Opinión

El cuadrilátero / Taktika

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Colegio de Estudios Estratégicos y Geopolíticos de Aguascalientes, A.C.

 

Tokio, Japón. 6 de noviembre de 2017. Con su rostro impasible, inexpresivo el primer ministro del Japón, Shinzo Abe, voltea a ver a su infausto huésped: el presidente Donald Trump. Abe espeta: un “orden marítimo que sea libre y abierto es importante para la paz y la prosperidad de esta región, y concurrimos en fortalecer nuestra cooperación para realizar un Indo-Pacífico libre y abierto”.

El energúmeno neoyorquino, después de colmar de elogios a su anfitrión, responde: “Como ustedes saben, esta es mi primera visita a la región Indo-Pacífica como presidente”. En los días posteriores, Trump repetirá, ad nauseam, que los Estados Unidos están en “el corazón del Indo-Pacífico”.

La escena arriba mencionada sirve como prólogo al presente artículo, el cual tiene por objetivo explicar qué es y en qué consiste el Diálogo de Seguridad Cuadrilateral, apodado el Cuadrilátero, y también conocido como la Estrategia Indo-Pacífica.

En 2007, preocupado por la distracción estratégica que había representado las aventuras bélicas de George W. Bush, el texano tóxico, en Afganistán e Irak y por la creciente importancia geoeconómica y geoestratégica de China, el primer ministro del Japón, Shinzo Abe, propuso una iniciativa que comprendiera a: Australia, India, Japón y los Estados Unidos.

El brío en cuestión, bautizado como Diálogo de Seguridad Cuadrilateral, pretendía crear, en las palabras de Shinzo Abe, “un arco asiático de democracia” que, además de los miembros del Cuadrilátero, comprendería al Asia Central, Corea del Sur, Mongolia y otros países del sureste de Asia. Es decir, “virtualmente todos los países en la periferia de China, excepto China misma”. Finalmente, en el verano de 2007, Australia, India, Japón y la Unión Americana realizaron un parte de ejercicios navales.

China, esa “civilización que pretende ser un Estado” (John King Fairbank y Lucian Pye dixit), preguntó a la India, en un tono muy diplomático, “si el Cuadrilátero era parte de alguna iniciativa contra Beijing”. Los indios respondieron que no, pero los chinos, con su experiencia milenaria, no se chuparon el dedo.

Beijing respondió al más puro estilo del bardo de la mexicanidad lastimada, José Alfredo Jiménez: “No me amenaces, ya estás grandecita, ya entiendes la vida, ya sabes lo que haces”. El primer objetivo de la furia china fue Australia. La patria de los canguros y los koalas tiene como primer socio comercial a China.

Los australianos fueron sometidos a una sutil presión china. Por lo tanto, el ministro de Asuntos Exteriores de Australia, Kevin Rudd, convenció a su gobierno de retirarse del Cuadrilátero. La decisión de Canberra, tomada sin consultar a Washington, causó escozor entre los estadounidenses.

Sin embargo, el cambio de estafeta en Canberra motivó un renovado interés por el Cuadrilátero: la entonces primera ministra, Julia Gillard, decidió acoger a los infantes de marina estadounidenses en la ciudad de Darwin y vender uranio a la India. Sin embargo, y pesar del “pivote a Asia” de Barack Obama, el Cuadrilátero hacía rounds de sombra en las cancillerías de los países involucrados.

Con la llegada de Trump al poder, Shinzo Abe se sintió envalentonado y, aprovechando la gira asiática del neoyorquino, logró convencer a sus pares de tratar de resucitar al Cuadrilátero. El primer síntoma fue la reunión informal de Narendra Modi (India), Malcom Turnbull (Australia) y Donald Trump durante la cumbre de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN, por sus siglas en inglés).

Los jefes de gobierno se han reunido para hacer resurgir al Cuadrilátero, pero qué opinan los expertos. El siguiente cuadro lo explica:

 

TABLA DE OPINIÓN SOBRE EL CUADRILÁTERO

Comentarista Opinión
Rohan Mukherjee,

profesor de Ciencias Políticas, Universidad de Yale

“Beijing está en una mejor posición de minar la visión Indo-Pacífica”
Garren Mulloy,

profesor de Relaciones Internacionales, Universidad de Daito Bunka

“Australia y Japón, en particular, se sienten decepcionadas de Trump, pues él se retiró del Acuerdo de Asociación Transpacífico y ellos han estado buscando un ¨tercer foro¨ en donde puedan reunirse y retomar la iniciativa”.
Yoichi Shimada, profesor de Relaciones Internacionales, Universidad Fukui “Es importante que tengamos una alternativa a las ideas de China porque los países pudieran unirse a su plan y Beijing pudiera fácilmente cambiar esos planes en su beneficio”.

Fuente: elaborado por el autor con datos tomados de: Asia Times y Deutsche Welle.

 

Si los miembros del Cuadrilátero realmente desean ser un contrapeso de China, deberán convencer a Donald Trump de ir más allá de las palabras, pues una cosa es que el neoyorquino repita, como loro amaestrado, que su prioridad es la región Indo-Pacífica, y otra, muy diferente, que destine tiempo, dinero y esfuerzo en hacerla una realidad.

Finalmente, qué opina China sobre el Cuadrilátero: Beijing ha permanecido callado pero su silencio se puede resumir en la siguiente estrofa de una canción popular mexicana: “Pobre leña de pirul, que no sirves ni pa´ arder, nomás para hacer llorar”.

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