Opinión

Orquesta Sinfónica de Aguascalientes: ¡¡¡Viva México!!!

Estoy absolutamente convencido del poder transformador del arte en general y de la música de manera particular, no tengo la menor duda de que si asistimos a un concierto no somos los mismos al entrar que al salir de la sala, algo se transformó en nuestro interior para mejorar, estoy seguro que la música saca lo  mejor de cada uno de nosotros y nos hace mejores personas, lo he comentado ya anteriormente en este mismos espacio y esa seguridad la tengo perfectamente entendida.

Eso exactamente es lo que me sucedió el pasado viernes 15 de septiembre en el cuarto concierto de la Orquesta Sinfónica de Aguascalientes, llegué al Teatro con mucha prisa, algo estresado, con la molestia de que mi auto estaba fallando y que el mecánico no lo dejó bien, en fin, cualquier cantidad de adversidades. Finalmente ingresé a la sala del Teatro Aguascalientes, todo el caos del tráfico se quedó afuera y ahí solo estábamos la música y yo, claro, además de otras mil 500 personas que llenaron el recinto, pero cada una de ellas con su circunstancia muy particular. Pues ahí estaba yo con todo mi estrés y el mal humor del caos vehicular de la ciudad un Día de Independencia, día de quincena y yo con mi ansiedad de llegar al concierto, sabía perfectamente que esa era mi única verdadera posibilidad de terminar bien el viernes, y sí, a los pocos minutos de iniciado el concierto empecé a sentir cómo todos los encantos de la música empezaron a acariciarme, a calmarme y consecuentemente, empecé a sentirme mejor, más animado y a entender que en realidad la vida no es tan frustrante como me lo parecía manejando mi auto rumbo a ese templo de paz, tranquilidad, armonía, etc… llamado sala de conciertos, ahí todo cambió y la realidad fue mejor.

Este concierto, por coincidir con las fiestas patrias, se diseñó en función  de este acontecimiento, sin embargo, el maestro Areán no se fue por el facilismo corriente y que hubiera sido una salida segura, programar un concierto con mariachi, tu sabes, la fórmula no falla, pero no, definitivamente no se trata de eso, nuestro director titular diseñó un programa con obra mexicanas de concierto, esa a la que sin dudas y con mucho orgullo deberíamos reconocer como verdadera música mexicana y que enaltece la cultura popular de nuestro pueblo, cultura popular, no populachera que evidentemente no es lo mismo.

El programa se formó por algunas de las más bellas partituras de la música mexicana  de concierto, algunas del inagotable repertorio: Sinfonietta de Moncayo, la Sinfonía India de Carlos Chávez, infaltable en este programa, el Danzón No.2 de Márquez, los Sones de Mariachi de Blas Galindo y el Huapango de José Pablo Moncayo. Siempre habrá opiniones de que faltó tal o cual obra, yo mismo pensaría que nos faltó Silvestre Revueltas, por ejemplo, Sensemayá, pero esto queda en la opinión personal, indudablemente el programa fue esa muestra del más noble y auténtico nacionalismo musical mexicano.

Un programa corto que el maestro Areán completo con un par de encores, la Pelea de Gallos de Juan S. Garrido y la repetición del Danzón No. 2 de Arturo Márquez, incluso así siguió siendo un programa de corta duración, pero eso sí, intensamente sustancioso.

El público respondió a la convocatoria, salvo las primeras tres filas de la planta baja del teatro y las últimas tres filas de la planta alta,  el resto de las butacas estaban ocupadas por un público que entendió perfectamente de qué se trataba el asunto, se mostró conocedor de las obras y disfrutó intensamente este maravilloso concierto de verdadera música mexicana.

Yo creo que si un extranjero nos preguntara por la música mexicana, creo que no deberíamos dudar en responderle que escuche a Blas Galindo, a Hernández Moncada, a Moncayo, a Ponce, a Revueltas, a Márquez, a José Rolón, tanto músicos que han llevado el sabor a México a la sala de conciertos. No sé tú, y seguramente habrá más de uno que pida mi cabeza por este comentario, pero escuchar el Huapango de José Pablo Moncayo, y tocado con la solvencia indiscutible que logró el maestro Areán la noche del pasado 15 de septiembre me hace sentir a México recorriendo mi piel, me hace experimentar la dignidad, el orgullo y la fascinación de ser mexicano y vivir en esta tierra tan lastimada por la naturaleza y peor aún, por la corrupción, cosas que no siento cuando escucho por accidente, porque yo jamás opto por ese repertorio, una canción de José Alfredo Jiménez, esos himnos al machismo y al vicio, sé que mi comentario puede molestar, pero si me equivoco corrígeme, ¿no son eso las canciones de este señor tan admirado en nuestro país? En cambio, esta otra música mexicana que escarba en lo más profundo de las raíces de la más orgullosa mexicanidad, que se va hasta las entrañas del folclore y logra este tratamiento tan exquisito y delicioso en la música sinfónica, esta otra música mexicana logra su propósito, sentir el orgullo de haber nacido en este país y gritar, no estimulado por los humores del alcohol, sino por la más ardiente convicción nacionalista: “¡¡¡Viva México!!!”.

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Rodolfo Popoca Perches

Rodolfo Popoca Perches

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