Opinión

Tras un incendio… qué / Punto crítico

Cuando uno escucha tragedias como la ocurrida en esta semana en la que una familia casi completa agoniza producto de un incendio al interior de su vivienda, además de estremecimiento, nos lleva a la reflexión sobre las condiciones de seguridad que debemos tener en nuestras casas, que a veces descuidamos y que por un asunto menor, pueden derivar en tragedias como la que hemos visto en el fraccionamiento Villas de Nuestra Señora de la Asunción.

Las investigaciones sobre el caso, de acuerdo a las autoridades, apuntan a dos vertientes, la primera de ellas: el manejo de pólvora al interior de la vivienda, quizás producto de su comercialización. Es un hecho que el uso de este tipo de material explosivo es sumamente delicado y a pesar de los esfuerzos no ha podido regularse, mucho menos prohibirse su almacenamiento en casas habitación.

Hemos sido testigos de los incidentes catastróficos que tanto en comercios como en hogares se han presentado en otras entidades y que tristemente se llevan la vida de decenas de personas, muchas de ellas niños y jóvenes. Familias enteras dependen de esta actividad y tras un descuido lo pierden todo, quebrantando su economía y su modo de subsistencia.

Volviendo al incendio de Villas, la segunda vertiente de la investigación apunta a un corto circuito justamente en la habitación donde dormían los infantes, lo cual pudo darse por varios motivos, quizás una mala instalación eléctrica, o una variación de voltaje, una inadecuada conexión de aparatos o una saturación en los enchufes.

Lo anterior debiera hacernos recapacitar. A cuántos de nosotros se nos hace fácil conectar más de dos o tres electrodomésticos en un mismo lugar y sin reparar si lo estamos haciendo correctamente. La utilización de aparatos eléctricos en el baño, casi sobre el lavabo o cerca de la tina, por ejemplo. O cuando nos sentimos expertos eléctricos y tratamos de reparar algún desperfecto de nuestra instalación.

La conclusión a la que lleven las investigaciones no traerá a la vida al adolescente que lamentablemente falleció, ni remediará las condiciones en las que estos niños queden, más cuando casi el cien por ciento de su masa corporal ha sufrido quemaduras tan graves.

La vida de una persona que sobrevive de un incendio es muy dura, así lo narran quienes están en esta condición o tienen un familiar con quemaduras, las historias de sus vidas cambian el rumbo, muchos de ellos con alguna discapacidad y además enfrentando todos los días el rechazo de gente sin escrúpulos, lo más lamentable es que los primeros en ser verdugos son precisamente los propios niños.

A lo anterior habrá que agregar los cuidados médicos que por un buen tiempo deben tomar y los costos altísimos que este tipo de tratamientos implican para salir adelante.

No nos queda más que hacer votos para que las autoridades sigan sumando esfuerzos y continúen apoyando a los papás de estos niños para enfrentar lo que venga en el futuro.

Hagamos de nuestra vivienda un espacio de convivencia segura, incluso establezcamos medidas anticipadas para enfrentar alguna situación de emergencia. No estamos exentos, la prevención sin duda es y será nuestra mayor protección.

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Leticia Medina

Leticia Medina

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