Opinión

Formar lectores con y pese a las redes sociales / Alegorías Cotidianas

 

Quien lo niegue, miente, a todos nos distraen las redes sociales, sea cual sea la preferencia invertimos mucho nuestro tiempo en ver contenido desde banal hasta productivo.

Anteriormente, la mayoría de las personas pasaban muchas horas delante del televisor, en ocasiones sin importar el tipo de programación. Ahora Facebook, YouTube son los favoritos de todos y donde mayor tiempo se pierde. Claro está que hay quien aún tiene la televisión encendida sólo como acompañamiento mientras consumen alguna red social.

Es tan alarmante la distracción o el enajenamiento derivado de las redes sociales que la NFL en Estados Unidos recomienda hacer 60 minutos al día de ejercicio a los niños con el fin de mejorar la salud de estos y que, tardíamente, se incorporen a la vida deportiva.

Si lo pensamos fríamente, pocos son los juegos que de verdad desarrollan habilidades cognitivas en nosotros. Un gran porcentaje del contenido en las redes está sumamente cargado de violencia y se ve reflejado en el comportamiento de los pequeños y los adolescentes.

Normalizamos en uso de las redes y entonces parece saludable que un jovencito pase cinco horas consumiendo YouTube en su tableta sin que se mueva de la cama o el sillón. Parece que olvidamos cómo crecimos los adultos y todo lo que hacíamos para divertirnos sin internet, gadgets o televisión.

Lo cierto es que en las aulas de clase hay menos creativos y lectores, lo que convierte al estudio en algo mucho más pesado de lo que debería ser. Tampoco hay pensamiento crítico y parece ya normal el entregar trabajos con párrafos de un sitio de internet y de otro, otro sin que alguna parte del contenido sea auténtica. Los jóvenes se indignan porque los trabajos se anulan y reprochan que éstos se revisan en su totalidad dejando al descubierto su gran plagio, donde en ocasiones el contenido no corresponde a la consigna por un pequeño detalle: no leen las instrucciones ni el material que “consultan” en las redes.

La lectura no es únicamente responsabilidad de la escuela sino también de los padres. Hay excepciones donde los niños leen aun si sus padres no lo hacen, son casos aislados mientras la mayoría necesita ser guiado o aprender de manera inconsciente, tal como muchos lo hemos hechos.

En la pasada Feria del Libro me observé a decenas de estudiantes de primaria y secundaria caminar entre los pasillos donde los expositores exhibían sus libros. La minoría compraba libros mientras los otros disfrutaban plácidamente el paseo. Lo que es preocupante es que a los profesores custodios no les llamaban la atención los libros en lo absoluto. No es posible que existan profesores cero lectura, cuando no leen pierden la oportunidad de continuar aprendiendo, tener conocimientos frescos, actualizarse continuamente sino que empobrecen la enseñanza-aprendizaje en los alumnos, limitan sus habilidades y no forman lectores.

Si bien es cierto todos estamos ocupados y distraídos por las redes en la actualidad pero como individuos tenemos la capacidad de decidir si impulsamos el conocimiento e incrementamos el estatus intelectual de nuestro país o nos dormimos en nuestros laureles y, por no batallar con los hijos o los alumnos, evitamos completamente la lectura.

Los pretextos para no leer son grandes, los libros son caros, no tengo tiempo sin embargo, se invierte tiempo en chismear en Facebook, Instagram y ver episodios de una y otra cosa en YouTube. Con respecto al costo de los libros ¿Cuánto se gasta mensualmente en rentas y compras de aplicaciones de manera mensual o anual?

Como buenos mexicanos vivimos de pretextos sin reconocer que realmente no leemos y que si dividimos el porcentaje de las encuestas de 2.1 libros leídos por cabeza llegamos a la triste realidad de que, aún si algunos nos esforzamos por leer más de 12 libros al año nuestra lectura per capita se reduce a 10 cuartillas anuales y ni la postura hipster nos ayuda.

No adquirimos conocimiento de la mejor manera, pues no todos los sitios de internet son sociales y por medio de las redes se confunde la realidad con lo “publicable”. Nos quejamos de la manera en cómo nos gobiernan pero pocos son los que se cultivan en materia política para reclamar y nadie los sigue en realidad. Se comenta un video o un texto publicado en un muro, mas no con conocimiento de fondo o forma sino sólo superficialmente. Se están acabando los críticos y sin seres pensantes ¿qué hará México?

La lectura no es únicamente un acto de placer sino de supervivencia, los lectores tienen más habilidades para solucionar situaciones diversas en la vida que quien no lee. Los lectores critican el contenido de los programas de televisión, los canales de YouTube y consumen contenido limitado y no tan absurdo. Por ejemplo, un niño de nueve años (guiado por sus padres en la lectura) no es fan de los Polinesios ni cree todo lo que se publica en las redes por lo que son menos propensos a realizar los absurdos retos promovidos por Facebook y otras redes.

Persuadir para crear lectores es lo que necesitamos además de dar ejemplo de ello. Naturalmente existen profesionales de la educación y padres de familia a quienes no les importa leer y tampoco lo creen necesario sin embargo, si observamos la situación actual de México y la de los países desarrollados podemos encontrar que la diferencia entre ellos y nosotros es simplemente la lectura.

La propuesta para los adultos es auto regular el tiempo que pasamos en las redes y para nuestros hijos es el reducirlo a un consumo moderado con la conciencia de que es en su mayor beneficio el jugar y recrearse en la lectura.

Tal como en las redes hagamos el reto lector, disminuyamos 20 minutos de uso de redes y leamos 20 minutos más diario. Aprendamos a seleccionar qué y cuánto leemos para así, la próxima feria del libro, triplicar las inversiones en libros y continuar con una verdadera Feria del Libro pues reconozcámoslo, pasó de ser de pueblo a una con mayor presencia que puede ya competir con otras ciudades.

Leamos, leamos, leamos, leer no emboba, no distrae, no causa tendinitis, además la mayoría de los libros son más económicos que los videojuegos y las aplicaciones.

Y tú ¿quieres un México lector?

 

Laus Deo

 

@paulanajber

 


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Paula Nájera

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