OpiniónSociedad y Justicia

Biodiversidad: Hormigas

 

Por Israel Rodríguez Elizalde y Diana Alvarado

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Mientras viajas en la combi o en el camión poco antes de que comience el verano, seguro notas que los terrenos alrededor de la ciudad o los terrenos baldíos en su interior muestran una apariencia muy poco llamativa: colores ocre, ramas secas y esas odiosas “espinitas” que se pegan en la ropa. Cuando las lluvias al fin se dignan en llegar, habrás visto como todo rápidamente da un giro: los campos reverdecen, hay más animalillos moviéndose entre la hierba y las hormigas comienzan a volar. Si esto te sorprende, tal vez es momento de que empieces a observar mejor tus alrededores.

Ojo, no estoy diciendo que todas las hormigas comiencen a volar, sino que grupos muy peculiares de ellas lo hacen ¿cómo funciona esto? Pues bien, empecemos explicando el origen de un hormiguero. Toda colonia (así se le llama a la gran familia de hormigas que habita un hormiguero) está organizada en divisiones de individuos (castas), encargadas de diferentes funciones. Todas comienzan con una sola hormiga: una reina fertilizada. Esta reina comienza a poner huevos, de donde salen las primeras oleadas de trabajadoras. Estas hormigas son la fuerza que mueve a la colonia y se subdividen en múltiples castas, encargadas de patrullar, encontrar alimento, defender y reparar el hormiguero.

Estos animales son eusociales, es decir, tienen sociedades organizadas de tal manera que todos los individuos trabajan por el bienestar del grupo y se dividen las tareas de forma tan extrema que miembros de algunas castas no se reproducen jamás y se dedican a otras funciones importantes para la salud del grupo. La reina no es una especie de cerebro que da órdenes a su colonia, sino que ésta última ejerce sus funciones comunicándose a través de señales químicas que avisan sobre la ubicación de alimento, secciones que fueron destruidas, intrusos o cambios del ambiente. Sin embargo, la reina no es una simple máquina que pone huevos. En sus patas cae la responsabilidad de regular la generación de nuevas colonias, produciendo nuevas hormigas reina y machos. Este grupo de hormigas no desempeña ninguna labor adicional en la colonia, sólo esperan el momento ideal para salir y reproducirse. Toda la colonia trabaja para que ellos y su madre sobrevivan a cualquier costo.

Si lo pensamos por un momento, sería poco conveniente que las nuevas reinas decidieran instalar su propia colonia justo al lado de la colonia de su madre. Esto limitaría la cantidad de alimento que podrían obtener y qué tan rápido acabarían con los recursos de la zona, generando rivalidades dignas de telenovela. Por otro lado, caminar lo suficientemente lejos para establecerse en una zona que no compita por recursos con la colonia madre implicaría gastar mucha energía y exponerse depredadores. Es por ello que esta casta reproductiva nace con alas, lo cual facilita su movilidad y, por tanto, la dispersión de las colonias a otras áreas.

Por si esto fuera poco, la cosa se pone más complicada. No resultaría muy bueno que las nuevas reinas se aparearan con los machos de su misma colonia (recordemos, todos son hijos/hijas de la misma madre), ya que su material genético sería muy similar. A la naturaleza le gusta la variación, así que ahí entra de nuevo un interesante mecanismo. Cuando la época de lluvias llega (qué mejor momento para encontrar a tu amor platónico y empezar un nuevo hogar que cuando los campos reverdecen), la casta reproductiva emprende el vuelo ¿Recuerdas las señales químicas que mencioné antes? Pues bien, los machos alados empiezan a secretar compuestos que, cual comercial de desodorante, atraen a las reinas recién salidas del hormiguero. Entre más machos se congregan, más fuerte es la señal química que emiten, atrayendo a reinas de múltiples colonias. Las reinas buscan entre todo el enjambre a los mejores machos, mientras resisten los embates de aquellos que no son considerados tan buenos prospectos. Todos los machos hacen su mejor esfuerzo por aparearse con alguna reina y luego perecen. Triste final para nuestros galanes de verano.

Pero para las nuevas reinas esto apenas comienza. Una vez que logran aparearse con algunos machos, se dirigen hacia tierra para establecer una nueva colonia. Muchas de estas nuevas colonias estarán condenadas al fracaso: insuficiente alimento en las cercanías, algún depredador que destruya demasiado del hormiguero, inundaciones, incendios, etcétera, todos son factores que pueden acabar muy pronto con la nueva población de hormigas. Sin embargo, son tantas las nuevas colonias que se forman durante este frenesí de apareamiento, que poco importa si su tasa de éxito es baja, alguna de ellas prosperará y formará un nuevo grupo de estos bellos (aunque a veces molestos) vecinos. La próxima vez que las primeras lluvias lleguen presta más atención a tus alrededores, tal vez seas afortunado y te toque ver a algún miembro de la nobleza hexápoda instalarse en tu patio. No olvides hacer una solemne reverencia, después de todo, una reina puede vivir hasta 20 años, no querrás faltarle al respeto a su majestad.


UNA MONARQUÍA QUE FUNCIONA

Por Ramiro Eduardo Rea

“Durante la época de reproducción de las hormigas, las hembras y los machos alados salen de las colonias para aparearse, los machos mueren inmediatamente después del apareamiento y las hembras se cortan las alas para comenzar a excavar y poner huevos, de esta forma nace una nueva colonia.”

¿Cuántas veces no nos hemos topado en nuestra vida con hormigas? Son organismos que encontramos tan cotidianamente que les prestamos la mínima atención. Es un fenómeno muy común, la fascinación viene normalmente de lo desconocido y es allí donde reside esa falta de interés ante nuestro ambiente inmediato, de creer que conocemos todo por el simple hecho de existir.

Si fuéramos más observadores, nos daríamos cuenta de la gran cantidad de detalles que estamos dejando pasar, empezando con la increíble diversidad de estos pequeños animalitos. ¿Cuántas hormigas conoces? ¿La hormiga roja, la hormiga negra y los pequeños asqueles? Pues déjame contarte, mi estimado lector, que existen más de 13,000 especies conocidas de hormigas, y seguramente rondando por los más inhóspitos rincones de nuestro planeta existen miles más esperando a que algún curioso científico se las encuentre y las dé a conocer al mundo. Son organismos tan exitosos que han logrado dominar prácticamente todos los ambientes, desde las selvas tropicales hasta los más áridos desiertos, de norte a sur y se han adaptado tan bien a la vida con nosotros que incluso las tenemos como inquilinas en nuestros hogares. A ellas no les molesta compartir espacio.

Para bien o para mal, todos no hemos topado con un hormiguero, miles y miles de hormigas trabajando por un bien común: La supervivencia. Todas ellas provienen de una “Hormiga madre” mejor conocida como “Hormiga reina”. Las hormigas son insectos sociales, y como tales están divididos en castas muy particulares que desempeñan tareas específicas. La función de la hormiga reina es procrear y nutrir a la colonia con nuevos individuos: las hormigas obreras, que son hembras estériles encargadas de conseguir alimento y cuidar a las larvas, y las hormigas soldado, que son machos estériles más grandes cuya función es principalmente defender a la colonia. ¿Te suena conocido? Es una organización muy similar a la de las abejas.

Las primeras lluvias son la señal para que las nuevas reinas salgan de sus colonias madre y emprendan el vuelo (así es, las hormigas reina nacen con alas), junto con las hembras también salen los machos alados, mismos que se congregan en grandes grupos para atraer a las hembras despidiendo una serie de sustancias químicas conocidas como “feromonas”. Cuando llegan las chicas ocurre el apareamiento, ahí acaba la función del macho y su vida termina, mientras que para la hembra el trabajo apenas empieza. Una vez que la hembra es fecundada se corta sus alas y comienza a buscar un sitio en dónde iniciar su nueva colonia. Selecciona el lugar más adecuado y comienza a excavar y poner huevos. Las primeras hormigas de la nueva colonia son pequeñas y débiles, sin embargo, se encargan de cumplir con todas las tareas que el mantenimiento del hormiguero exige, como buscar alimento, expandir los túneles que conforman a la colonia y cuidar de los huevos y larvas. Una verdadera Odisea, que ahora relaciono cuando escucho que llueve o con el olor a tierra mojada.

Hay un sinfín de formas de vida que han adoptado estos increíbles insectos. Las hay que viven bajo tierra y se alimentan de semillas o de otros insectos, las hay asociadas a plantas que les brindan protección y alimento, y también algunas que cultivan hongos para poder nutrirse, existen especies incluso que “ordeñan” a otros insectos para obtener miel y demás productos nutritivos. Pero algo tienen todas en común, son el vivo ejemplo de que la unión hace la fuerza. Quizás ya no puedan volar más, pero la vida social les ha permitido colonizar hasta los más recónditos rincones de nuestro planeta. Ciertamente para estos animalitos el costo del progreso bajo tierra fue la renuncia al cielo.

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La Jornada Aguascalientes

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