Opinión

Elgar, Mozart y Schumann en el cuarto concierto / Orquesta Sinfónica de Aguascalientes

El viernes pasado escuché a un Schumann que no conocía, en efecto, me resultó nuevo a pesar de haber escuchado esa sinfonía, la No.2 no sé cuántas veces, sin embargo insisto, este Schumann yo no lo conocía.

Estaba sumido en lo más intenso del primer movimiento de la sinfonía No.2 de Robert Schumann dejándome acariciar por los  encantos de su majestad la música. La Sinfónica sonaba genial, extraordinaria, la batuta del maestro Rodrigo Macías dibujaba sus trazos en el aire y estaba yo pensando una vez más, no sé cuántas veces lo he pensado, que dirigir es algo más que simplemente mover las manos, no deja de sorprenderme como el director logra sacar esos sonidos, porque ya lo hemos dicho, la orquesta es un instrumento musical y el director es quien lo ejecuta y volví a darme cuenta que a este Schumann yo no lo conocía. ¿Nunca te ha pasado que escuchas una obra musical cualquier cantidad de veces y de repente la vuelves a escuchar y le encuentras algo nuevo?, no sé, ¿oculto es la palabra?, no sé, algo que no sabes ni entiendes cómo es que había pasado desapercibido anteriormente.

Mira, fiel a mi costumbre, no sé si buena o mala, escuché durante la semana las obras programadas para este cuarto concierto y que cierra la temporada de la OSA en su sede, el Teatro Aguascalientes, la próxima semana tocan el León, y Elgar y Mozart se escucharon geniales, exquisitos, pero no me sorprendieron, no escuché nada nuevo, fueron tratados con la  dignidad que su genialidad merece, pero no me sorprendieron, muy cercano a lo que percibí en las grabaciones que escuché durante la semana, sin embargo Robert Schumann, este Schumann del 17 de noviembre de 2017, este Schumann como lo entiende el maestro Rodrigo Macías de verdad fue otra cosa.

Me gustó Elgar, te confieso algo, es uno de mis compositores favoritos. Me gustó el Mozart que nos propuso el maestro Macías, debo confesarte, a riesgo de que pidas mi cabeza, que no soy muy mozartiano que digamos, lógico, me gusta, ¿habrá a alguien que conocedor y sensible a la buena música le desagrade Mozart?, pero lo que escuché el viernes fue justamente lo que esperaba escuchar, ni más ni menos, de hecho, creo que con este trabajo cumplido de parte de nuestra orquesta y del director huésped, todos hubiéramos salido satisfechos del concierto, pero todavía faltaba lo mejor, y claro, durante el intermedio no esperamos nada nuevo, sino un trabajo cumplidor, tratar con dignidad a su majestad la música e irnos contentos a casa, pero el maestro Macías sacó esa varita mágica llamada batuta y todo cambió.

Pues sí, estaba yo embelesado escuchando el sostenuto assai – Allegro ma non troppo de la Sinfonía en do mayor de Robert Schumann cuando de repente se fue la luz, sí, a todos nos sorprendió, un evento inédito, según recuerdo, en los conciertos de la OSA, el escenario se quedó en penumbras y lógicamente la música se detuvo, los músicos no podían ver sus particellas ni al director, el maestro tampoco podía ver su atril, fue cómo una cubeta de agua fría, en una de esas heladas mañanas de invierno, pero bueno, estas cosas pasan, no están presupuestadas en el plan de trabajo pero suceden y no hay más qué hacer, se rompió el ritmo lo que sin duda fue lamentable, después de breves momentos, aún con algunos parpadeos en la luz, el concierto pudo continuar, yo temía que el evento hubiera roto la magia y lo delicioso de aquellos compases del primer movimiento viniera  menos pero por fortuna mis temores no tenían el menor sustento y la música continuó fluyendo con la misma intensidad, con la misma magia, con los mismos encantos con los que se inició. El maestro se puso de acuerdo con los músicos para ver a partir de qué compás habrían de retomar la sinfonía, todo fue en instantes, y la música continuó, vendrían todas esas sensaciones de las que ya te he comentado, esa sensación de que estaba escuchando algo nuevo y seguí así, sorprendido a lo largo de los cuatro movimientos de la Sinfonía No.2 en do mayor, Op.61 de Robert Schumann.

Me da la impresión de que yo no era el único que estaba atrapado por esa música, al terminar, la reacción del público fue estruendosa, emotivos aplausos con bravos espontáneos, muchos brincaron de sus asientos como si tuvieran un resorte, estoy seguro que muy pocos recordaban el apagón aquel, a estas alturas ya no tenía la menor importancia.

Este concierto continuó con la tendencia planteada por nuestro titular, el maestro José Areán, de programar de manera diferente a lo convencional, interesante sin duda, en este caso fue la Serenata para cuerda, Op. 20 en mi menor de Edward Elgar, la Sinfonía 25, K.183 en sol menor de Mozart y después del intermedio, la Sinfonía No.2 en do mayor, Op. 61 de Robert Schumann, como ya lo hemos comentado esta semana la OSA tocó con un director huésped, el maestro Rodrigo Macías, extraordinario su trabajo, nos entregó uno de esos conciertos que se quedan en la memoria.

La próxima semana la Orquesta Sinfónica de Aguascalientes se presentará en el Teatro del Bicentenario en la ciudad de León, Guanajuato a las 19:00 horas en un concierto que será dirigido por el maestro Areán en donde se interpretará el poema sinfónico Los planetas, Op. 32 de Gustav Holst, que si recuerdas, se interpretó aquí en el cierre de la tercera temporada de conciertos en el marco de la pasada Feria del Libro, si tienes oportunidad ve, estamos a poco más de una hora de León, vale la pena el viaje.

 

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Rodolfo Popoca Perches

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