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Quinto concierto de temporada / Orquesta Sinfónica De Aguascalientes

 

Otra vez un viernes difícil y otra vez un respiro al final del día. ¿Sabes? Tuve realmente un viernes muy complicado, de esos que quisieras borrar del calendario, pero esa opción no existe, no hay forma de poder brincártelo, así que, ante esa irreversible situación, pues fue necesario afrontar este viernes de inicio de otoño, posiblemente mi estación del año favorita, pero con el aliento de que el día concluye con el concierto de la Orquesta Sinfónica de Aguascalientes.

Entiendo muy bien que para muchas personas esto resultaría incomprensible, pero qué quieres, soy melómano y un viernes sin asistir al concierto cuando hay temporada es simplemente inconcebible. Una persona me sugería que no fuera, que estaba muy cansado, que si no se me antojaba quedarme en casa a descansar y ver una buena película. Cierto, es apreciable la oferta, pero… ¿dejar de ir a un concierto de la OSA?, no gracias, esa no es opción.

Ir a un concierto de música clásica no es simplemente pasarla bien un rato y ya, no es la simple diversión o el pretexto para salir, ni siquiera lo entiendo como asistir al concierto porque van a tocar la obra musical que me gusta, claro que no, se trata de un acto ritual que uno enfrenta con una devoción casi religiosa, es el espacio en donde las pilas se recargan y a pesar de todo se vuelve a creer en la vida. Una sala de conciertos se convierte irremediablemente un templo en el que vamos a dejar todos esos residuos, despojos que nos pesan al caminar como una ofrenda a su majestad la música, finalmente melómano. Así que actuando en contra del sentido común y remando contra corriente, me dirigí al Teatro Aguascalientes dispuesto a dejar ahí todo mi cansancio y salir renovado, porque recuerda, no somos los mismos los que entramos a un concierto y los que salimos de él, algo se modificó en nosotros, después del concierto somos ya mejores personas.

Este quinto concierto de la tercera temporada del año 2017 inició con el poema sinfónico Finlandia y continuamos con la Suite de Pelléas et Melisande, OP. 46, ambas obras del compositor Jean Sibelius, el más digno representante del nacionalismo finlandés.

La sinfonía Finlandia de Sibelius es una partitura que pretende, y sin duda lo logra, reivindicar el espíritu patriota de este sufriente pueblo al padecer la barbarie generada por el dominio ruso. En este y muchos casos, la música es un detonante de ese irreprimible amor a la patria, enaltece a los habitantes de un país y les hace sentir el orgullo y la dignidad nacional. Claro que sin proponérselo el maestro José Areán diseñó este programa, evidentemente no tenía idea de que ese espíritu patriótico del pueblo finés y este orgullo de saberse hijos de la patria, podría adaptarse a la difícil situación que en estos días vive nuestro país al ser devastado por fenómenos naturales que han dejado muy lastimado a este noble e inquebrantable pueblo mexicano. Ese espíritu patriótico que sublimó el decaído ánimo de Finlandia por el dominio ruso, es el mismo que en este caso necesita México para salir adelante de esta adversidad, permanecer de pie con orgullo y amor patriótico, y eso, créeme amigo melómano, eso nos lo da la música.

El maestro Areán nos hizo saborear bocado a bocado todo este menú finlandés. Su trabajo con la batuta es discreto, sin protagonismos innecesarios, sin excesos, sin gesticulaciones sobradas y que sólo buscan el lucimiento personal, no, nada de eso, su trabajo está encaminado a exaltar la majestad y la belleza de la música, y desde esta trinchera de humildad toma la batuta para hacer surgir la música.

La segunda parte del concierto fue exquisita, hace mucho que no quedaba tan extasiado con una ejecución así de Chaikovski en vivo, no sólo de esta monumental quinta, sin en general de toda la obra de este romántico ruso. Fue una quinta extraordinaria, profunda, intensa…, qué podemos decir, ambrosía para los oídos. Estoy seguro que el maestro Areán no tardó en convencer incluso al más escéptico, porque claro que los hay, pero por lo que llevamos esta temporada de conciertos en que el maestro José Areán ha tomado la dirección de nuestra sinfónica, creo que ya no hay dudas respecto a la solvencia de su trabajo. Me siento entusiasmado, creo que nuestro director titular hará un trabajo que revolucionará la trayectoria de la OSA, no tengo duda al respecto.

La próxima semana, en el sexto concierto de temporada, -que rápido, ¿no te parece? Ya estamos cerca del final de la temporada y se siente como si apenas acabara de iniciar-, escucharemos un programa de música mexicana, no en el sentido nacionalista del día 15 de septiembre, ahora nos encontramos ante un programa contemporáneo, y sin duda, de un gran valor artístico. El concierto inicia con el Danzón No. 4 de Arturo Márquez, continúa con el Concierto para salterio y orquesta de Eduardo Angulo. Después del intermedio escucharemos Ríos y Vertientes compuesta por Samuel Zyman por encargo de la Filarmónica de la UNAM con el fin de festejar los 80 años de existencia de esa entidad musical, una de las grandes glorias de la composición de la música de concierto en nuestra actualidad. Después se ha programado Bacanal de Eduardo Angulo y terminamos con Mosaico Mexicano de Arturo Rodríguez, un programa con obras que no son muy conocidas, incluso desconocidas, pero con una riqueza musical incuestionable. Es muy importante, además de necesario, dar espacio a este tipo de repertorios que no por no ser conocidos tenemos el derecho de evitarlos, ya verás, será un verdadero manjar. Entonces nos vemos el próximo viernes 29 de septiembre a las 21:00 horas en el Teatro Aguascalientes, la casa de nuestra orquesta sinfónica.

 

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Rodolfo Popoca Perches

Rodolfo Popoca Perches

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