Opinión

Pemex: Alta traición / Memoria de espejos rotos

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A pretty face may last a year or two,

but pretty soon they’ll see what you can do.

The sound you make is music to my ears,

you must have learned something in all those years

Ah, how do you sleep,

ah, how do you sleep at night…

How do you sleep

– John Lennon

 

Me voy a permitir una cita larguísima. Es un fragmento del discurso que dictó el entonces presidente Adolfo López Mateos el 27 de septiembre de 1960, durante el acto protocolario de nacionalización de la industria eléctrica: “Les devuelvo la energía eléctrica, que es de la exclusiva propiedad de la Nación, pero no se confíen porque en años futuros algunos malos mexicanos identificados con las peores causas del país intentarán por medios sutiles entregar de nuevo el petróleo y nuestros recursos a los inversionistas extranjeros… Pueblo de México, los dispenso de toda obediencia a sus futuros gobernantes que pretendan entregar nuestros recursos energéticos a intereses ajenos a la Nación que conformamos. Una cosa obvia es que México requiere de varios años de evolución tecnológica y una eficiencia administrativa para lograr nuestra independencia energética… Pero para ello ningún extranjero necesita convertirse en accionista de las empresas públicas para apoyarnos… En México la Constitución es muy clara: los recursos energéticos y los yacimientos petroleros son a perpetuidad propiedad única y exclusiva del pueblo mexicano. El resto de las especulaciones al respecto son traición a la patria. Industrializar el País no implica una subasta Pública de nuestros Recursos Naturales, ni la entrega indiscriminada del Patrimonio de la Patria.”

Traigo a colación esta cita que -a pesar de sus 57 años de edad- sigue vigente, ya que la paraestatal petrolera nacional, a cotejo con el ideario nacional de López Mateos (del modelo posrevolucionario en el que se configuró el Estado Mexicano, y del sentido comunitario en general), ha cometido una alta traición, en dos sentidos: con las empresas transnacionales, por un lado; y por otro, con la delincuencia organizada del país; esto sin descartar el manejo discrecional de sus recursos y finanzas para favorecer a grupos políticos, en concreto los presuntamente ligados al PRI. Para dar cuenta de esto, es necesario repasar dos aspectos del mismo fenómeno: 1.- Hacia 2012, durante la campaña de Enrique Peña Nieto para la Presidencia de la República, el grupo constructor brasileño Odebrecht presuntamente sobornó a directivos de Pemex (incluido Emilio Lozoya, entonces director de la petrolera y operador de la campaña de EPN) a cambio de adquirir contratos de construcción de infraestructura petrolera con el energético nacional, en un modo de corromper que ya había realizado en otras naciones, con similares resultados: denuncias por corrupción e investigación y destitución a funcionarios de alto nivel. 2.- El auge del huachicol (el robo a ductos de combustible) comienza en 2012, año de la campaña y ascensión al ejecutivo federal de Enrique Peña Nieto. Este robo ha sido realizado por células emanadas de los cárteles de droga que han encontrado en este ilícito una forma de hacerse de cuantiosos recursos para abastecerse de armas y activos, además de ser usado en la compra de autoridades, y que se suma a los delitos ya habituales de la extorsión, el narcotráfico, y demás actividades que indispensablemente han necesitado de la corrupción pública para poder funcionar. Es decir, funciona fuera del margen del Estado.

La renuncia de Raúl Cervantes a la Procuraduría General de la República implica una bomba de tiempo en la política nacional por, al menos, dos causas: el nombramiento del titular de la Fiscalía General de la Nación, suceso que nos había puesto en un impasse legislativo luego de que la oposición rechazara el llamado “pase automático del #FiscalCarnal”, rechazo dilatado por los conflictos internos en el PAN y la posterior construcción del Frente Amplio. La segunda causa es, justo, el caso Odebrecht; luego de la renuncia de Cervantes, se supo que el expediente de la constructora brasileña estaba ya prácticamente finalizado y que en muy poco tiempo la PGR estaría en condiciones de hablar públicamente del tema. En este sentido, hubo trascendidos que embarran en la corrupción de Odebrecht, además de los ya sabidos priístas como Lozoya (cuya acción alcanzaría al propio presidente EPN), a distintas figuras de los partidos de oposición (concretamente importantes perfiles del PAN y PRD). En ese sentido, el peso cae sobre Alberto Elías Beltrán, el encargado de despacho de la PGR. Él mismo llevó gran parte de la indagatoria del expediente Odebrecht en tanto ha fungido como Subprocurador Jurídico y de Asuntos Internacionales, oficina que llevó la investigación de las ligas transnacionales del caso. El tiempo corre en contra y -no sólo en el PRI, sino también en Pemex- saben que la declaratoria oficial sobre el expediente Odebrecht puede hundir a varias cabezas.

Una de las entidades que (junto a Tamaulipas y Puebla) tiene más agravado el problema del huachicol es Guanajuato. Ahí se había fortalecido la presencia del Cártel Jalisco Nueva Generación, de los remanentes de los Zetas, y de grupúsculos pequeños y más o menos neófitos que disputaban no sólo la extracción ilegal, sino el transporte, almacenamiento, y venta del combustible robado. Ante este escenario, surge otro grupo local, un atajo de bribones, que se hacen llamar “El Cártel del Marro”, y cuyo líder (un tal José Antonio Yepes de la Cruz, alias ¿cómo no? el Marro) recién viralizó un video en el que se le ve acompañado de unos 50 de sus orangutanes, la mayoría bien armados, en el que invita al Cártel Jalisco Nueva Generación a salir de Guanajuato, mediante esta insigne proclama: “Los vamos a sacar a la mierda de aquí de nuestro estado, culeros. Y en cuando quieran aquí estamos, hijos de su puta madre, y arriba Guanajuato”. Al finalizar el video, los barbajanes armados disparan al aire y festejan. De acuerdo con Pemex, el Cártel del Marro este año ha afectado a la petrolera por un monto cercano a los 21 mil millones de pesos que han ido a parar al financiamiento de armas, vehículos, insumos tácticos, bodegas de almacenamiento, equipamiento técnico para la extracción, pago a matones y ladrones, y -por supuesto, aunque esto no lo declara abiertamente Pemex- la compra de autoridades y personal de ingeniería para poder operar el hurto. Según la petrolera, en sólo lo que va del año, en el país han logrado recuperar 11 millones de litros de combustible robado (su precio comercial asciende a -cuando menos- 192 y medio millones de pesos), sin contar el combustible efectivamente robado que no se ha podido recuperar en el país, sólo en 2017. Como se ve, es un negocio sumamente lucrativo cuyo magnetismo no exime a políticos o funcionarios. Y esto sólo por repasar a Guanajuato; otras entidades, como Puebla o Tamaulipas, están igual o peor. Aquí también Pemex nos ha fallado, ya que es imposible el huachicol sin la coparticipación (por acción u omisión) de la paraestatal, y su personal.

En más de Pemex, su titular José Antonio González Anaya (nombrado luego de la penosa destitución de Enrique Lozoya Austin) compareció ante la Comisión de Energía de la Cámara de Diputados, a la que fue para decir -básicamente- que todo bien, eh, que la nave se hunde, pero sin aspavientos. Afirmó que la situación financiera de Pemex es “estable, pero mejorable” (vaya eufemismo) pero sin abundar ni en uno ni en otro de los temas que se han comentado en esta columna: Odebrecht y el huachicol. Son botas de plomo las que usan actualmente en Pemex, porque saben que -de uno u otro tema- les estallará la bomba más tarde que temprano. No sólo en Pemex, sino en todo el PRI y en sectores de la “oposición” quieren ver ambas bombas con la misma cautela que tuvieron los monjes bizantinos al arribo de la hueste otomana en Istambul: ver para otro lado mientras arde el mundo.

Como fuese, Pemex, sus directivos, y los grupos políticos asociados a estos intereses corruptos, han traicionado al interés nacional, y -en ese sentido- deberán ser juzgados, ya si no por la ley, al menos por los medios, por los electores, para que quede grabada la negra memoria de su actuar. 2018 está a la vuelta de la esquina, y muchos están nerviosos por la culpa.

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