Opinión

Gonzalo Martínez Corbalá / Taktika

 

 

Colegio de Estudios Estratégicos y Geopolíticos de Aguascalientes, A.C.

 

Santiago de Chile. 14 de septiembre de 1973. El Palacio de la Moneda es una ruina humeante, verbigracia de los aviones Hawker Hunter de la aviación golpista. En su interior, el presidente Salvador Allende Gossens se ha suicidado con un fusil de asalto AK-47, regalo de Fidel Castro. Mientras tanto, miles de librepensadores e izquierdistas son detenidos a punta de bayoneta y enviados al Estadio Chile, en donde son torturados y ejecutados. Ejemplo de ello es el cantautor Víctor Jara.

Sin embargo, hay un rayo de esperanza: en la calle Pérez Valenzuela tremola, digna, la bandera tricolor con el águila azteca. Cientos de chilenos se agolpan ante la embajada de México, tratando de escapar de la barbarie golpista. Un hombre alto, de tez blanca, los reconforta y anima. Asimismo, hace frente, armado sólo con el derecho internacional, a la jauría desatada por Augusto Pinochet. Ese diplomático es Gonzalo Martínez Corbalá.

Las escenas arriba mencionadas sirven como prólogo al presente artículo, el cual tiene por objetivo explicar por qué Gonzalo Martínez Corbalá es un ejemplo para quienes nos dedicamos al estudio, análisis y la práctica de la política exterior de México.

La política exterior de México ha tenido por prioridad los siguientes objetivos: primero, la defensa de la soberanía nacional y la integridad territorial. Durante la Intervención Francesa (1862-1867), Matías Romero promovió la postura del gobierno de Benito Juárez en los Estados Unidos y Jesús Terán Peredo fue el hombre clave de la diplomacia juarista ante las cortes europeas.

Segundo, promover la solución pacífica de controversias y el rechazo al uso de la fuerza como instrumento en las relaciones internacionales. Aquí destaca, como un don Quijote erguido, el embajador emérito Alfonso García Robles, quien logró la desnuclearización de América Latina mediante el Tratado de Tlatelolco, hecho que le valió el Premio Nobel de la Paz.

Asimismo, es digna de encomio la labor de Narciso Bassols quien, atendiendo las instrucciones de Lázaro Cárdenas, se opuso, en 1935, a la invasión de la Italia fascista a Etiopía. Por último, Isidro Fabela quien rechazó en la Sociedad de las Naciones, en marzo de 1938, la anexión de Austria por la Alemania nazi.

Tercero que México sea un refugio para los humillados, los proscritos, los derrotados del orbe: el asilo concedido en 1937, gracias a las gestiones de Anita Brenner y Diego Rivera, al revolucionario ruso León Trotsky; el acto quijotesco efectuado por Luis I. Rodríguez, en 1940, de cubrir el féretro del presidente de la República española, Manuel Azaña, con la bandera mexicana para evitar que el bestiario franquista hiciera escarnio de su cuerpo; y la titánica labor de Gilberto Bosques, el “Schindler mexicano”, quien salvó a miles de alemanes, austríacos, españoles y judíos de las garras de la Gestapo durante la Segunda Guerra Mundial.

El escribano escuchó en su niñez a su padre, Héctor de Velasco Dávila, que hubo un hombre que encarnó la tradición de rescatar a Les Damnés de la terre (“los condenados de la tierra”): Gonzalo Martínez Corbalá.

Gonzalo Toribio Martínez Corbalá nació, en 1928, en la ciudad de San Luis Potosí. Sus estudios de ingeniería civil los realizó en la Universidad Nacional Autónoma de México. Desde su juventud se unió al Partido Revolucionario Institucional y se identificó con la ideología izquierdista, teniendo como ejemplo a la esfinge purépecha: el general Lázaro Cárdenas del Río.

Martínez Corbalá tuvo su primer puesto relevante en la política cuando fue diputado federal. Sin embargo, sus momentos estelares vendrían en la representación de los intereses de México en el extranjero.

Fue embajador de México en Cuba, en donde trabó amistad con el dictador Fidel Castro. Posteriormente, fue designado representante de México en Chile, pues el entonces mandatario Luis Echeverría Álvarez, la hiena de Tlatelolco, sentía especial afinidad por el mandatario de ideología socialista: Salvador Allende Gossens.

Allende y su esposa, Hortensia Bussi, se identificaron con Martínez Corbalá. El potosino fue artífice de la visita que Allende Gossens realizó a tierras aztecas, en donde fue sometido a una agenda maratónica por su anfitrión Luis Echeverría.

Cuando los vientos golpistas soplaban, impulsados desde Washington por Richard Nixon y Henry Kissinger, sobre Chile, Martínez Corbalá habló con Allende. En los días posteriores al golpe de Estado, ocurrido el 11 de septiembre de 1973, el embajador mexicano estableció contacto con la viuda de Allende, Hortensia Bussi.

Gracias a sus gestiones, Bussi y sus hijas: Beatriz, embarazada, Carmen Paz e Isabel salieron rumbo a México el 15 de septiembre. Martínez Corbalá cumplió su misión pero regresó a Chile para intentar rescatar al poeta comunista: Pablo Neruda. Sin embargo, los sicarios de Augusto Pinochet se adelantaron y Neruda falleció en circunstancias no aclaradas aún.

Martínez Corbalá regresó a México y ocupó varios puestos de representación popular, entre ellos la gubernatura interina de su estado natal. Deseó ser gobernador. Sin embargo, la presión popular frustró su candidatura a la gubernatura. Fue un final poco glorioso a tan distinguida trayectoria.

Los reconocimientos, no obstante, vendrían del exterior: Cuba le otorgó la Orden de la Solidaridad; España lo nombró Gran Caballero Gran Cruz de la Real Orden de Isabel la Católica; y Chile lo condecoró con la Gran Cruz de la Orden al Mérito.

En tiempos en que los aullidos y tuits de un payaso de medio tiempo llamado Donald Trump cimbran a nuestra economía. Es importante recordar que ha habido mexicanos que han llevado con dignidad los intereses de la patria en el exterior.

Aide-Mémoire. La situación en Cataluña raya en lo tragicómico; en Siria, la suerte de tres ciudades: Raqa, Deir Ez-Zor e Idlib determinarán el resultado final de la guerra.

 

 

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Soren de Velasco Galván

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