Opinión

Una acción para acabar con la corrupción, desde tu casa / Política For Dummies

En general, las encuestas de percepción firman que los principales problemas de México son la inseguridad y el desempleo. Otros incluyen a la educación, algunos, por debajo de eso incluyen a la corrupción. Soy un convencido de que la corrupción es el principal problema, porque sin corrupción la calidad de seguridad pudiera garantizarse más, el empleo sería más digno y con sueldos igualitarios, la educación tendría infraestructura eficaz y maestros capacitados. La corrupción es el enemigo público de México, de los mexicanos, de nosotros mismos, de nuestras empresas, de nuestro negocio, de nuestro trabajo, a veces ni lo percibimos.

Sobre el caso de una red de lavado de dinero que menciona a Rafa Márquez, Diego Petersen escribió: “Lo que sí tiene esta ciudad, lo planteo como hipótesis, es una mayor tolerancia al narco y sus utilidades.” Así es como llegó el narco a Sinaloa y la mafia a Italia, gracias a la permisión de la sociedad, lo discutían Enrique Toussaint y Jorge Rocha en un programa de radio. De eso se trata, cuando hablo de que la corrupción es nuestro enemigo público, como sociedad no podemos permitir que el narcotráfico sea algo normal, no podemos permitir que ese enemigo público se infiltre en nuestra vida cotidiana.

Aunque siendo claros, la corrupción ya se nos infiltró. Cuando nos van a cortar la luz nuestro primer pensamiento es corromper al operador de la CFE para que no lo haga, cuando nos detiene un policía vial, pensamos en la mordida para librarnos de la multa, cuando tenemos que cumplir un requisito como las pláticas prematrimoniales en el DIF, pensamos en cómo hacerle para no recibirlas, en cómo hacer para no hacer fila, en cómo hacer para pagar menos por una multa. Muy pocos piensan en pagar la multa, quedarte sin luz por no pagarla, hacer fila, ir a las pláticas, la corrupción ya se infiltró.

Gabriel Zaid propone UN día Sin Mordidas para combatir la corrupción:

“Para el arranque en México, sería bueno empezar por un Día Sin Mordidas, anunciando profusamente la fecha, pidiendo la cooperación de los ciudadanos para que ese día excepcional no den mordida; y para fotografiar a quienes lo hagan y exhibirlos en el portal”

Sí, un día sin mordidas. Suena descabellado, porque no es como que cada uno de nosotros da mordidas todos los días, al menos eso creemos, pero todos los días se aparece frente a nosotros el fantasma seductor de la corrupción y sucumbimos, ante la piratería, ante pagar por entrar a un lugar prestigioso, ante meternos en la fila, ante cualquier cosa de la vida cotidiana que nos corrompe, nos sentimos seducidos.

Y es que las acciones corruptas tienen tanto éxito porque son racionales; esto quiere decir que es racional que los seres humanos busquen el mínimo esfuerzo, porque nadie en su sano juicio quiere cansarse, sufrir o hacer fila dos horas, la corrupción es seductora porque ofrece esa salida fácil, ese ahorrar tiempo, ese no cansarse, ese no ir a pagar la multa y no hacer fila. Además de jugar con la pereza, la corrupción también juega con la soberbia, la sensación de sentir que tú no te formaste, que tú no pagaste la multa, que tú tienes influencias o dinero y los demás no. Por eso es tan seductora y atractiva la corrupción.

Ser anticorrupto es apelar un poco a esa irracionalidad, a ese invertir más tiempo en la fila de una licencia, en la renovación de un permiso, en pagar una multa o en ir a pagar la luz con tiempo. En ser un ciudadano más responsable con el espacio público, en atender reuniones de colonos, organizar una estrategia de seguridad vecinal, de cultura vial en la colonia. La corrupción por ahí se radica.

Es bueno preguntarnos, como el alcoholismo o la drogadicción. ¿Cuántos días llevamos sin cometer un acto de corrupción? Si la respuesta es menos de diez días, seguro con frecuencia somos cómplices de estos actos de corrupción. Debemos tener ese pensamiento y esa visión de manera permanente en nuestros días, dejar al lado, el vicio de la corrupción, vencer la tentación y convertirnos en ciudadanos ejemplares.

Ese ejemplo de congruencia y de vergüenza cívica se aprende fácil. Hoy lo común es ser corrupto y el que no es corrupto es criticado y señalado como “santurrón o loco”, debemos invertir esa cifra. Empezando por nuestra casa, que sea mayoría quienes son anticorrupto para que el avergonzado sea el que comete actos de corrupción, lo mismo con nuestros amigos, hasta que el que da una mordida no lo esté contando como una anécdota cotidiana sino que le dé vergüenza y se radique la corrupción. En nuestra oficina, en nuestra escuela, cualquier tentación de corrupción debe ser señalada y presumir que no se cayó en actos de corrupción.

Eso sí es de presumir, mañana y pasado podemos salir a la calle y decir: hoy rechacé un acto de corrupción y llevo 64 días sobrio de ese vicio. Muchas veces escribo de utopía, hoy no es el caso.

 

@caguirrearias

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Carlos Aguirre

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