Opinión

Ser profesor no es negocio / Alegorías cotidianas

 

Muchos egresados de tecnicaturas y licenciaturas piensan en impartir clases inmediatamente después de egresar, aún sin haber recibido el título, sin realmente saber lo que conlleva.

Infinidad de veces he escuchado a mamás decir a sus hijos que si no encuentran trabajo se den clases; muchos entran a las escuelas normales con el firme propósito de hacer dinero rápido al egresar y conseguir una plaza para estar frente a grupo sin experimentar antes lo agotador y mal pagado que puede ser.

Algunos egresamos con conocimientos de docencia y pedagogía, otros no. Hay muchos profesores de vocación, otros de carrera y un gran número que imparte clases sin conocimientos sobre pedagogía, sobre la materia que enseña y sin vergüenza alguna por no preparar clase, no tener secuencia didáctica y sólo recibir paga por estar frente a grupo.

Muchas instituciones tienen la creencia de que es necesario ver a las profesoras entaconadas y delgadas, los profesores trajeados sin importar la asignatura que impartan pues eso deja ver la calidad docente con la que cuentan. Si todo fuera tan sencillo como la apariencia, la educación en México sería otra cosa.

Alguna vez una colega francesa me comentó que había tenido que pedir un permiso al estado para excepcionalmente ese año trabajar 30 horas frente a grupo y que para ello fue necesario hacer una serie de trámites y pasar unos exámenes de desempeño bajo presión. Me quedé asombrada, sobre todo porque aquí no sucede lo mismo.

Para trabajar en universidades estatales no hacemos examen de oposición y las instituciones tienen un número de horas tope por profesor, sin embargo, si en otra nos ofrecen empleo podemos tomarlo para así completar 40 o hasta 50 horas frente a grupo por semana. Peor aún si pensamos que no únicamente ocurre en las estatales sino también las privadas.

Cuando un profesor tiene ya 30 horas frente a grupo casi no tiene tiempo para planificar, revisar y ser él mismo. Cuando se tienen 40 horas o más es mucho peor, ya no tiene vida y no hay tiempo para organizar nada para las clases del día siguiente o del mes.

Muchos profesores eligen trabajar 36 o 40 horas para tener una entrada promedio de doce mil pesos mensuales, lo que es muy poco comparado con toda la chamba que eso significa.

Si pensamos en que imparte 25 horas en una universidad pública donde los grupos son numerosos, al mes tiene en promedio de 120 a 150 exámenes por calificar más los proyectos, tareas, etc., dan un promedio de inversión de tiempo aproximado de 10 horas extras mensuales en calificar sin que éstas estén incluidas en el pago. Además, si este profesor imparte clases, como siempre ocurre, en otra universidad, aún con grupos pequeños, tendrá nuevamente otras 10 horas para hacer el mismo proceso de evaluación que en su primer empleo pues ese periodo del mes conlleva la creación de los instrumentos para evaluar, la aplicación, el cotejo, revisión y suma de todo el proceso. Además de las horas semanales que se requieren para establecer los momentos, actividades y desarrollo de la clase un profesor con 30 o 40 horas semanales frente agrupo invierte unas 20 0 30 horas extras para completar el trabajo áulico.

Por lo menos se necesita una tarde o dos tiempos diferenciados en la semana para planificar la semana y darle seguimiento a la secuencia didáctica. Si se imparte la misma asignatura es sencillo, sin embargo, cuando hay cinco o seis distintas la organización se hace compleja y los tiempos se alargan.

La verdadera reforma educativa debería de contemplar salarios más altos para los profesores y horarios pagados donde se incluyera la planificación didáctica semanal. Docentes frente a grupo más relajados pueden trasmitir conocimientos de manera más fresca y sencilla, sin embargo, mientras están pensando en que se hace tarde y aún no puede cerrar la clase, que en 30 minutos inicia otra materia en una institución que está a 20 minutos de donde se encuentra, mientras escucha las dudas de los estudiantes, es probable que responda vagamente y que olvide retomarlo al día siguiente.

Quienes realizan las deformas tienen una chamba padrísima pues sólo escriben y no son ellos los que reciben a los alumnos y se ven en apuros por intentar cumplir todos los cambios.

La realidad es distinta a lo que proponen las reformas y lo que los docentes viven como individuos. Pocos son los profesores que tienen la dicha de tener un horario corrido y trabajar en un solo lugar sin que eviten andar de taxistas recorriendo la ciudad durante el día para ir de una institución educativa a otra.

En resumen, para poder impartir un asignatura se necesita preparación pedagógica, en el área y también mucha fuerza de voluntad para mantenerse y aceptar que no hay vida privada si se decide dedicarse a ello.

Los jóvenes se equivocan al creer que es fácil cuando el reto es mayúsculo. Es más sencillo impartir clase cuando ya se tiene experiencia laboral que recién egresados.

No únicamente se encarga el docente de preparar la secuencia didáctica la planeación semanal, las evaluaciones con instrumentos y todo lo que ello significa sino también el estar consciente de que trabajamos con capital humano y que es una gran responsabilidad lo que de conocimiento se le dé a nuestros educandos, que de ello dependerá algunos momentos de su vida profesional y que formamos parte de su misión de vida por lo tanto, nosotros decidimos si ese pequeño porcentaje es para su beneficio o lo contrario.

Con tantas horas frente a grupo debería de permitirse a los profesores el asistir más cómodos, el dejar las corbatas e instruirlos sobre el aprendizaje centrado en el alumno y con objetivos específicos.

Soñar no cuesta nada, lo duro es aceptar la realidad. Ser profesor no es negocio, se gana poco, se invierte mucho y al final las instituciones no nos dan mérito de ello.

 

Laus Deo

@paulanajber

 

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Paula Nájera

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