Opinión

A pausados sorbos de café / Opciones y decisiones

Tenemos a la vista, en México, una escena política caótica que detrás del torbellino de pasiones aspiracionales intra y extra-partidistas que genera, se aúna la danza del fuego de la “hoguera de las vanidades” (que emula a Tom Wolfe. Novela La Hoguera de las Vanidades/ The bonfire of the vanities. Espasa Pdf. Primera edición. NY.1992), de la propia clase política que esconde el verdadero y crudo estado de las relaciones sociales contradictorias al interior del bloque en el poder.

Me explico. La escena política que al día de hoy, viernes 6 de octubre, presenta un punto de quiebra al interior del PAN protagonizado por Margarita Zavala Gómez del Campo versus Ricardo Anaya Cortés, presidente de su partido, que también impacta al recién formado Frente Ciudadano por México (con PRD y Movimiento Ciudadano) en los prolegómenos de una lucha encarnizada por apropiarse de la candidatura presidencial. Lo que provoca un desprendimiento político significativo, que por cierto relativiza el notable panista Ernesto Ruffo Appel cuando declara que Margarita Zavala pertenece a una élite política que posee ya muy poca fuerza en la toma de decisiones institucionales -del PAN-; ruptura militante del que pudiera ser el partido con posibilidades de disputar el arribo a la Presidencia de la República frente a Andrés Manuel López Obrador, por Morena en 2018. Por Margarita Zavala consumatum est, se independiza y sale de PAN.

Es normal que esa escena política viciada por las llamas danzarinas del fuego fatuo de vanidades personales y de grupo, sumadas a los quiebres ya se de militancia, estructura o superestructura política de los partidos, nos deja perplejos, cuestionados e inciertos acerca del rumbo real y efectivo que habrán de tomar las cosas en el ambiente político nacional. Para tratar de entender una coyuntura política de tal naturaleza o poder vislumbrar la salida de este tortuoso laberinto, afortunadamente podemos recurrir a teorías políticas ya venerables por su aparición en el tiempo, pero acertadas y clarificadoras a la hora de analizar el comportamiento de la escena política de un país o un estado nación.

Invoco hoy, la pertinencia y perspicacia con que ha sido abordada esta cuestión por el enfoque de análisis de Antonio Gramsci bajo el concepto teórico del “bloque histórico” / o bloque en el poder. Teoría que fuera luego retomada por destacados politólogos, y puesta en una admirable síntesis por Hugues Portelli (autor de Gramsci y el bloque histórico. Siglo XXI Editores. Primera Edición en español, 1973). Pues bien, gracias a esta lectura científica, si aceptamos tal estatuto de las Ciencias Sociales, podemos desmontar de manera sistemática los componentes de esa imagen caótica que ahora nos impacta desde la escena política mexicana, para poder entender mejor su dinámica y estructura objetiva, que sin duda está allí detrás del fuego fatuo que nos encandila; también nos sirve para medir sus alcances sociales y consecuencias.

Recordemos que las tesis gramscianas surgen de un esfuerzo intelectual para poder interpretar las relaciones de las tres esferas fundamentales que conforman el todo social: la esfera económica o de la estructura, la esfera política o del poder también apellidada por algunos como “superestructura”; y la esfera de la cultura o de las relaciones simbólicas de la sociedad que permiten cohesionar el todo social, también llamada la Ideología dominante e ideologías subalternas (clases y subclases alternas). Esta tríada de esferas fundamentales para la sociedad en su conjunto, puesta en su complejidad de relaciones en un tiempo y en un espacio, nos da cuenta del estado real en que se encuentra una coyuntura política y, por tanto, nos permite entender mejor su funcionamiento y su posición relativa en el esquema de poder dado.

Los precursores de este análisis sociológico, afirman lo siguiente: “El carácter dialéctico y orgánico de la relación entre la estructura y la superestructura del bloque histórico tiene dos consecuencias: – la naturaleza orgánica de esta relación permite delimitar un bloque histórico concreto; – la subvaloración de este carácter orgánico acarrea graves errores políticos” (Hugues Portelli, “Gramsci y el bloque histórico”, Siglo XXI Ed. 1973. México P. 59).

Pongamos como ejemplo, la coyuntura política que acusó México cuando el presidente de la República, Enrique Peña Nieto emitió sus diez medidas ejecutivas, anunciadas el jueves 27 de noviembre de 2014, para salir del negro campo de energías restringentes que se cernían sobre el país, y tuvieron como epicentro a la comunidad de Ayotzinapa, municipio Tixtla de Guerrero. Ello con el propósito de inducir un cambio histórico de México por el que todos esperábamos poder transitar y alcanzar la paz y la prosperidad de la nación. (Nota mía: LJA. Reto histórico de las élites. Sábado 29 de noviembre, 2014). Esas 10 medidas tocaban de cerca cada una de las tres esferas fundamentales ligadas bajo el poder presidencial/su ideología dominante.

Hace muy poco tiempo, apenas en 2014, resultaba groseramente ostensible que el sector de los banqueros y poderosos dueños de los medios masivos de comunicación, eran los que estaban por encima del nivel de flotación del resto de la economía y prácticamente dirigiendo su ruta, como fracción dominante del Capital, en México. Este “bloque histórico” que mantiene evidentes vasos comunicantes con la élite política instalada al amparo del poder del Presidente de la República, debe dar cuentas y una respuesta histórica al resto de la base social que conformamos todos los ciudadanos. Por ello es preciso poner el reflector sobre este “bloque histórico”, como precaución de análisis antes que el encono y la defenestración de una persona o de un poder hagan errar el tiro de precisión que necesitamos para salir de la crisis. (Nota mía: LJA. “¡Es la Economía, estúpido!”. Sábado 6 de diciembre, 2014).

Al día presente, podemos evidenciar las tensiones del sistema de partidos, sobre todo cuando se proponen formar un movimiento aglutinador de varias organizaciones, así sean abiertamente disímiles como el PAN/PRD/Movimiento Ciudadano en contra de un PRI y partidos aliados o en coalición, y ganarle en las urnas el poder presidencial, expulsándolo históricamente por tanto como garante de la hegemonía política nacional. O bien, frente a Morena, en la aspiración presidencial de López Obrador. Dicho sencillamente, convertirse así en la clase política dominante -bloque histórico de México-, durante los próximos seis años. En esto, parcialmente, se juega la escisión consumada de Margarita Zavala respecto del PAN; abriendo una ventana de oportunidad al PRI, que ahora puede tomar aliento y frotarse ávidamente las manos.

De manera que la lucha por el poder presidencial en 2018, puede hacer verdad la que otrora fuera la visión de “vencidos” y se convierta en una profecía autocumplida: Lo que propiciaría el arribo del movimiento progresista, que fuera derrotado en las urnas, y lo convierta ahora sí, efectivamente, en un estado mesiánico que esgrime códigos de pureza e indignación ética contra la corrupción esencial de la vida política mexicana y le dan base para increpar proféticamente a quienes portan esa marca de la bestia; haciendo la sutil infiltración, de persuadir a las masas, sobre la ya profetizada imposición de EPN, por los poderes fácticos enquistados en el núcleo dominante de la oligarquía nacional. (Nota mía: LJA. El eslabón perdido. Agosto 11 de 2012). Esta es la configuración del escenario escondido detrás de lo que hoy es esa “hoguera de las vanidades”.

El otro factor, detrás de la lucha por conformar el “nuevo” bloque histórico es precisamente el asunto de las prerrogativas partidarias mediante el financiamiento público. Lo que hace patente y verdad los asertos de  Marx cuando dijo: “El dinero es, por lo tanto, no sólo un objeto, sino el objeto, de la sed de enriquecimiento. Esta es esencialmente auri sacra fames (despreciable sed de oro/ o “hambre sagrada de oro”- mi traducción libre-), la sed de enriquecimiento en cuanto tal, como forma particular de apetito, es decir como forma diferente del deseo de una riqueza particular (…). La sed de enriquecimiento es en cambio ya el producto de un determinado desarrollo social, no es algo natural, sino algo histórico”. (Karl Marx. Grundrisse 1857-1858. Elementos fundamentales para la Crítica de la Economía Política. Siglo XXI. Borrador. El dinero, cuaderno II. Acumulación del dinero. Vol. 1, p.157 ss). (Nota mía: Ajustes de cuentas. Sábado 19 de diciembre, 2015).

Existe de hecho un acuerdo silencioso (“silent agreement”), que yo lo veo por ejemplo en la respuesta que diera con toda serenidad y temple el que fuera secretario de Hacienda, Luis Videgaray Caso, cuando se le preguntó de cómo se iba a financiar la cuantiosa inversión en infraestructura destinada a las tres zonas económicas especiales definidas para Guerrero, Chiapas y Oaxaca; a lo que el secretario respondió refiriendo los montos presupuestales vigente y el que fuera aprobado para 2015, contemplando además la inversión que la iniciativa privada fuera capaz de generar. Lo que alude veladamente al pacto primordial de vasos comunicantes entre (la élite de la) estructura económica y (la élite de) la estructura política. Así de claro, así de sencillo. (Ut supra, Reto histórico de las élites. Ibid.). Perplejidad, cuestionamiento, e incertidumbre que ojalá podamos despejar.

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Francisco Javier Chávez Santillán

Francisco Javier Chávez Santillán

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