Opinión

Un día después del 19 / Cocina Política

Hoy es un día después. Ayer martes 19 de septiembre de 2017, un nuevo terremoto sacudió, no sólo a la Ciudad de México como hace 32 años, sino a varias entidades de la república. En Aguascalientes también se sintió, afortunadamente sin desgracias.

A la hora que asiento estas líneas la información no es clara. Hay confusión y mentiras que corren a través de los medios de comunicación actuales; particularmente por redes sociales. Se mencionan, además de la Ciudad de México, a Puebla y Colima entre los estados afectados; sin embargo ya comienza a hablarse de personas atrapadas en los escombros y de muertes.

Apenas el pasado 7 de septiembre, un sismo de 8.2 grados, seguido de unas 700 réplicas a la fecha, habían causado grandes daños materiales y humanos en Chiapas, Oaxaca y Tabasco.

Ayer se llevarían a cabo un sinnúmero de simulacros de evacuación en oficinas y edificios públicos de todo el país; cuando sobrevino el nuevo desastre: 7.1 grados de intensidad y una capacidad de daño enorme.

Este espacio es local, Usted, querida lectora, Usted, querido lector, lo sabe. En Aguascalientes, como nunca antes en su historia, tuvieron que ser desalojados tres edificios por la intensidad de 3.1 con que tembló: Torre Plaza Bosques, Plaza Cristal y varios de Ciudad Universitaria.

A través de los servicios de mensajería instantánea como WhatsApp y Messenger; de redes sociales como Facebook, de telefonía celular y fija; nos enteramos del estado físico de nuestros conocidos, amigos y familiares en las entidades aquejadas. Hasta este momento parece que no hubo entre las víctimas del sismo, afectados hidrocálidos.

Sí, este espacio es local, pero hoy mira dolido hacia cada rincón del país donde se derribaron tantos sueños y cayeron tantos paisanos.

Hoy Agüitas no puede ser ajeno al dolor que recorre nuestro querido México, tras de dos destructivos sismos, y sus réplicas que por lo visto rebasarán el millar.

El ánimo en calles, habitaciones, centros de trabajo e industria es de un callado sentimiento de tristeza; de preocupación por lo que aún falta, de temor porque sin ser el nuestro un territorio sísmico todo puede ocurrir.

La gente buena de Aguascalientes recorre sus ojos por el territorio nacional, orando; compartiendo solidariamente la desesperación que inunda a muchas y muchos de los nuestros. Hasta el menos espiritual eleva sus ojos para mirar el cielo azul intenso que nos cobija y sin verbalizarlo suplica que pare ya el cruel castigo.

Imágenes que conmueven nos dejan pasmados; aun con el consuelo que Aguascalientes no tiene condiciones para la catástrofe, o quizá con el alivio de vivir en “un paraíso”; frase que pronunciamos una y otra vez en la última semana exorcizando el maleficio.

Este espacio se propone, dejar constancia del día a día en Agüitas. Contribuir con datos de la cotidianeidad a la crónica de esta tierra, por ello, lo que hoy puede narrarse es la aterrorizada mirada colectiva; el fervor religioso; la fraterna cooperación y hasta el culpable alivio con que los habitantes de aquí, contemplamos lo inevitable.

Hoy, un día después sólo quisiéramos tener la certeza que ya terminaron las escenas de horror; no sólo las causadas por la naturaleza sino las generadas tras décadas del azote de la narco-delincuencia.

Hoy un día después, los aguascalentenses afirmaremos como nunca “estamos en el paraíso”, mientras muy adentro nos guardamos el temor de que algún día deje de serlo. En tanto, hoy es un día que compartimos el amargo trago, del cáliz en los labios de nuestra nación.

 

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Socorro Ramírez

Socorro Ramírez

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