Opinión

El arte, cultura y deporte como responsabilidad del gobierno / Política For Dummies

La política busca resolver los conflictos vigilando el bien común y logrando la integración social. El fracaso de la política son aquellas acciones que no buscan el bien común, que no resuelven conflictos o que desintegran a la sociedad. Ejemplos podemos ver muchos con el gobierno de Enrique Peña Nieto y Donald Trump. Pero sobre la integración social, la política tiene algunas herramientas fundamentales para constituir una sociedad sólida que pueda vencer la tentación de la intolerancia, desinformación, el miedo, la violencia, las drogas o los conflictos: el arte, la cultura y el deporte.

El gobierno tiene que invertir en arte, en cultura y en deporte porque son herramientas fundamentales para la integración social y para el multicitado tejido social. Es responsabilidad del gobierno que la ciudad se invada de arte, de deporte y de cultura, los modos de cómo hacerlo deben ser los que se deben proteger y cuidar, pero partimos del hecho de que es responsabilidad del gobierno hacerlo.

Están obligados a invertir en contenidos de calidad que en realidad impacten en la vida de la ciudad y de los ciudadanos.

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Se debe invertir en un programa de arte público que incentive el talento de los jóvenes de una ciudad pero que además se convierta en los símbolos de la región, símbolos artísticos y bellos que engalanen a la ciudad, que sean atractivos visualmente y que sean un motivo de orgullo. Lo que permitirá una identificación con la ciudad, que tendrá como consecuencia la defensa de la ciudad y una idea básica: no dañar la ciudad. Ese sentimiento, bien impregnado en los ciudadanos es un sentimiento clave que permite no solo no grafitear, sino ser un buen ciudadano, pagar impuestos, respetar la calle y caminar la ciudad, quererla.

Estos programas de arte público donde se establecen de manera permanente monumentos y esculturas también tienen impactos económicos y sociales positivos, como caminar la ciudad para conocer el nuevo café y que se permita impulsar la economía local o caminar la ciudad en la noche porque hay un nuevo monumento y reduce la inseguridad. Invertir en arte público es una medida positiva. El modo y las formas deben ser vigilados, se debe pugnar por artistas locales, por una convocatoria abierta que incentive el talento local y joven y con cifras transparentes, aunque la tarea es titánica y compleja: ponerle números a algo abstracto como el arte.

Algo tiene que quedar claro, se deben prohibir monumentos que no expliquen la ciudad, los monumentos deben explicarse con y para la ciudad, con sus artistas, con sus ciudadanos. Por ejemplo, en Tonalá, Jalisco, cuna nacional de la alfarería no hay programas de arte público que identifique a los tonaltecas o que incentive caminar sus calles. Estos programas deben ser transparentes, plurales, claros y sobre todo, bellos. No es arte público la Suavicrema en la Ciudad de México o los Arcos de Milenio en Guadalajara, esos son monumentos a la corrupción que pudieron haber significado programas de arte público dignos de la grandeza de sus ciudades.

Invertir en cultura es fundamental, invertir en incentivar la poesía de los ciudadanos, llevar poesía a las calles, a las decisiones cotidianas, a los estudiantes, a los niños, es sensibilizarlos de un mundo alterno al propio, de un mundo alterno al mundo egoísta, eso provoca la literatura, más niños que lean o sepan quién es Sancho para entender el valor de la amistad y la lealtad, jóvenes que lean a Sabines para entender un poco de amor y no banalizarlo. La literatura y la música pueden activar esas sensaciones y acciones positivas en la ciudadanía. Llevar la música a las calles, descubrir la belleza en las obras de arte nos hace más humanos y menos insensibles ante nuestra realidad.

Promover programas culturales que signifiquen jornadas anuales de obras de teatro callejero, títeres, dibujo, poesía, literatura, festivales musicales con el talento local busca en realidad hacernos más humanos y construir una sociedad que se integre por la cultura a pesar de sus diferencias.

Invertir en el deporte va en el mismo sentido que en la cultura, el deporte no solo activa la competencia sana, sino que alimenta las características sociales de un ser humano, el trabajo en equipo, la reciprocidad y solidaridad, el deporte humaniza. Bien entendidas, estas inversiones cambian la vida de los ciudadanos, inversión en Unidades deportivas de alto nivel, en programas de academia deportiva o en becas a los destacados.

Invertir en deporte no es dar facilidades a una empresa para hacer negocio con un equipo de futbol profesional, de beisbol o basquetbol, que tiene unos fines turísticos y de gran escala. Una inversión exitosa en deporte es en invertir en traer a los mejores entrenadores de basquetbol a un programa para los niños de la ciudad, o programar cursos de verano de calidad en béisbol, en box, en gimnasia.

Con estas tres inversiones no nos debería sorprender más Isaac Hernández, quien tiene en su padre al Director de la Escuela de Ballet en Tlajomulco, Jalisco. O tener más beisbolistas como Adrián González si se promueven programas de calidad como la Academia CONADE a nivel federal, o más González Iñarritu, Cuarón o Alondra de la Parra; necesitamos llevar esos nombres y sus obras a la calle, esa es obligación del gobierno.

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Carlos Aguirre

Carlos Aguirre

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