Opinión

Democracia e innovación / El peso de las razones

 

Una posibilidad para afrontar las críticas y los retos para la justificación de la democracia es que el conocimiento necesario para la toma de decisiones se pueda difundir y democratizar. Resulta de sumo interés estudiar la manera en la cual -de ser posible- podría democratizarse el conocimiento. Cuál es la manera -por decirlo de otro modo- en la cual podemos educar a los ciudadanos en y para la democracia, así como determinar qué conocimientos, aptitudes, virtudes e información son relevantes para la práctica democrática. También se vuelve importante determinar cómo el conocimiento puede contribuir a la democracia.

La democratización del conocimiento puede llevarse a cabo a través de distintas vías, entre las cuales podemos señalar las que tiene lugar a través de la participación del usuario en los procesos de innovación y que consiste en la difusión del conocimiento a amplias capas de la población. Eric von Hippel entiende la democratización de la innovación como la participación del usuario en los procesos de invención e innovación a través de la innovación abierta, dando protagonismo a lo que él llama el usuario líder. Es habitual que haya intereses contrapuestos entre usuarios y fabricantes, así para los primeros lo prioritario es satisfacer sus necesidades a un precio asequible, en cambio para los segundos lo importante es que las innovaciones les reporten ganancias. La democratización consiste en que las políticas de innovación apoyen al usuario en primer lugar y no a los fabricantes, ya que no hacerlo así y concentrar la innovación en pocas manos es no sólo injusto, sino ineficiente. No cabe duda de que la intervención de los usuarios es una forma de democratizar la innovación, pero ni es la única ni es suficiente, ya que intervienen otros factores que hay que tener en cuenta a la hora de poner frente a frente democracia e innovación.

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Entre estos otros factores están las tecnologías de la información y la comunicación de que disponen los colectivos a los que van dirigidas las innovaciones en cuestión. La llamada brecha digital es un indicador de hasta qué punto un determinado logro se hace accesible al conjunto de la sociedad. Por poner algún ejemplo, E.M. Rogers brinda unos datos que corroboran lo que denomina brecha digital (the digital divide). Rogers señala que en 2001 en el mundo había 450 millones de usuarios de Internet, pero si nos detenemos en diversos países nos encontramos con los siguientes datos: Norteamérica 479 por mil habitantes, Europa occidental 218 por mil habitantes, América Latina 21 por mil habitantes, Asia 17 por mil habitantes y Oriente medio/África 7 por mil habitantes. En el conjunto del mundo 52 por mil habitantes.

Respecto a la difusión del conocimiento y de las innovaciones, Rogers y Shoemaker abordan la difusión desde una perspectiva cultural, aportando numerosos casos para ejemplificar los distintos factores que intervienen en la difusión de innovaciones y los problemas con los que se pueden encontrar para su aceptación. Algunos se refieren a hábitos cotidianos como el hervir agua en situaciones en que no hay canalización del agua, lo cual supone un problema de salud pública. Este es el caso de un pueblo peruano, Los Molinos, en el que se pueden ver las dificultades para introducir esta innovación entre sus habitantes. Otros ejemplos más estructurales son la mecanización en la agricultura en Turquía y la introducción de la enseñanza programada en varias escuelas de Pittsburg, en ambos casos con consecuencias positivas y negativas. Los estudios de caso aportados por Rogers y Shoemaker ponen en evidencia tanto la importancia de la difusión de las innovaciones como el que se tenga en cuenta el contexto sociocultural en el que van a implantarse. Rogers y Shoemaker proponen el paradigma del proceso de decisión de innovar con una serie de fases: la de conocer, la de persuadir, la de decidir y de confirmar. En resumen, el proceso de decisión de innovar es el proceso mental de pasar un individuo desde la primera noticia de una innovación hasta la decisión de adoptar o rechazar la novedad, y, posteriormente, confirmar la decisión.

Finalmente, otro punto importante es el que está relacionado con el manejo del producto innovador, sean artefactos tecnológicos en todas sus variedades o bien instrucciones para llevar a cabo determinadas acciones. De nuevo, volvemos al usuario, pero en este caso desde la perspectiva de sus capacidades cognitivas, es decir, hasta qué punto el diseño revertirá positiva o negativamente en el esfuerzo cognitivo del usuario en función de la transparencia y opacidad de dicho diseño.

 

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Mario Gensollen

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