Opinión

Las que no pueden quedarse / Por mis ovarios, bohemias

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Mi prima se fue al gabacho en un intento por huir del pueblo, de las deudas y de la familia. Se fue de mojada. Cruzó el río Bravo montada en un burro jalado por el pollero. Tenía casi siete meses de embarazo y esa era la forma más segura, le dijeron, para cruzar al otro lado en su condición, mientras que su marido y otros se fueron por un túnel. De eso hace unos quince años. Ahora lo cuenta entre risas, una anécdota cómica que se convirtió en aventuras y desventuras, sacrificios, trabajos, más hijos, poco inglés, trámites para la residencia, un nuevo nacionalismo americano y todo el desprecio y encono mexicano hacia Trump.

Hace unos días, 10 migrantes murieron encerrados en una caja de tráiler en San Antonio, Texas. Fueron noticia en todo México. Uno de ellos era de Aguascalientes, igual que otras de las personas que sobrevivieron. Pronto, los alcaldes de Calvillo y El Llano, y hasta el gobernador, Martín Orozco Sandoval, salieron a externar condolencias y la solidaridad con sus coterráneos en boletines de prensa que más parecían promocionar el apoyo que “pusieron a disposición de los involucrados” con los flamantes programas estatales para migrantes. Ninguno dijo nada sobre el problema que se desencadena con la migración por la falta de oportunidades, de la pobreza, la injusticia social o las malas políticas públicas del gobierno.

En Aguascalientes casi puedo asegurar que todos tenemos un pariente que se fue a buscar el sueño americano. La migración ha sido por mucho tiempo una opción para salir de la pobreza y desesperanza. También ha sido un fenómeno que repercute en la cotidianidad de lo social, lo político, económico y cultural, que afecta en la estructura familiar, en cómo nos relacionamos y establecemos un estilo de vida o hasta una identidad. No solo la gente se hace de una casita o más bienes con las remesas, sino que adopta ideas, símbolos y expresiones de sus parientes embebidos de otra cultura.

En toda esta idea de la migración, del desplazamiento de un territorio a otro, ¿dónde encajan las mujeres?, ¿qué pasa con las que se quedan a hacerse cargo de los hijos y de la casa mientras el marido se va?, ¿qué con las que deciden irse? Participantes de una comunidad, a las mujeres se nos han impuesto diferentes condiciones de convivencia, desde la raza, la profesión, la preferencia sexual, nuestro estado civil, por lo que no vivimos la migración de la misma forma que los hombres. El impacto en los diferentes aspectos de la vida emocional, laboral o sexual nos orilla inevitablemente a la otra borda: la desventaja.

 

Me quedé pasmada cuando Mary me contó con la mayor naturalidad del mundo que para cruzar al otro lado se previno: un mes antes comenzó a tomar pastillas anticonceptivas, por aquello de que la violaran en el trayecto. No iba a quedar embarazada, tanto esfuerzo para llegar no podía arruinarse. Se cortó el cabello, se vistió como hombre y se subió en una camioneta que por 500 dólares en ese momento (no sé cuándo) la llevó por “la frontera chica” para cruzar por Tamaulipas. En EU no encontró trabajo, la prostitución regenteada le dio de comer por dos años hasta que la migra la deportó. De regreso, aquí en Aguascalientes tuvo que seguir ejerciendo el trabajo sexual por su cuenta, su familia la despreció por haberse ido, no encontró empleo o eran muy mal pagados y no tenía dinero para intentar cruzar de nuevo.

Las mujeres han formado parte activa de la migración internacional desde el exterior o el interior del país. Las que se quedan aquí a esperar el dinero del esposo muchas veces tienen que dejar de hacerlo porque nunca llega ni lo primero ni el segundo y deben ponerse a trabajar. Solas, se enfrentan a una vida de carencias y penurias, pues, aunque el trabajo de las mujeres se considera emancipador y empoderador habríamos de tomar en cuenta otros factores en el proceso del patriarcado: mantienen y crían a hijos abandonados por sus padres, se enfrentan a los señalamientos de los vecinos y las familias, a la soledad y la pérdida de la esperanza a que regrese el amado y con él su vida sentimental y la estabilidad económica. Habrá otras que solucionen estas carencias afectivas o monetarias, pero eso casi siempre aumenta los señalamientos. Es tan común escuchar que cuando el marido regresa con unos pocos pesos y la clara intención de volver a EU, antes de irse le habrá hincado a la mujer otro hijo al talego de responsabilidades solitarias o, peor aún, una ETS o VIH.

De ser ellas las que se van, se enfrentan todavía a los eslabones más bajos de la cadena. Solas o cargando con todo y descendencia, mientras los varones obtienen empleos con la triple D (Dirty, Dangerous and Difficult Jobs [¿recuerdan a Fox y su racismo en eso de que los mexicanos hacemos trabajos en EU que otros no quieren?]), en la pisca, en el campo, en la industria de la construcción o del comercio, las mujeres obtienen ocupaciones “femeninas” en tarea domésticas, en la limpieza de fábricas o bodegas, de cuidadoras de enfermos, cocineras, camareras de hoteles o trabajadoras sexuales.

Si la migración internacional ha ocupado un lugar marginal en las políticas públicas (como las que ofrece el gobierno estatal con programas de la Sedesol y Segob, el 3×1 para Migrantes o el Fondo Federal de Apoyo a Migrantes de la Sebideso), las mujeres migrantes han recibido menos atención. No se toma en cuenta los peligros en los viajes, los ataques sexuales, las desapariciones, el riesgo de convertirse en víctimas de trata o de esclavitud encubierta.

La violencia cultural, económica, institucional y familiar que sufren las coloca en un estado de indefensión como consecuencia de la migración propia o del esposo a consecuencia, por lo general, de la búsqueda de mejores condiciones de vida, o la inseguridad y violencia de la región.

En el contexto social, con muro fronterizo o sin él, el derecho a la migración permitirá que las personas se desplacen constantemente, pero es obligación del Estado observar también con perspectiva de género las experiencias de hombres y mujeres que migran, sus diferentes razones, e influir en las disposiciones que ayuden a las mujeres en tránsito, a las que se van o se quedan.  Aguascalientes ya no es el lugar seguro que era y menos para el o la migrante que viene de paso, para los que llegaron y se tuvieron que quedar aquí, incluso en el tránsito intermunicipal, en ese desplazamiento diario de la capital y los municipios, las mujeres no tenemos garantizada la seguridad. La ayuda para migrantes en retorno que ofrece el gobierno no prevé que las políticas migratorias de Trump han regresado en masa a personas que, por el cambio cultural o de estilo de vida, han roto los lazos familiares después de muchos años lejos y con esto aumenta la violencia que mina los derechos de las mujeres. No hay políticas públicas ni medidas sociales que ayuden a las mujeres abandonadas por el esposo migrante a paliar no sólo el aspecto económico, sino mental y emocional, porque desde raíz tampoco no hay acceso a oportunidades escolares o laborales en estos contextos.

El tema de la migración es tan amplio que abarca desde la fuga de cerebros por estas mismas carencias de oportunidades, hasta quienes se van a otros países por el puro gusto de poder hacerlo. No vienen al caso cuando hablamos del grueso de la población desprotegida.

Propuestas, varias. La profesionalización en materia de migración con perspectiva de género del Instituto Nacional de Migración y de las Policías, incluso ahora con la tipificación del feminicidio como delito autónomo en el estado, sería clave para aminorar el impacto social en las mujeres, pieza fundamental en el desarrollo de la sociedad. La vigilancia en las deportaciones de niños y mujeres para evitar la discriminación, revictimización y garantizar la protección de estos hasta que lleguen a su lugar de origen. Y como siempre, las campañas de difusión para la prevención de la trata de personas y la promoción a la vida libre de violencias de las mujeres.

Ante el terrible incidente en el tráiler en Texas, fue evidente la urgencia con la que se crearon discursos en favor de los migrantes pero no se habló del desarrollo de políticas migratorias. Martín Orozco ofreció los programas del Servicio Nacional de Empleo Aguascalientes y la atención en la Oficina de Atención al Migrante y sus Familiares, hasta ahí. No se me olvida que para él los fuereños son menos que nada, lo demostró en sus declaraciones anteriores: no merecen ser partícipes de la educación y la salud que proporciona el estado. Fuera las normalistas de otros estados, fuera los enfermos que vienen a nuestro Hospital Hidalgo.

Incluso la creación de la Comisión Especial de Protección al Migrante del Ayuntamiento para que Aguascalientes sea declarada una ciudad santuario ha mostrado omisiones importantes. ¿O dónde están el IMMA y el IAM aportando a la discusión de este tema en materia de género? Aquí les dejo otro tip: en 2008, el IAM y la Coespo realizaron un estudio sobre el fenómeno migratorio como factor de violencia de género. Por ahí pueden empezar a actualizarlo e implementar estrategias.

Mientras, los asuntos migratorios se quedan en la anécdota, cómica o aventurera como la de mi prima, o desgarradora como la de María. Se quedan en el alboroto de Navidad cuando viene la parentela con dólares en la bolsa. Con sueños y bultos de ropa americana y más cifras de hombres, mujeres y niños migrantes muertos, desaparecidos, con el imaginario colectivo de creer que migrar es el dinero, el trabajo, el éxito que aquí no se tiene, que el hambre, el frío, la sed que mató a estos indocumentados, la migra, el peligro, pasa rápido como La Bestia, como nuestra admiración por Las Patronas, esas mujeres que también viven la migración y como las que nunca seremos.

 

@negramagallanes

 

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