Opinión

¿Feministos? / Piel curtida

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Cuando se dio a conocer el Coloquio Marta Lamas en diálogo con XY, se presentó una controversia en medios sociales debido a que sólo se plasmaban nombres de varones en el programa, planteándose como una ofensa que, en un evento académico sobre feminismo, no participaran mujeres además de la propia investigadora. El tema llegó a escala internacional mediante algunos periódicos como El País, The Guardian y la BBC, ante lo cual la feminista comentó que el punto central era justamente una conservación pública con hombres que han seguido su trayectoria y participado en su activismo y trabajo teórico. Fue así que la palabra feministos se expuso con mayor fuerza, un término que se suele usar a manera de sátira para señalar a aquellos que, sin honestidad intelectual, se asumen partidarios del feminismo. Sin embargo, la académica señaló la necesidad de que los hombres participen en los debates de género. El Coloquio se desarrolló con sus claroscuros, con sus puntos criticables.

Uno de los partícipes fue Jenaro Villamil, quien cuestionó la razón de que a los hombres se les pidiera ir detrás del contingente de mujeres en la marcha Reclamar la Noche, lo cual es algo incorrecto pues, como movimiento, le corresponde a las mujeres tomar el frente. Sin embargo, durante el evento, Villamil expresó que fue expulsado de manera agreste y, si ese hubiese sido el caso, entonces habría otra cuestión. Marta Lamas, otras investigadoras e investigadores han señalado el punto medular de la desigualdad entre hombres y mujeres, la violencia y discriminación hacia las identidades y orientaciones sexuales distintas a la heterosexualidad: el machismo, que es replicado por múltiples varones, por algunas mujeres, incluso por algunas personas de la disidencia sexual, dañando a todas las mujeres y personas de la disidencia sexual, y los hombres no se encuentran exentos de ser violentados… por ellos mismos, pero vale la pena hacer algunos apuntes.

Si el feminismo se asumiera como una perspectiva de análisis y reflexión para únicamente mujeres cuyo sexo biológico e identidad de género es concordante (cisgénero), se correría el riesgo de negar otras dimensiones y realidades como las problemáticas de mujeres trans, de personas intersexuales, queer, de personas de la disidencia sexual; y aunque para ello se recurra al término perspectiva de género o estudios de género, su sustento es el feminismo.

El feminismo como movimiento social es una lucha que le pertenece a las mujeres; como teoría, metodología y perspectiva de análisis siempre se sustentará en el reconocimiento a la violencia histórica a la cual se les ha sometido, con el objetivo de resolver las problemáticas derivadas de la división entre los sexos. Toda denuncia, toda exposición de desigualdad y toda acción de transformación social en favor de la equidad por parte de las mujeres abonará a la mejora de la sociedad, pero seguirá siendo difícil si no se logra concientizar a los hombres sobre sus privilegios, sobre las reminiscencias de la conducta machista en el contexto de un aparente mundo moderno que busca la igualdad. Por supuesto que el actuar del Estado y la jurisprudencia con base en la ética y la empatía serán primordiales para consolidar un ambiente, en el cual, se advierta y se sancione de manera corresponsable a quienes traten o atenten contra los otros por asumir una posición superior de poder, pero también será indispensable que los hombres actúen con consciencia sobre su posición privilegiada y los prejuicios de la masculinidad, y para ello, necesariamente deberán hacerlo desde el feminismo. De otra manera, tendremos más denuncias, pero no se contrarrestarán los crímenes por los cuales se protesta.

Aunque se dice que perro viejo no aprende trucos nuevos, las generaciones más jóvenes de hombres y las venideras requieren de una educación cimentada en la paz, el respeto a la diferencia y el reconocimiento de la diversidad, para lo cual se requerirá de la perspectiva feminista, pues aunque se hable de estudios sobre masculinidades, parten del trabajo que diversas mujeres y algunos pocos varones han realizado para justamente evidenciar la desigualdad a la que ellas se enfrentan, logrando exhibir los retos de construir sujetos, sociedades, que no violenten. Lo femenino se construye a partir de sí mismo, de sus propios procesos históricos, luchas, pérdidas y duelos, pero lo masculino, posicionado como la norma y medida, se ha conformado a partir de su distanciamiento con su “contraparte”. Es así que los hombres requieren reconocer la lucha y problemas de las mujeres, no para asumirla como suya, sino para, a partir de ello, identificar los privilegios del ser hombre en esta sociedad, los riesgos a los cuales no se expondrán, las libertades por las cuales no deberá pugnar, los actos que no necesitarán argumentar; pero también para descubrir la violencia que ejercen entre sí a causa del machismo.

Los hombres seguirán avergonzados de la llamada disfunción eréctil y muchos jóvenes iniciarán a consumir Viagra buscando demostrar virilidad, sin pensar en las consecuencias para su salud, mientras no reconozcan que a las mujeres se les ha señalado como amputadas e incompletas por no tener pene y como enfermas por expresar deseo sexual. Los hombres seguirán violentándose entre sí, hasta el punto de poner en riesgo sus vidas en juegos de fuerza, velocidad y templanza, mientras no reconozcan que lo emocional se ha asumido como algo femenino, creyendo que lo irracional, el corazón y lo sentimental corresponde a “la naturaleza” de las mujeres. Los hombres no reconocerán que los celos y el acoso callejero son un acto de violencia, si no vislumbran que el machismo ha construido la idea de que las mujeres son una posesión. ¿Algún día alcanzaremos el panorama aún no vislumbrado del feminismo?, ¿algún día llegaremos a la utopía que plantea la perspectiva queer: vernos como personas circunscritas en categorías y esquemas de pensamiento que deben romperse, como el ser hombre y mujer?

Benjamin Arditi comentó en el Coloquio antes mencionado: “ni todos los varones somos machines, ni todas las mujeres son feministas”, y esto puede observarse en los primigenios intentos de paridad política en México, donde algunas mujeres han aceptado ser partícipes de una virtual ocupación de sus espacios para dejárselos a hombres, el caso de las llamadas Juanitas; aunque también hay que reconocer que la paridad busca abrir sitios de poder a las mujeres para que, en algún punto, lleguen justamente aquellas que, con consciencia feminista, puedan representar y buscar respuesta a sus problemáticas.

Tal vez los varones no puedan asumirme como feministas en la militancia, pero sí convencidos del feminismo para una mejor sociedad. Tal vez no podamos pugnar por una identidad queer cuando las categorías e identidades son aún necesarias para identificar, reconocer y describir las desigualdades y la violencia que se ejerce en el mundo contra la diferencia; pero podemos confiar en que algunas personas buscarán causar incidencia a través de la diversidad, del pensamiento crítico y el permanente cuestionamiento.

“Ni todos los varones somos machines, ni todas las mujeres son feministas”, pero también hay un punto de honestidad intelectual que no debe perderse: los hombres podrán investigar y hablar sobre las problemáticas de las mujeres, pero siempre guardando distancia con aquellos puntos neurálgicos que, mediante la empatía, se pueden reconocer para otorgarles el merecido respeto.

 

@m_acevez | [email protected]

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