Opinión

PrEP y PEP, protocolos de salud por asegurar y vigilar / Piel Curtida

Diversas parejas sostienen relaciones sexuales sin protección confiando en la monogamia, varios hombres que tienen sexo con otros hombres (HSH) pueden practicarlo sin protección con parejas heterosexuales, imaginarios sobre la corporalidad de la higiene y la moralidad pueden justificar una idea de seguridad, la ruptura de un condón, la violencia sexual, el amor, la obsesión… Existen mil y un formas en las que todas y todos pueden exponerse a una infección de transmisión sexual, desde las que, como dijo una amiga, pueden contraerse al utilizar instalaciones de hoteles cinco estrellas, hasta el aterrador y estigmatizado VIH; por lo que la información al respecto siempre es útil y merece ser divulgada, en especial considerando diferentes realidades, sin prejuicios, de manera objetiva, científica y con empatía.

Hasta hace poco tiempo me resultaban extraños dos términos poco difundidos que representan una gran oportunidad para la prevención y contención del VIH/SIDA, los cuales deberían ser de dominio público para, como lo ha planteado la OMS, avanzar hacia la consolidación de generaciones libres de este virus: PEP y PrEP, Profilaxis Post-exposición y Profilaxis Preexposición; protocolos de salud que, aunque en México se ofrecen de manera gratuita bajo ciertos criterios, deberían ser identificados para su seguimiento, asegurando su correcta implementación en el sector público de salud y libre de juicios inquisitivos.

La PEP se emplea para reducir las posibilidades de transmisión del VIH al iniciar la administración de antirretrovirales antes de las 72 horas después del suceso de alto riesgo y manteniendo este tratamiento durante 28 días. Aunque podría indicarse como se hace con la pastilla del día siguiente, su alto costo, por más de diez mil pesos por medicamento, ha implicado que en México sólo se brinde de manera gratuita para personas que han sido víctimas de violencia sexual. Sin embargo, ¿su mayor disponibilidad no representaría una gran oportunidad para obtener generaciones libres de VIH como lo ha logrado Cuba?

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Por supuesto que el gasto del sector público de salud es un tema sensible pero son claros los beneficios de brindar la PEP; aunque también los prejuicios, como el considerar que la divulgación y apertura a estos protocolos clínicos fermentarían una mayor irresponsabilidad, a pesar de que los cuestionamientos deberían orientarse hacia el entorno psicosocial: ¿qué estamos haciendo o negando para que, ante la realidad del VIH/SIDA y sin detrimento de la sexualidad, se sigan presentando prácticas de riesgo?, ¿qué evita que una persona víctima de violencia sexual solicite acompañamiento médico y psicológico? Tenemos información a manos llenas, pero algo impide que pasemos de las miles de páginas electrónicas a la acción en beneficio de nuestra salud.

El vivir con VIH nunca debe ser considerado como castigo o algo que se buscó, de ser así, la misma condición humana sería una culpa por cargar desde el nacimiento. Por ejemplo, el empaparse bajo la lluvia por no tener un impermeable a la mano, no conocer el pronóstico del clima, confiar de más en el mismo, no consumir la dosis recomendada de vitamina C… y al final contraer un resfriado. La violencia sexual es un contexto diferente ante lo cual es apremiante el ofrecer la mayor de las atenciones, pero sería trascendental permitir el acceso a la PEP.

Por otra parte, se encuentra la PrEP, medicamentos que bloquean vías iniciales de infección con un 99 por ciento de efectividad, evitando la instalación y haciendo más lenta la extensión del virus en el cuerpo, tanto que sólo se han reportado dos casos fallidos desde su implementación en Estados Unidos en el año 2012. Este tratamiento también se administra diariamente por un periodo considerable de tiempo y, por el momento, sólo se ofrece de manera gratuita por algunas unidades de salud en Jalisco y la Ciudad de México, aunque se ha contemplado su accesibilidad generalizada para este 2017, por lo que es menester dar seguimiento a su presencia en el sector salud del estado.

Se ha identificado que los sectores más vulnerables ante el VIH/SIDA son las parejas serodiscordantes, mujeres transgénero, trabajadoras y trabajadores sexuales, consumidores de drogas inyectables, así como los hombres que tienen sexo con otros hombres, quienes al mantener relaciones sexuales sin protección con parejas heterosexuales han presentado otro escenario con un conjunto de personas que requiere de orientación y atención: las mujeres dedicadas al trabajo doméstico en sus hogares, que también puede involucrar la transmisión durante o después del parto, o durante la lactancia.

La detección oportuna del VIH y su prevención son necesarias, aunque para ello se requiere desacralizar la sexualidad, reconocerla como un elemento inherente a la humanidad, deconstruir todos sus esquemas que causan vergüenza y morbo para lograr su discusión, análisis y exposición en sus justas dimensiones en beneficio de una sociedad más informada, responsable, libre y sana. Nada lograremos al negar la vulnerabilidad de todas y todos recurriendo al escarnio de los otros a causa de históricos prejuicios y estigmas. La conformación de nuestro cuerpo nos ha brindado las posibilidades de transformar nuestro entorno y posicionarnos sobre otras especies en este mundo, pero no debemos olvidar que también esa corporalidad humana aparentemente superior es al mismo tiempo vulnerable.

 

@m_acevez | [email protected]

 

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Juan Luis Montoya Acevez

Juan Luis Montoya Acevez

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