Opinión

Dunkerque: la lucha contra el enemigo invisible / Alegorías Cotidianas

 

Antes de hablar sobre la última película de Christopher Nolan, hagamos una pausa histórica sobre un episodio de la Segunda Guerra Mundial.

Dunkerque es una ciudad marítima situada al norte de Francia, a 10 km de Bélgica, además de ser la parte más estrecha del Canal de la Mancha entre Francia e Inglaterra. L’arbre, Marseille y Dunkerque son los tres principales puertos comerciales así como los más grandes de las tierras galas.

En 1940 Dunkerque fue escenario de la evacuación del batallón Inglés que luchaba hombro con hombro con la Alianza contra el III Reich.

Los alemanes habían tomado ya los Países Bajos y Bélgica, el ejército francés no puede hacer nada y se replegó junto con el Inglés en Dunkerque. El enemigo de la Alianza Wehrmacht les dio tres días de gracia para que pudieran establecer una línea defensiva. Para ese momento Dunkerque estaba completamente destruida y la idea de entrar por el litoral Dunkerquoi así como la “Orden de Alto” fue de las fuerzas alemanas por lo que, Hitler se trasladó a esa batalla para consolidar otra estrategia.

Al tiempo que el III Reich aplicaba la Orden de Alto, Churchill, primer ministro del Reino Unido, decidió evacuar a sus fuerzas para poder defender Inglaterra así, se estableció la Operación Dynamo donde más de 330 000 militantes de las fuerzas de la Alianza fueron rescatadas por la Marina y embarcaciones civiles. En está operación también fueron puestos a salvo franceses, holandeses, belgas y civiles.

Debido a las dunas y riscos de la costa Durkerquoi, Hitler decidió que el ataque debía ser aéreo, submarino y terrestre con el fin de asegurar la victoria.

El ejército francés cubrió los 9 días que duró la Operación Dynamo a la retaguardia de la armada Inglesa para así lograr que el 4 de junio de 1940 concluyera, con éxito la evacuación.

Fue así, como Christopher Nolan sitúa Dunkerque, su más reciente obra, en los últimos días de la evacuación de las fuerzas británicas de la Alianza. En Europa es muy común el encontrar a un civil que haya tenido un familiar que luchara por la libertad de las guerras mundiales, como americanos podemos pensar que la postguerra duró un lapso de tiempo solamente, mientras los países recobraron su economía y reconstruyeron sus ciudades sin embargo, en el corazón de sus habitantes algo se rompió y no volvió a ser lo mismo.

¿Por qué eligiría Nolan ese pasaje de la armada inglesa? No lo sabemos quizá alguien muy cercano a él lucho ahí y gracias a ello el día de hoy podemos conocer lo que fue esa gran operación de evacuación.

La costumbre de las películas hollywoodenses de guerra se caracterizan por tres cosas, mucha sangre, litros y litros que emanan casi como cascada de los heridos, miles de descuartizados y los sonidos de las metrallas al disparar más no de cómo estas se escuchan cuando dan en el blanco. Los diálogos son deprimentes y, detrás de todo el drama, siempre hay una familia o una damisela en espera del regreso del héroe.

El día de hoy nos sentamos en una sala de cine para apreciar una perspectiva distinta de la Segunda Guerra Mundial donde sobrevivir a la espera es lo único que lleva el hilo conductor de la narrativa hasta llegar al final.

Narrada con el efecto Rashomon (una acción filmada sobre diferentes puntos de vista de en distintos momentos de la película) transforma un defecto militar en una victoria humana.

Dentro del desarrollo de la trama jamás, jamás, vemos a un solo soldado de la milicia alemana, nunca aparece Wehrmacht, únicamente apreciamos el terror, la angustia y la esperanza de los soldados de la fuerza de la Alianza de querer ser rescatados.

Como espectadores, nos enfrentamos a una narrativa con pocos diálogos, llena de metáforas visuales y protagonizada por la música, todo ello aderezado por el gran formato IMAX. No sólo vemos la gran hazaña y el temor, sino que de verdad lo vivimos a gran escala.

La cámara, Nolan la somete a las situaciones más terribles e impensadas, al mostrarnos lo que sucede bajo el agua, en el aire y por tierra, tal como se vivió en 1940. Es como si los espectadores jugáramos también el rol de ser militares y vivir, al tiempo, las atrocidades de esa guerra. Nos situamos en una playa llena de hombres cansados y deseosos de volver a casa, de ver terminada la guerra, de vivir con frío y temor a no llegar a ser evacuados, ante la incertidumbre de los bombardeos aéreos y marítimos así como de los tiroteos. Al igual que los soldados tenemos un nudo en la garganta esperando a que cada una de las situaciones apocalípticas terminen para poder, en algún momento, respirar tranquilamente y sentirnos, junto con ellos, a salvo.

De una manera desincronizada de los hechos logra mostrarnos el director y guionista Christopher Nolan como la vida de los militares dependía de las maniobras de los pilotos británicos y de la valentía de los civiles quienes sin miedo alguno y con todo su amor a la Patria navegaron arriesgando su vida por las aguas del Canal de la Mancha para completar una maniobra militar, una hazaña que logró unir a una nación.

Sin embargo, pese a la perfección de Nolan, el ejército francés que permitió la evacuación de 330 000 miembros de la armada británica no fue reconocido abiertamente por lo que, algunos historiadores y herederos de dicha operación están en completo desacuerdo con el desarrollo de la trama donde se desdeña a sus aliados quienes combatieron para que lograran volver a su Patria.

Grabada en el mismo lugar donde pasaron los hechos con una fotografía impecable, además de idéntica a lo que se vivió, y hecha con casi 200 millones de dólares Christopher Nolan hace vibrar a los espectadores en las salas con una película de sobre vivencia donde la impresión de un aprieto mortal, asfixiante y terrible logra, una victoria, quizá hasta el Oscar.

 

Laus Deo

@paulanajber

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Paula Nájera

Paula Nájera

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