Opinión

Segundo concierto, tercera temporada 2017 / Orquesta Sinfónica de Aguascalientes

Nos hemos encontrado en los primeros dos conciertos de la tercera temporada y primero que dirige el maestro José Areán como director titular de la Orquesta Sinfónica de Aguascalientes, obras para voz solista y acompañamiento orquestal, en el primer concierto Las noches de verano de Berlioz y en este segundo concierto La sinfonía lírica de Alexander von Zemlinsky para soprano y barítono. En este sentido, si algo tendríamos que reprocharle al maestro Areán es que, siguiendo esta tendencia, se antojaría escuchar algo del atormentado Mahler, además de que nuestra Sinfónica es una de las que en México pueden presumir, porque la verdad sí es para presumir, de haber interpretado todo el corpus sinfónico de Mahler, que de verdad no es cualquier cosa, pero sería genial poder escuchar La canción de la tierra, los Rückert Lieder, o los impresionantes Kindertotenlieder, un verdadero manjar.

En fin, este segundo concierto resultó ser de muy fina manufactura, ya lo veíamos desde la programación de conciertos como algo especial este segundo programa, pero la ejecución final terminó por superar las  expectativas de los que vimos en el papel.

El concierto inició con una muy puntual interpretación del Bolero de Maurice Ravel. Se trata de una de esas obras que proponen retos y suelen poner a prueba al director y esto sucede precisamente por ser una de las obras más interpretadas y más conocidas de todo el repertorio orquestal, no obstante, esta no fue una interpretación más del Bolero, hacer eso no exige mucho de la batuta, sin embargo, lo que hizo el maestro Areán fue mucho más que eso, lo que hizo fue hacer que una partitura tan conocida como esta sonora como algo nuevo, sin duda, todos en el teatro sabíamos lo que estaba sucediendo, este inmenso in crescendo, este monumental ejercicio de orquestación del que sin duda es el más grande orquestador del siglo XX, Maurice Ravel, es una obra conocida por propios y extraños, pero el trabajo del maestro Areán tomó todos los riesgos para hacerla parecer nueva, nos tenía en nuestras butacas como si no conociéramos la conclusión de semejante portento orquestal, no se trata de marcar las entradas y los tiempos y que la orquesta toque algo que seguramente ya conoce de memoria, sino de adueñarse de la partitura y proponernos una ejecución tan viva y novedosa como este Bolero que terminó por tener la marca Areán y eso, de verdad, hay que agradecerlo.

Por otro lado, algo muy interesante fue lo bien diseñado de este segundo concierto, después del Bolero continuó la Sinfonía Lírica de Alexander von Zemlinsky. Estoy tan seguro de que en la sala del Teatro Aguascalientes todos conocíamos el Bolero de Ravel como también lo estoy de que nadie, o muy pocos, conocían la sinfonía de Zemlinsky, así que el público, seguramente convocado por un verdadero referente de la música orquestal tuvo la oportunidad de ampliar su repertorio con una delicia llamada Sinfonía Lírica de Alexander von Zemlinsky y sin duda valió la ovación final, algunas personas de pie y los insistentes aplausos obligaron a los cantantes a regresar al escenario a los dos cantantes, la soprano Verónica Murúa y el barítono Carsten Wittmoser, todo esto me hizo entender que en Aguascalientes tenemos un público que, además de amar incondicionalmente a nuestra Orquesta Sinfónica, ha logrado desarrollar una gran sensibilidad y tener la apertura y el criterio lo suficientemente amplio para aceptar cosas que le resultan desconocidas y esto es una muy buena noticia, estamos hablando, en términos generales, de un público que ha crecido en proporción a la estatura que ha adquirido nuestra querida OSA, y de esta manera, nuestro auditorio melómano se da la oportunidad de disfrutar sin inhibiciones los repertorios más demandantes y exigentes.

La Sinfonía lírica de Zemlinsky logró convencer, y no sólo logró convencer por la belleza de los textos poéticos de Rabindranath Tagore o por la bellísima música de este compositor austríaco, música que logró elevar hasta alturas inhóspitas el dramatismo poético de Tagore, sino por una interpretación profunda, intensa acorde a belleza y exigencia que propone la obra.

El final se adivinaba, se intuía, el dramatismo se desbordaba por todas partes, era ya incontenible, el maestro Areán supo dar cauce a ese derroche de sensibilidad derramada y el final de la Sinfonía lírica de Alexander von Zemlinsky, la verdad, hay que decirlo como es, me erizó la piel, no siempre sucede esto, en realidad, escuchamos un concierto guardando debidamente la compostura y no perder un punto de vista objetivo de lo que estamos escuchando sin dejar, o al menos intentando, que las emociones no nublen ese punto de vista presuntamente objetivo, pero en esta ocasión, ¡a volar con la objetividad! ya no hay tiempo ni ánimos de reprimir las emociones, ¡qué surjan, qué fluyan libremente!

La próxima semana, como sabes, y en el marco de los festejos de los 25 años de la OSA, se presenta el violinista Ara Malikian en un concierto gratuito el viernes 8 de septiembre a las 21:00 en la Plaza de la Patria, y créeme, no te lo puedes perder, por ahí nos veremos si Dios no dispone lo contrario.

 

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Rodolfo Popoca Perches

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