fundación de Roma se tiene registro de “Las Saturnales” una festividad que representaba ese idílico paraíso de los primeros años en la tierra. En este festival de cuatro días de duración no había escuelas ni oficinas de gobierno, ni guerra ni trabajo. Lo único permitido era darse regalos entre sí, comer y descansar. No había diferencias entre los libres y los esclavos, conviviendo todos por igual, pudiendo aquellos cautivos sentarse a la mesa, hablar con el amo y actuar con total libertad, pretendiendo pues una vida perfecta de igualdad y paz, un ideal democrático en pocas palabras.

Saturno pues, como deidad principal era reverenciado en su advocación materializada en un templo. Para que se forme Usted una idea de cuánto, basta con decirle que dentro del templo se guardaba el erario, que para los efectos es el tesoro público del estado, puesto que era tanto su respeto, que en ese lugar nadie se hubiera atrevido siquiera a cometer un robo.

Todo esto me permite llegar precisamente al concepto de erario. En su acepción de tesoro público obtenido mediante la recaudación de impuestos, es construido entonces con las aportaciones de todos aquellos que pertenecemos a un estado a manera de tributo, con la condición de que nos sea devuelto básicamente en servicios (escuelas, hospitales, burocracia en general) de manera tal que es la forma en que, al subsistir el Estado, quienes formamos parte de él garantizamos, de la misma manera, la subsistencia de la colectividad.

Es importante señalar que la transmutación de impuestos en servicios no se pretende que sea en una individualización a ultranza. La idea que debiera permear no es si “al pagar yo el impuesto, el estado se obliga a reparar mi banqueta”, sino “al pagar cada uno de nosotros los impuestos garantizamos que todas las banquetas de la ciudad, de las cuales hacemos uso indistinto todos los peatones, se encuentren en óptimas condiciones”. Es decir, nuestra responsabilidad comenzaría con la tributación y nuestra obligación sería verificar que esos recursos se aplicaran en un afán colectivo.

Viene a colación esta situación por una actividad que está en la agenda de este viernes: si el silogismo lo encabeza la premisa de que los recursos de los partidos políticos que son gastados en las campañas en que compiten, devienen del erario (añadir el calificativo público es pleonasmo), dado ese supuesto se debe verificar que dichos recursos se apliquen, y lo hagan para lo que en esencia han sido catalogados y, en su momento, se castigue si lo anterior no ha ocurrido a cabalidad.

El proceso de fiscalización de los gastos de los partidos políticos, a partir de la reforma más reciente, se centraliza en el Instituto Nacional Electoral. Básicamente funciona de la siguiente manera: el INE revisa los gastos reportados por los candidatos y los dictamina, haciendo una tarea de monitoreo y auditoría para detectar operaciones y gastos no reportados. Estos dictámenes contienen el resultado y las conclusiones de la revisión de los informes, las irregularidades encontradas y las sanciones propuestas, que serán llevadas al Consejo General para que se discutan y en su caso se aprueben.

Lo que está en juego es la equidad en la contienda. Estoy convencido de que no estamos listos todavía para trabajar en un esquema en donde los partidos políticos subsistan con financiamiento privado. Justo estamos en un momento histórico en el que, como entes públicos, es extremadamente difícil engañar a la ciudadanía, por lo que la transparencia de nuestro actuar debe prevalecer por encima de simpatías e intereses personales. La fiscalización es pues una tarea que nos compete a todos quienes aspiramos que este país continúe con la aplicación de normatividad que permita que funcione la sociedad. A algunos corresponderá conocer de las determinaciones, en la mayoría de los ciudadanos está el deber de dar seguimiento a las acciones que se realicen y, con conocimiento de causa, exigir el cumplimiento irrestricto de la ley, por parte de las personas que conformamos a las instituciones.

La rendición de cuentas y la transparencia nos llevan a la responsabilidad, y hoy, ante la resolución del INE, tendremos una oportunidad inmejorable para, desde nuestro quehacer ciudadano, garantizar que las responsabilidades vengan aparejadas de consecuencias, cualesquiera que sean estas.

 

LanderosIEE | @LanderosIEE

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Luis Fernando Landeros

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