Opinión

El amor después del amor / Debate electoral

El día de hoy inicia formalmente el proceso electoral federal 2017-2018 por medio del cual las ciudadanas y los ciudadanos del país, nos habremos de manifestar en las urnas el próximo domingo 1 de julio de 2018 para renovar los poderes ejecutivo y legislativo de la nación.

Esta fecha es significativa y no es cosa menor: a partir de este momento se computarán los plazos y términos de las actividades que nos permitirán cumplir el objetivo de un procedimiento, que de suyo es complejo, y a la vez regulado de tal manera que, en términos muy electorales, la institución organizadora estará de manera permanente bajo el escrutinio público.

El punto de arranque es simbólico. Quienes hemos participado tras bambalinas en alguna elección sabemos que justo al día siguiente de finalizado el proceso, empieza desde ya el siguiente. Al día de hoy, la autoridad electoral nacional tiene ya afinada una hoja de ruta a la que habrá de dar seguimiento para que cada una de las etapas que lo conforman, se cumpla de la manera en que su experiencia acumulada de más de veinte años lo exige.

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Es probable que pase desapercibida la efeméride, cuestión natural si consideramos que la efervescencia del proceso generalmente se da cuando inicia la participación de los partidos políticos en la definición de candidatos y sobre todo en la contienda, entiéndase por ello específicamente en los periodos establecidos de precampañas y campañas electorales.

Es obvio, no es lo mismo llegar diez horas antes del juego al estadio para ver como los organizadores ponen las redes en la portería o marcan las líneas que delimitan el terreno de juego a llegar justo cuando se da el silbatazo inicial y comienzan las acciones del partido, los pases, tiros y goles. Hasta el día de hoy no he visto que la grada le dedique una porra al jardinero que dejó impecable el pasto del estadio, a quien le recibió el boleto en la entrada o al que conecta el micrófono que permitirá que se escuche al animador en el sonido local.

Dicho de otra manera, para muchos es de lo más natural llegar al restaurante y encontrar el lugar limpio y las mesas adornadas, listos para que el mesero tome la orden y así disfrutar de deliciosos platillos. Pocos se detendrán a pensar en quien limpió los baños o mantuvo limpio el local que ahora disfrutamos.

Estamos tan acostumbrados a que el domingo de elecciones acudamos a la casilla y veamos funcionarios responsables y capacitados, boletas impresas y material de oficina. Todo ello, si nos ponemos a pensar, requirió de una estructura enorme y a la vez fascinante, que se echa a andar en el acto simbólico de inicio que comentamos el día de hoy.

Serán 80 procesos de los que se derivan más de 150 subprocesos, integrados por 710 actividades las que conforman las elecciones que se antojan más difíciles en la historia política reciente, por tamaño, por costo, por lo que significan. Esta afirmación no es gratuita. La planeación hasta ahora ha sido impecable al grado de identificar cada actividad de manera conjunta con el área responsable. Nada se ha dejado al azar o a la improvisación. Y cuando nos toca hacer un símil del proceso electoral, lo mejor que se me ocurre es asemejarlo a organizar una boda: con una anticipación de más de un año, los novios han de organizar hasta el mínimo detalle de lo que esperan sea el evento de sus vidas.

Se enviarán invitaciones, se publicará el lugar donde será la ceremonia civil, la religiosa y la fiesta. Se encargará comida, se vestirá el salón, los cubiertos, el menú, las viandas, los vinos, el padrino y las damas. Conseguir el padre, ¡La novia! (por supuesto), el vestido y el smoking, pajes y demás invitados… todo esto en meses previos, de tal manera que el gran día, la fecha exacta en la hora precisa durante unas cuantas horas coincidan ánimos festivos y todo sea felicidad.

Claro que al terminar la fiesta, y me refiero a la electoral (aunque sigue teniendo validez la analogía), habrá de comenzar una etapa igual de importante que definirá uno de los aspectos de nuestra vida por los próximos años: el futuro después del futuro en la esfera pública (y el amor después del amor en la analogía).

En su momento vayamos a votar, entre otras razones igual de válidas, respetando el esfuerzo de miles de personas que harán todo cuanto está en sus manos para que ese domingo las casillas electorales se encuentren abiertas y dispuestas. Hagámoslo, pues, por nuestro futuro después del futuro como nación.

 

/LanderosIEE | @LanderosIEE

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Luis Fernando Landeros

Luis Fernando Landeros

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