Opinión

Acoso callejero, atracción sexual y cortejo / Piel curtida

Hace poco vi la publicación de un hombre que se manifestaba muy preocupado por la reciente tipificación del acoso callejero como falta administrativa en Aguascalientes, pues decía que los varones ya no podrían ver a las mujeres ni por error. Pensé en qué tipo de miradas lanzaba ese sujeto, si lo haría como hobby y en su aparente miedo a ser denunciado. Sin embargo, vale la pena considerar que nuestra sociedad está inmersa en una serie de ideas y construcciones en torno al “cortejo”, a los hombres, las mujeres, al cuerpo, la sexualidad… por lo que, además de haberse logrado la tipificación de este tipo de violencia, es necesario buscar acciones de concientización para prevenir la incidencia de esta práctica entre las generaciones más jóvenes e ir esbozando apuntes para evitar controversias que puedan ser utilizadas.

Tipificar el acoso callejero no representa un atentado al folclor del albur mexicano que se gesta como una forma de defensa, humor negro y hasta de sobrevivencia ante diversos juegos de poder en el día a día; tampoco está contra el juego de palabras, a manera de poesía erótica popular, que se acuerda entre parejas. El acoso no es un recurso ingenioso de reacción ni excitación, es una práctica que va directamente contra la integridad, seguridad e intimidad de una tercera persona, pues se le desnuda con la mirada, se le toca sin permiso, se le persigue, se le priva de la libertad o hasta se le viola, asumiendo a la víctima como un objeto de deseo que se evalúa o toma, de burla o incluso de domesticación, por ejemplo, cuando el acoso se escuda en la moralidad al argumentar que la persona agredida buscaba aprobación expresa al llevar puesto cierto tipo de ropa.

Los escotes, pantalones cortos, faldas y transparencias han sido considerados por una parte de la población como elementos que buscan provocar, en vez de estilizar, además de que se han publicitado en su mayoría desde la mirada masculina. Sin embargo, algunos hombres, con cierto tipo de cuerpo y elementos de virilidad de su momento, pueden llegar a usar escotes pronunciados, shorts muy cortos, ropa ajustada o incluso mostrar el torso desnudo, y no tendrán la fila de chiflidos, expresiones sexuales gráficas, ni serán perseguidos; a menos de que sean considerados por otros varones como femeninos y, entonces, experimentarán también este tipo de vejaciones.

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El tema es un asunto de relaciones de poder donde el acosador se encuentra en un contexto en el cual se reconoce como superior: hombres acosando mujeres, a personas de la disidencia sexual y a otros hombres que consideran que no cumplen con ciertos estándares de masculinidad; y sí, en muy, muy pocos casos, mujeres quienes asumen una posición sobre otras u otros. Es así que la tipificación de esta práctica violenta representa un cambio en dicho escenario, toda vez que los cuerpos de policía, ministerio público y demás funcionarios públicos actúen de manera correcta y sensible ante esta problemática.

Por otra parte, está la polémica en torno al cortejo. El cuerpo de los seres humanos ha evolucionado con características físicas sexuales que dan cuenta de su adaptabilidad biológica para el placer más allá de la reproducción, pero esto no significa que el deseo sexual deba ser satisfecho sin ton ni son, pues también se tiene la capacidad de raciocinio y para vivir en sociedad. La atracción sexual es algo inherente en los animales, como los humanos, pero como seres racionales se busca la seguridad, armonía, libertad y el respeto a las y los demás. Es distinta la mirada que contempla a otro ser humano de su agrado a la que no considera la extrañeza, incomodidad o miedo de su objeto de contemplación. Una cosa es el sorpresivo encuentro con lo cautivador, a quien se le puede pedir anuencia para iniciar una conversación, y otra muy distinta la intimidación, la burla, la persecución, la violencia.

Al igual que diferentes problemáticas socioculturales, el acoso callejero es un fenómeno complejo, por ejemplo: de acuerdo a un estudio, más del 80 por ciento de las mujeres en Aguascalientes ha sido acosado en la vía pública, la edad promedio del primer episodio de este tipo se ha registrado a los 14 años, aunque también se han identificado casos antes de los 10, mientras que más de la mitad de los acosadores superan los 30 años de edad y el 32 por ciento rebasaba los 40 años; por lo que además de observar un ambiente que ha normalizado esta práctica es necesario reconocer el poder ejercido por los agresores en un contexto de pedofilia que se escuda en la palabra aparentemente “inofensiva”, en el mito de la mujer quien por naturaleza invita al pecado.

La tipificación del acoso callejero, impulsar la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres, no son un atentado al romance, a la conformación de parejas y familias, es abonar al establecimiento de relaciones más sanas y equilibradas entre pares que puedan reconocerse con el mismo valor y dignidad. El sexo por convicción, consensuado, consciente de las terminales nerviosas de su cuerpo y el sentido de la pasión nos diferencia de los animales… y el acoso callejero es un atentado a tan sublimes placeres que nos ha brindado el raciocinio.

 

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Juan Luis Montoya Acevez

Juan Luis Montoya Acevez

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