Opinión

Freud, Cervantes y El Coloquio de los Perros / Alegorías Cotidianas

De Miguel de Cervantes Saavedra regularmente sólo escuchamos hablar de El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha sin embargo, la literatura cervantina es mucho más vasta, tal como lo leemos en los prólogos del Quijote Cervantes era poeta, dramaturgo y novelista.

En 1613, se leyeron por primera vez, las Novelas Ejemplares, doce novelas cortas escritas entre 1590 y 1612 donde Don Miguel de Cervantes narra, cómo en un anecdotario, sucesos acaecidos en la España que él recorría.

Se llaman “Novelas Ejemplares” pues tenían un tinte didáctico donde la moral prevalencia ante todo suceso. Cervantes presumía haber sido el pionero en escribir estas novelitas de estilo italiano en lengua castellana, mientras desconocía haber sido el primero en desarrollar el estilo de la novela moderna con su Don Quijote.

De estas doce novelas algunas aparecen, de manera más breve en El Quijote y las retomó por su valor moral y gracia para darles tratamiento, cuerpo hasta lograr conformar unas divertidas novelas cortas.

El día de hoy hablaremos de una en particular, la última en aparición según el índice: El Coloquio de los Perros.

El Coloquio de los Perros, tal como su nombre lo indica, tiene como protagonistas a dos canes, Cipión y Berganza, dos perros que servían a varios amos y por ello tenían muchas anécdotas.

Cipión y Berganza no eran perros incultos, sino por el contrario eran doctos, pues algunos de sus amos escuchaban clase en la universidad y ellos aprendían de lo dictado en las cátedras, además de que algunos de sus amos les hablaban en buena lengua castellana.

Cipión y Berganza vivían en el Hospital de la Resurrección en Valladolid, España, y también hacían mandados a algunos amos. Lo más extraordinario de estos personajes es que por las noches pueden hablar en lengua castellana y no perruna lo que permite, gracias a la pluma de Cervantes el conocer a sus no tan virtuosos amos.

Digamos que Berganza tenía la necesidad de ser escuchado y un poco aconsejado por lo que, le cuenta a Cipión lo que había vivido con algunos de sus amos. Al Berganza desahogarse de sus penas y confusiones Cipión juega, el moderno papel, de psicólogo.

La novela es un gran diálogo donde sólo intervienen tres actores, los protagonistas y el lector. Es la gran oportunidad de participar de manera pasiva en un relato, tal como quien los descubre, el paciente Campuzano.

Campuzano, un paciente del Hospital la Resurrección, escucha hablar a nuestros protagonistas y es quien da a conocer el diálogo entre éstos. La veracidad del coloquio queda siempre en entre dicho, pues el paciente que los escucha sufría de sífilis y puede que las altas fiebres le hayan confundido un poco.

La pregunta siempre será ¿de qué hablan los perros? y ¿si comentan algo de nosotros entre ellos? teniendo como protagonistas a dos perros guardianes y no a un par de malandros, la lógica de la narrativa se convierte en un efecto mágico de la escritura cervantina.

Decíamos que, Cipión es como el psicoanalista de Berganza y eso nos lleva directamente al padre de dicha especialidad, Sigmund Freud. Muchas son las evidencias que de Cervantes hay en Freud quien, desde pequeño fue un ávido lector. A los 9 años había leído ya a Shakespeare y lo citaba con un extraordinario acento inglés, muchas años después, durante todo su noviazgo con Martha Bernays, descubrimos que el autor que lo cautivaba y hacía disertar era Miguel de Cervantes Saavedra.

Freud leyó varias veces El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, y gracias a esta novela fue que aprendió español pues quería leerla en lengua cervantina, sin embargo, la obra que tenía al lado de su cama no era precisamente la del caballero andante sino El Coloquio de los Perros.

La realidad alterna o ficticia de la pluma cervantina cautivo al padre del psicoanálisis e inclusive se cree que, de no haber sido por los personajes creados por el Manco de Lepanto, no habría tal rama de la psicología.

Lo que podemos encontrar es que Don Quijote, como Freud, vivió situaciones donde debió ser aceptado y confirmar su existencia el primero por ser un caballero, el segundo por ser judío.

Desde la perspectiva de Cipión y Berganza, Freud tuvo que cambiar de residencia en varias ocasiones por causa de la guerra y hablar una lengua que sólo comprendían en casa pues su padre siempre les llevo a no perder sus tradiciones judías.

Como escritor y lector, Freud como Cervantes sufrió el exilio, debió en él recrear su libertad y realidad para sobrevivir, sabiendo que por su origen podría estar sujeto a muerte en cualquier momento.

Tal como lo hizo Sigmund Freud, lo invitó a dejarse cautivar por la lengua cervantina, disfrutar esas páginas llenas de magia y reflexión.

El Coloquio de los Perros es una novelita fascinante, perfecta para comenzar a leer a Don Miguel de Cervantes Saavedra si es que el volumen de páginas de Don Quijote le provoca respeto, además lo puede encontrar en html o en audio libro en el sitio de cevantesvirtual.

Disfrute su próxima lectura cervantina.

Laus Deo

@paulanajber

 

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Paula Nájera

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