Opinión

Declaración de Principios / El banquete de los pordioseros

 

Nada te pertenece en propiedad más que tus sueños

Nietzsche

 

Yo creo que escribo, esta columna que amablemente me permites compartir contigo, entre otras cosas más por dos razones, una porque de alguna manera me considero un músico frustrado y otra, quizás la más importante, simplemente porque quiero.

Lo cierto es que siempre me acompaña el deseo de haber sido un gran concertista de piano y con frecuencia suelo imaginarme en alguna de esas salas de concierto como la Royal Concertgebouw de Amsterdam -la Real Sala de Conciertos, significa en español-, o en la Gewandhaus de Leipzig, -su significado es caja de pañuelos y se llama así por la semejanza de este edificio con ese artículo-, o en la legendaria Barbican Hall o en la Royal Festival Hall, ambas de la ciudad de Londres, o incluso tocando con la Sinfónica de la BBC de esta misma ciudad en los famosos Proms que cada verano se realizan en el Royal Albert Hall, sin duda el sueño de cualquier músico. Por supuesto, también me he imaginado en la célebre Philharmonie, casa de la Filarmónica de Berlín o en la Musikverein, posiblemente la sala de conciertos más bella del mundo tocando con la Filarmónica de Viena que reside en esta impresionante sala. También me he imaginado como un virtuosos recitalista ofreciendo conciertos en el Carnegie Hall de Nueva York, todos estos lugares míticos y legendarios en el inmenso escenario de la gran música de concierto.

Me gusta imaginarme interpretando todo ese generoso e inagotable repertorio que nos han regalado los grandes maestros de la música, ya sabes, los conciertos de Prokofiev, los cuatro de Rachmaninov, especialmente el tercero que es mi favorito, además de su increíble Rapsodia sobre un tema de Paganini. Las cinco catedrales de Beethoven y otras joyitas del piano concertante: Bartok, Tchaikovsky, Chopin, Liszt, Brahms, Schumann, Ricardo Castro, Ponce, Alberto Ginastera, en fin, todos esos grandes monumentos, ya sea del piano concertante o del piano solo, no sabes cómo he disfrutado imaginándome sentado al piano, un hermoso Steinway, interpretando Cuadros de una exposición de Modest Mussorgsky en su versión original para piano solo mientras escucho una grabación de esta obra interpretada por el maestro Vladimir Ashkenazy.

No me cuesta trabajo imaginarme como un gran compositor o director de orquesta, o ambas cosas abordando el repertorio de esos grandes titanes del sinfonismo universal: Beethoven, Dvorak, Mahler, Bruckner, Schubert…etc.

A veces uno se pregunta por qué hacemos lo que hacemos y no lo que en realidad nos gustaría hacer, bueno, tu sabes, en el caso de la música a veces puede ser demasiado tarde.

Te confiaré algo, realmente amo lo que hago, los medios de comunicación, escribir en este diario, hacer radio y televisión, es algo que me apasiona, me hace sentir completo, es más, no me concibo haciendo otra cosa, me atrevo a asegurar que hacer esto es mi naturaleza, me apasiona tanto casi como la ilusión de haber sido músico. De niño estudié guitarra y unos años más tarde lo intenté con el piano, pero tú sabes, hay un abismo de diferencia entre estudiar y tocar, eso sí, estudiar me sirvió para conocer, entender y amar más la música.

Escribo lo que amablemente estás leyendo mientras veo a las 12:00 del mediodía, hoy domingo 6 de agosto en TV UNAM, el concierto de la Orquesta de Minería. Esta sala, seguramente la mejor de América Latina, es la sede de la Filarmónica de la UNAM, pero como cada verano, la sala la ocupa la Sinfónica de Minería, una orquesta integrada por músicos de todas las orquesta del país aprovechando que todas están de vacaciones en estos meses estivales.

Lo que la Orquesta de Minería está tocando es un muy atractivo programa ruso compuesto por la obertura Ruslan y LUdmila de Glinka, la Rapsodia sobre un tema de Paganini de Rachmaninov con la participación de la maestra Natasha Paretsky como solista al piano, y la Suite Sheherazade, Op. 35 de Rimsky-Korsakov, el director, huésped en este caso, es el maestro Aram Demirjian. Los apuntes previos al concierto los está dando el maestro Carlos Miguel Prieto, titular de la orquesta. Escucho hablar al maestro Prieto acera de este programa y pienso en lo afortunado que es, la convicción y pasión que imprime al referirse al repertorio que se va a interpretar es estimulante. Después veo al maestro Demirjian dirigir con apasionada elocuencia ese repertorio ruso y a la maestra Paretsky tocar el piano con la misma naturalidad con la que yo respiro y no puedo evitar pensar en lo afortunados que son al hablarse de tú con la gran música de concierto.

Es entonces cuando surge el impulso de escribir lo que ahora amablemente estás leyendo. ¿Sabes?, lo dejo así, como salió, sin correcciones, si acaso borrar los errores de dedo, pero nada más, sin maquillar, como salió de un primer impulso.

Me pregunto si siento el impulso de escribir porque no puedo dirigir una orquesta como lo hace Sir Simon Rattle, uno de mis favoritos, ni puedo tocar el piano como Daniel Barenboim, no puedo dejar de preguntarme si el impulso de escribir o de hablar de música, de hacer radio y televisión es por el hecho de no haber sido músico, o será que esa es mi función, simplemente estoy desempeñando el papel que debo desempeñar. De lo que sí estoy absolutamente seguro es que amo lo que hago, esa es mi razón de ser en los medios de comunicación: apoyar, difundir, promover en general el arte, de manera particular la buena música, finalmente me declaro, sin mayor pretensión, el más humilde servidor de su majestad la música.

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Rodolfo Popoca Perches

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