Opinión

Solidaridad sincera y disfrazada / Alegorías Cotidianas

Terrible la situación que como país vivimos. No puede creerse que de nuevo se viva una situación tan lamentable como la que había ocurrido en 1985, la tragedia me hizo recordar la película 7:19 de Demian Bichir donde, algunos que no hemos tenido esa experiencia, podemos imaginar lo que sucede bajo los escombros.

Sin esperarlo y de golpe, nuevamente un sismo causó desastres no únicamente en la Ciudad de México sino también en Puebla, Veracruz, Morelos, Chiapas, entre otros. Como mexicanos podemos no unirnos para mejorar las condiciones en las que vivimos, los altos costos de la gasolina o la canasta básica, sin embargo, ante la tragedia estamos todos resonando en la misma vibración de servicio.

Lo hemos visto entre nuestros amigos, familiares, centros de trabajo, universidades apoyar como centros de acopio o bien aportar algo de la canasta básica para nuestros compatriotas damnificados.

Es impresionante el ver las cantidades de productos que se han recibido en los centros de acopio, donde se clasifica y empaqueta para poder ser entregado cuando los tráileres salen para llevar alimento a los desprotegidos.

El miedo de la población, de que los productos no lleguen a su destino, ha hecho que los donantes borren con tinta indeleble los códigos de barras de los víveres, además de agregar leyendas de aliento o simplemente la palabra “donación”. Borrar los códigos de barras para que los productos no puedan ser vendidos surge de que, de alguna manera todos sabemos que hay muchos gandallas quienes lucran con el firme egoísmo del beneficio propio y a costa de los demás. Si confiáramos entre nosotros no habría necesidad de borrar los códigos, sino únicamente de escribir leyendas, como muestras de cariño, para que no se sientan solos durante el tiempo que tarde su vida en volver a la normalidad.

Algunos preferimos no donar a alguna institución de gobierno y dirigimos nuestra ayuda a particulares quienes con todo el amor y la convicción de ayudar pagaron renta de camionetas, pidieron permisos en sus trabajos con el fin único de ir a apoyar a las zonas afectadas. De esta forma, pudimos ser ya testigos de la entrega de lo que el corazón o la situación nos permitió donar pues, con los avances de la tecnología, después de la llegada a las comunidades podemos dar seguimiento, por medio de las redes, a la entrega y trabajo de nuestros héroes anónimos.

Hablando de redes todos fuimos testigo de cómo, en Xochimilco, corrieron a punta de patadas y de mentadas de madre al delegado o al mismo Osorio Chong mientras que, muchos se sumaron sin fines políticos, de manera anónima en bien de los damnificados como Chuy Corona, el portero de Cruz Azul.

Los protagonistas no hicieron esperar su “caridad” y la hicieron pública en redes sociales y discursos mientras que la mayoría poca atención prestó en dar a notar lo que habían donado. Una fotografía con víveres poco dice de nosotros en cuestión de sensibilidad social pues tenemos, en realidad, 365 días del año para demostrarlo.

Lo que no es muy loable es que algunas empresas descontaron a sus empleados de 500 a 300 pesos de la nómina para hacer una aportación. No es sensible pues la cabeza de esa empresa se parará el cuello diciendo que recaudó tal cantidad cuando en realidad, lo hizo con el descontento de sus empleados, quizá varios de ellos no tenían previsto donar dicha cantidad o no les nacía hacerlo sin embargo, fueron obligados y ni como quejarse o dar marcha atrás.

De igual manera con algunos centros de acopio particulares. En la inauguración de un evento el sábado por la mañana la directora de una escuela particular se lució diciendo que iba a enviar un tráiler con lo que gracias a ella, su alumnado había recaudado y que lo entregaría a una fundación para que lo entregaran en Morelos, muy decidida y enérgica mencionó que lo hacía por que amaba a sus hermanos sin embargo, horas más tarde tuve la oportunidad de entrevistar al titular de la fundación a la cual la directora había hecho mención y la verdad fue que él consiguió el tráiler donde se llevarían los víveres y recorrería varios centros de acopio para poderlo llenar y enviarlo a las comunidades de Morelos sin que pudiera haber sido obra de una sola y única salvadora. Si bien no me había parecido sincero su discurso, su protagonismo quedó al descubierto, sin dejar ver un verdadero sentido de servicio.

El poder del dar y la unión de los mexicanos son mayores que el protagonismo y el ego. No sabemos cuándo dejará de temblar, si llegará otro sismo de igual o mayor intensidad, lo que sí tenemos por seguro es que al ocurrir volveremos nuevamente a trabajar juntos por nuestros hermanos mexicanos.

“Hay que hacer el bien, sin mirar a quién”, dice el dicho y tiene absoluta razón sin embargo, hay que ver a quien se le entrega lo donado y a donde va a parar con el fin único de que los víveres o el material que ofrezcamos cumpla con su cometido, alimentar a nuestros compatriotas y apapachar su espíritu.

Dentro de poco necesitaremos volver a recolectar, la ayuda se terminará y podremos ofrecer víveres de nuevo a los damnificados y de igual manera se necesitarán manos para empacar y recursos para transportarlos.

Gracias de corazón a quienes han donado un poquito de su tiempo para comprar productos para nuestros compatriotas, gracias también por levantar piedras y cargar cubetas de escombro, no es la fuerza de México quien lo hace, sino la gran unión que existe entre nosotros lo que nos hace levantar una nación.

Laus Deo

@paulanajber

 


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Paula Nájera

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