Opinión

Héroes contra villanos / Opciones y decisiones

De las perplejidades que hoy nos aquejan destaca más la que concierne a las candidaturas independientes. Y esto es así porque al intentar definirlas, nuestra capacidad cognoscitiva se ve desbordada por los imperativos de la realidad. Diga usted, si no, ya sea que lo digamos o lo callemos, un o una candidato independiente está [email protected] a ser un héroe o una heroína, así de simple y llano.

Y esto resulta ser así, porque al checar el dato de que la institución partidista política tradicional ya nos falló; pretendemos que un individuo probado -el lenguaje teológico eclesiástico se refiere a él como “viri probati”, un hombre de virtud probada- es la solución para resolver el galimatías en que la selección partidista de su candidato presidencial debe pasar por el filtro de la manifestación de voluntad tanto de sus cúpulas respectivas como de las masas de su base. Ya en sí este ejercicio demanda un gran esfuerzo intelectual.

Cuantimás decían nuestras abuelas- seleccionar a un “candidato independiente” con esas notas exigentes de prístina probidad e idoneidad, exige el máximo rigor de discernimiento cognoscitivo. Y, en este curso de ideas, el que en el horizonte electoral de la elección presidencial 2018, ya nos aparezcan en escena una treintena de este tipo de candidatos, es natural que nos ponga los pelos de punta y por muy sabuesos que nos sintamos, olfatear las finas diferencias entre esos suspirantes es algo que llama al heroísmo.

Para entrar en sintonía con este desafío, sería útil despejar con soltura un trabalenguas como aquel de: El arzobispo de Constantinopla se quiere desarzobispodescontantinopolizar; el que lo desarzobispodescontantinopolizare, muy buen desarzobispodescontaninopolizador, será. Cuya emulación aplicable a nuestros candidatos independientes, implicaría algo así como: El/la candidata independiente se quiere descandidatorelativizar, el que lo descandidatorelativizare, muy buen descandidatorelativizador, será. En donde el fondo de la cuestión, para ser coherentes con un enfoque crítico del conocimiento, reside en que un/a candidato independiente se enfrenta a los institutos partidistas del tipo que sean, a modo de lo relativo frente al absoluto, o sea su contra posición se resuelve a la manera de una contradicción existente de la parte contra el todo.

Esta dinámica que ocurre en el plano electoral, de hecho tiene como fondo y forma el problema histórico que  supone resolver -desde el punto de vista del conocimiento crítico- la relación contradictoria entre la clase trabajadora y la ideología burguesa dominante. Ambos polos de la cuestión tienen sus propios postulados, pero enfrentados uno a otro, se anteponen exactamente como el mundo relativo del sector Trabajo frente al todo englobante de los propietarios del Capital. Es decir la relación no es pareja, no es simétrica, es para decirlo con Marx, histórica y dialéctica; y en ella las condiciones materiales de producción -el Capital visto como un todo- imponen su predominio sobre la parte que está representada por “la mercancía trabajo”, la más endiablada categoría jamás pensada, ya que su naturaleza -de provenir en su origen desde y por “la fuerza viva del trabajo/hombre”- al final se cosifica en una simple mercancía de intercambio que se tasa con un salario/supuesto valor. La resultante es que la persona viva resulta –en este esquema del Capital- ser equiparada y tasada como cosa material; y ésta que a su vez se tasa con un precio/el salario. La paradoja resultante es que la cosa representa a la persona y no al revés. De ahí el tema de enajenación mercantil y con ella la enajenación del valor o plus-valía. No nos confundamos, la esencia del capital en la visión marxiana que no marxista, es la apropiación de la plusvalía producida sólo un únicamente por el trabajo vivo de una persona.

Esta endiablada metamorfosis de la mercancía-trabajo es la que traba la contradicción entre la historia y la dialéctica –es decir el pensamiento abstracto/poder cognoscitivo que trata de entender los hechos mundanos que ocurren allí afuera, en la Historia. En gran suma, se trata de entender la dinámica que se da entre lo que es relativo y lo que es absoluto. Para el caso que analizamos, el tema electoral actual de México, digámoslo enfáticamente, pasa por el filtro de la contraposición del candidato/a independiente –relativo- frente a su absoluto, el sistema de partidos políticos. Esta especial naturaleza de tipo electoral no atina otro adjetivo que la de pretender ser “genuinamente ciudadana”.

Así lo expresó explícitamente la ahora ya candidata independiente Margarita Zavala, y así lo han manifestado precandidatos como el gobernador de NL, Jaime Rodríguez Calderón, el Bronco, el senador Armando Ríos Piter -más el excanciller Jorge Castañeda que declinó a su favor-, Pedro Ferriz de Con, María de Jesús “Marichuy” Patricio -representante indígena y el ya descartado Emilio Álvarez Icaza, entre los más notorios. 38 postulantes a competir por el cargo de Presidente de la República.

Es curioso que desde la creación del IFE, Instituto Federal Electoral, y su evolución al actual INE, Instituto Nacional Electoral, se haya a la par metamorfizado de los originales “consejeros ciudadanos” -precisamente para destacar su naturaleza auténticamente ciudadana- a los “consejeros electorales”, para congelar fríamente su status de simples “electores”, es decir, regresamos a aquello de que los candidatos ciudadanos se quieres conciudadanodesrelativizar, y quien los conciudadanodesrelativizare, muy buen conciudadanodesrelativizador, será.

Esta invocación de retorno a la “ciudadanía” pura y simple, en realidad resulta una pretensión a la legitimación del candidato independiente en cuanto que tal, porque precisamente su argumento reside en la reconquista de la “legitimidad” con que resultará electo, lo que abiertamente impugna el status de falta de representatividad de los actuales militantes partidistas, de las propias instituciones partidarias que los postulan, y la denuncia en contra del gobierno en turno, asumiéndolo como sumido en la corrupción, la impunidad, la carencia de legitimidad para ejercer el poder político y, por ende, la cero representatividad ciudadana que comporta su actuar. En suma, la deslegitimación del actual sistema de partidos es la bandera y reivindicación política que esgrimen todos a una los candidatos independientes.

Decía yo, al comienzo, que un [email protected] de tal naturaleza independiente queda emplazado a comportarse como héroe/heroína, dado que adquiere notas y matices sobrehumanos de probidad, rectitud, credibilidad moral, aptitud técnico-política a toda prueba e impoluto historial profesional a lo largo de su carrera política. Digamos que este experimento electoral que estamos a punto de presenciar y en el que nos veremos inmersos en las próximas elecciones presidenciales, al participar como electores y/o población electora, habrá de probar la practicabilidad del aserto de constituirse en la única vía alternativa de saldar cuentas con el poder electoral, ahora en manos muy activas y muy cargadas de dinero público de los institutos partidistas, por demás contemplados en la Constitución Política misma. Lo de los candidatos independientes es una figura jurídica nueva, para dar cauce y salida a las aspiraciones ciudadanas de reconquistar el poder representativo político, que por ahora está conculcado en la praxis política dominante que, sin duda, pertenece a la ideología dominante, del actual “bloque en el poder”, como ya expuse en entrega anterior.

Para citar a los citables, cedo el uso de la palabra: “La glorificación de un héroe en una poesía lírica, aun suponiendo que se lo describa con justeza, no podría probar que él actuó correctamente también desde el punto de vista histórico; tampoco podría probarlo una “simple investigación de hechos” vulgar, por más que se la emprenda bajo la bandera “proletaria”, si ella no es dialéctica y por lo tanto cae en mayor o menor media bajo la apariencia de la cosificación”. (Fuente: Leo Kofler. Historia y Dialéctica. Hermann Luchterhand, Verlag. Alemania, 1972. Trad. Amorrortu Editores, Buenos Aires, Argentina. 1972). Esto en contra por igual del punto de vista burgués que está sustentado en un interés reaccionario. Ninguno de los dos polos de la ecuación puede pretender ser/representar el todo, cuando en la realidad práctica no “personifican” más una parte/relativa del todo/absoluto, que precisamente en fuerza de que no establecen con transparencia y claridad una oposición dialéctica, resultan ambos cosificados.

Para concluir esta disertación, habremos de postular entonces que el tema y reificación de las candidaturas independientes, es decir aquellas de que en los hechos se lleven de veras a la práctica, habrán de demostrar si estos [email protected] campeones por la reconquista y reivindicación de la democracia, pasan de verdad la prueba de fuego de un triunfo en las urnas; o bien, queden como paradigmas de un ensayo que está a punto de llevarse a cabo y sirva al menos para decantar los indeseables residuos o asientos de los deliciosos jugos de la apropiación del poder político, con pretensiones de representar a un todo, eso sí democrático, hegemónico mayoritario, y por resultas históricas, auténticamente dialéctico. [email protected]

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Francisco Javier Chávez Santillán

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