Opinión

Planeación ¿municipal o metropolitana? / Agenda urbana

En 1942, Louis Wirth, uno de los sociólogos urbanos más reconocidos de la Escuela de Chicago, dijo: Vivimos en una era que disuelve límites político-administrativos, pero la inercia de abogados y legisladores anticuarios, los intereses depredadores de políticos locales y del mercado inmobiliario, el parroquialismo de los suburbios y la estrecha visión de los planificadores nos han impedido reconocer la necesidad ineludible de una nueva visión de planeación metropolitana”. Desde entonces aseguró que las ciudades requieren una visión que vea más allá de municipios individuales.

Setenta y cinco años después, en muchos países del mundo seguimos sin arreglos institucionales ni modelos de gobernanza que permitan planificar y gestionar las ciudades de manera integral. En Aguascalientes, por ejemplo, los municipios de la Zona Metropolitana de Aguascalientes -Aguascalientes, Jesús María y San Francisco de los Romo- deben proveer servicios como agua, drenaje, recolección y disposición de basura, seguridad, parques, recreación y cultura, pero operan de manera desconectada y descoordinada. Este modelo de planeación y gestión urbana genera retos y desafíos que pueden comprometer la competitividad y calidad de vida de la ciudad. Veamos.

Sin mecanismos reales de planeación metropolitana, los municipios difícilmente planifican los usos del suelo, el transporte y el ordenamiento territorial de manera integrada. Además, se hacen evidentes las deficiencias en la capacidad de gestión de los municipios pequeños; se reduce la acción colectiva para atender problemas comunes; se intensifica la competencia entre municipios por la distribución de recursos y la atracción de inversiones; y se generan conflictos entre partidos políticos con ideologías e intereses usualmente incompatibles o contradictorios.

A pesar de que las dinámicas urbanas suelen trascender límites municipales, ciudades como Aguascalientes tienden a planificarse de manera fragmentada, lo que puede reducir la competitividad y productividad. Por ejemplo, un estudio reciente de la OCDE (2015) demuestra que la productividad en una ciudad con dos veces más municipios que otra disminuye en promedio 3.4 por ciento al hacer más compleja la coordinación entre gobiernos locales. Además, el estudio indica que este efecto negativo de la fragmentación en la productividad disminuye casi a la mitad cuando existen organismos metropolitanos.

En Aguascalientes, sin embargo, parece que el Gobierno del Estado no está dispuesto siquiera a discutir acerca de la necesidad de impulsar un nuevo modelo de planeación metropolitana. Así lo sugirió Armando Roque Cruz, titular de la Secretaría de Gestión Urbanística y Ordenamiento Territorial, al declarar en días recientes que “no ve posibilidades para que el Plan de la Zona Metropolitana de Aguascalientes se haga realidad hasta que los municipios de Jesús María y San Francisco de los Romo cuenten con un organismo de planeación como el de la capital” (La Jornada Aguascalientes 11-09-2017). Es decir, en lugar de promover una visión o un organismo metropolitano de planeación, como en otras ciudades de México y el mundo, el gobierno del estado parece apostarle a la existencia de tres Institutos Municipales de Planeación y confiar en la cooperación voluntaria de los alcaldes -que difícilmente genera resultados cuando tienen objetivos e intereses distintos- para encaminar a la zona metropolitana hacia un futuro competitivo y sostenible. Desde luego, esta medida suele ser popular entre los tomadores de decisión pues implica una reestructuración institucional mínima y menor complejidad política, ya que los acuerdos pueden ser disueltos con facilidad.

Ante una realidad metropolitana hay quienes sugieren que el éxito de las ciudades depende de impulsar organismos metropolitanos que permitan revertir la fragmentación entre municipios tanto en la planeación como en la gestión urbana. Primero, porque pocos problemas se detienen en los límites municipales; la mayoría de las soluciones requieren unidades geográficas de mayor escala y acceso a una gran cantidad de recursos humanos y financieros a los que difícilmente el gobierno de un municipio pequeño podría acceder. Segundo, porque un enfoque metropolitano puede impulsar economías de escala en la provisión de servicios, y con ello obtener menores costos unitarios a medida que aumenta el volumen de los servicios. Tercero, porque la existencia de externalidades negativas que rebasan límites municipales, como la contaminación, hace necesario un enfoque metropolitano para asegurar la distribución equitativa de los costos y beneficios del desarrollo urbano.

En resumen, en Aguascalientes deberíamos por lo menos debatir qué arreglos institucionales de planificación o gestión metropolitana son los más adecuados para atender los retos y desafíos de la ciudad; desde la planificación del transporte y otros servicios públicos hasta la implementación de políticas ambientales. Una visión más amplia e integral de la planeación podría aumentar la productividad y competitividad de la ciudad, y con ello mejorar la calidad de vida de las personas.

 

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Fernando Granados

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