Opinión

Cuando las realidades nos superan / Piel curtida

México, al igual que otras naciones, cuenta con un historial de sucesos que le han constreñido y confrontado a un escenario de descontento generalizado entre la población y en este mes, el llamado mes patrio, se presenta un ambiente de convulsión para la sociedad y es que, como me comentaba una amiga, la memoria colectiva ejerce presión y la detona.

Durante las últimas semanas se han fortalecido las dudas sobre la calidad de la infraestructura pública en las zonas afectadas por el sismo del 19 de septiembre; las mujeres han tomado las calles para reclamar la noche por la inseguridad a la que se enfrentan diariamente por la violencia feminicida; el aniversario de la desaparición forzada de estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa vuelve a presentar lo endeble del sistema gubernamental ante el abuso del poder; y aunque estos eventos puedan hacer eco sólo en ciertos grupos, el ambiente de zozobra y demanda se extiende a lo largo y ancho del país, ante lo cual es necesario, al menos tratar, de hacer algunos apuntes.

Nuestro país, al igual que otros tantos de los llamados en vías de desarrollo, se ha enfrentado a diferentes escenarios para los cuales no estaba preparado, como la globalización y la proliferación de las tecnologías de información y comunicación, presentando nuevas prácticas sociales que se transforman rápidamente; además de las asignaturas pendientes como el combate a la corrupción y la violencia machista, la consolidación de un Estado orientado por el pensamiento científico y el reconocimiento de derechos, así como la implementación de estrategias intersectoriales equitativas aceptando la desigualdad existente. Es así que se presenta la urgencia de reestructurar la idea del poder, lo cual requiere de un trabajo unificado de jurisprudencia y corresponsabilidad en el cual las instituciones educativas y la sociedad civil organizada necesitan coordinar esfuerzos, así como un proceso de alfabetización cívica.

En la teoría se dice que el Derecho es el máximo instrumento del poder, entendido socialmente y en su conjunto, para instrumentar mecanismos que regulen el actuar de la población y así permitir la función del Estado: impulsar el actuar colectivo y solidario para garantizar seguridad y oportunidades de desarrollo para la población. Sin embargo, las realidades de nuestro país ha sobrepasado por mucho a las normatividades federales y estatales, ya sea el capitalismo, el desarrollo tecnológico, las omisiones del propio Estado y la sociedad, nos encontramos en una época para la cual las leyes se encuentran obsoletas, lo cual es resultado de la falta de jurisprudencia y el ejercicio del poder legislativo en sus diferentes niveles desde una visión rutinaria; por lo cual no es de sorprender que la reciente Constitución de la Ciudad de México se plantee como un referente de proyección internacional que parece incomprensible o abrumadora para los sistemas del interior que se han quedado impávidos y estancados en el conformismo.

Por ejemplo, en Aguascalientes los Food Truck fueron obligados a establecerse en sitios fijos, por la falta de comprensión de un capitalismo dinámico; las plataformas como Uber y Airbnb parecen amedrentar a transportistas y hoteleros, mientras el Estado no comprende la forma de regular una aparente práctica laboral irregular que responde al afamado emprendimiento y desarrollo tecnológico; el femenino sale a las calles con más fuerza y muestra sus necesidades en lo público cuando sus voces no han llegado a las zonas más altas para la toma de decisiones; y el monopolio de la religiosidad sigue impidiendo la permeabilidad del pensamiento científico.

Sin embargo, también se debe aceptar una falta de corresponsabilidad social, pues las instituciones y el Estado no funcionan por sí mismas, sino a través de las personas que lo conforman. Por supuesto que los funcionarios e individuos en cargos de elección popular deben propugnar por mecanismos y ambientes que aseguren el correcto actuar de las diferentes instancias que regulan la vida pública y administran la justicia, pero también los ciudadanos deben asumir sus responsabilidades, como ejercer el voto, así como evitar acciones que afecten a los demás. La violencia, la discriminación y la corrupción germinan en entornos en los que la asignación de responsabilidades se muestra omisa, pero también existen acciones que, como ciudadanos, permitimos, abonando a la reproducción de dichas conductas negativas.

¿Cuántas veces no se vota por un diputado que asegura que brindará empleo y dinero a sus simpatizantes, cuando esto no forma parte de sus facultades?, ¿cuántos sabemos a qué instancias acudir para reportar algún problema de alumbrado, para defenderse ante un despido injustificado, o para qué sirve un amparo? No es hasta después de tocar miles de ventanillas, atendidas por personas igualmente inconformes que ofrecen en muchas ocasiones un servicio de mala gana y a regañadientes. Necesitamos una educación cívica integral que esté más allá del patriotismo disfrazado de civismo en las escuelas de nivel básico.

Las diversas realidades de nuestro país representan un apabullante reto que no será sorteado a menos de que el poder sea entendido como un mecanismo para la solidaridad y el desarrollo en equidad, en vez de un instrumento de recaudación y conservación de una clase que la democracia aún en ciernes afianzó en un sistema de recompensa material preponderante; por lo que la jurisprudencia debe hacerse patente para regular el lastre que se presenta como hartazgo para la ciudadanía, mientras que la educación debe reconocer los nuevos retos de una sociedad dinámica, que transmuta aceleradamente, para lo cual se requieren no sólo personas capaces de insertarse en el mundo laboral, sino también en la acción comunitaria para que, así, la sociedad civil organizada traspase los moldes de pocos grupos de personas que, conscientes de su papel, actúan día a día con la esperanza de transformar los cientos de escenarios que, ciertos días, parecen conmovernos.

 

@m_acevez | [email protected]

 

The Author

Juan Luis Montoya Acevez

Juan Luis Montoya Acevez

No Comment

¡Participa!