Opinión

Todos somos todos / Debate electoral

Cuando de valores se trata, resulta prioritario el trabajo con la niñez y la juventud, y si atendemos al principio que señala que el ejemplo arrastra, nos vemos forzados, como adultos, no solamente a enunciar o definir el valor, sino a practicarlo en la medida de lo posible, a fin de que se vaya inculcando en aquellos sobre los que tenemos ascendencia.

En las veces que he tenido la posibilidad, por cuestiones laborales ya de manera directa o indirecta, de trabajar con niñas y niños en programas de educación cívica y ciudadana, fui consciente de la dificultad que implica el proceso de enseñanza-aprendizaje de los valores democráticos, desde la definición misma. Conceptualizar, por ejemplo, el respeto, no debería tomarnos más de cinco minutos en acudir a un buen diccionario y leer la entrada, digerirla y comprenderla… y luego ¡transmitirla!

Siguiendo con el ejemplo, de la sencilla definición de respeto, no nos ayuda mucho a la explicación: “Sentimiento que lleva a reconocer los derechos, la dignidad, decoro de una persona o cosa y a abstenerse de ofenderlos”. ¿Y cómo explicar ese valor a un niño a partir de su definición? No nos queda más que hacerlo a través de ejemplos, ajustados a su edad claro está. Respeto por los adultos, respeto a sus congéneres, respeto a la naturaleza.

La cosa se complica cuando hablamos de valores no tan comunes, si se me permite la expresión. Ahorita está de moda la tolerancia y quizá podamos poner un ejemplo acorde a la edad de nuestro público. Pero imaginen ustedes ejemplificar el valor del patriotismo, tan devaluado y carente de ejemplos vivos hoy en día.

Volvemos al método. La definición según el diccionario del patriotismo “calidad de patriota: que ama ardientemente a su patria y quiere serle útil”. Y las imágenes más recurrentes, como para ejemplificar la entrada, son multitud de banderas, niños, soldados, niños y soldados haciendo honores a la bandera, y así. ¿Y ahora? ¿Cómo explicar el patriotismo? Diciéndoles a los niños que patriota es aquel que está en posición de firmes y muestra respeto a nuestra enseña nacional. Perfecto. ¿Y en su vida cotidiana?

En ese embrollo nos encontramos todos los días, sobre todo porque, como lo mencioné antes, el ejemplo arrastra, y mientras no ejercitemos el valor del patriotismo en nuestra cotidianidad, será muy difícil que nuestros hijos hagan suyo ese valor.

El miércoles pasado fuimos testigos de un acto de patriotismo en la vida diaria, relacionado con la materia electoral. Es menester señalar que este asunto se materializó en la sentencia a un procedimiento que realizó la Sala Superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, máximo órgano de justicia en la materia en el país.

A través de un Juicio para la Protección de sus Derechos Político Electorales, un ciudadano acudió ante el máximo órgano de justicia electoral del país, para solicitar el reconocimiento de su derecho, como mexicano, a integrar una de las autoridades electorales que se encuentran establecidas en la Constitución. Como es del conocimiento general, para el día de las elecciones, quienes cuentan los votos que emiten los ciudadanos en las casillas electorales, son los propios vecinos de la demarcación conocida como sección electoral. Ese día se integra esa autoridad colegiada, de funciones específicas y claramente establecidas en la ley, que permite tener la certeza por parte de los votantes, de que su voluntad decisoria se encuentra en manos de una autoridad efímera, que se conduce con absoluta imparcialidad y que es vigilada por los actores en la contienda.

Para poder integrar esas Mesas Directivas de Casilla aleatoriamente, de manera tal que no se ponga en riesgo la imparcialidad, la autoridad electoral sortea un mes del año para que seamos los nacidos en ese mes quienes acudamos a las capacitaciones que se brindan y, una vez cubiertos los requisitos formales, podamos servir como funcionarios electorales el día de las votaciones.

En su denuncia, el ciudadano demandaba de la autoridad el reconocimiento de su nacionalidad como mexicano, pues la ley establecía como requisito para poder ser funcionario el hecho de ser mexicano por nacimiento y que no se adquiera otra nacionalidad. Él, nacido en Venezuela pero radicado en México, profesionista, exitoso en su ámbito laboral, era automáticamente excluido de esa famosa insaculación de ciudadanos que se realiza para determinar, por el azar mismo, a quienes habrán de presentar servicios electorales en las casillas, sin otra razón más que la fortuita de haber nacido fuera de nuestro territorio nacional.

Nunca me ha gustado emplear los términos “ciudadanos de primera y ciudadanos de segunda”, pero en este caso, él es quien escogió también ser mexicano, paga sus impuestos aquí, tiene obligaciones como cualquiera, pero no los mismos derechos, lo que lo convierte en un claro ejemplo de ciudadano, sí, pero de otra categoría.

Su ánimo no va más allá de que se reconozca la posibilidad de que si por fortuna (nunca mejor dicho) el azar hace que el mes de agosto sea el resultante en el sorteo que realizará la autoridad, él pueda entrar en la misma bolsa que otros tantos miles de afortunados y con ello, en el mejor ejemplo de patriotismo, demuestre el amor que le tiene al país que no le vio nacer, pero sí le vio crecer y transformarse en el ciudadano que es hoy, y serle útil como funcionario de casilla, una forma que, en su sencillez misma, la mayoría desprecia por flojera y con total desconocimiento.

La Sala Superior, en un contexto de globalización y maximización de derechos que vivimos en la actualidad, acaba de reconocer que ciudadanos con doble nacionalidad pueden integrar Mesas Directivas de Casilla, pues la restricción de ser mexicano por nacimiento sin adquirir alguna otra nacionalidad es injustificada y vulnera derechos político electorales, así como los principios de igualdad y no discriminación.

Amén del buen ejemplo de patriotismo, acciones como esta permiten establecer que no somos ciudadanos de primera por encima de ciudadanos de segunda. Sino que, en el mejor de los ánimos fraternos y de igualdad, todos somos todos.

/LanderosIEE | @LanderosIEE

 

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Luis Fernando Landeros

Luis Fernando Landeros

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