Cultura

Futbol, una pasión que ha logrado construir grandes mitos | Entrevista a Víctor Hugo Ortega

  • Entrevista a Víctor Hugo Ortega, sobre el libro de cuentos Elogio del Maracanazo
  • Hay historias que tienen que contarse con la errancia del lenguaje básico y complejo que es la oralidad

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Víctor Hugo Ortega, autor.

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Hablar de futbol es hablar siempre de polémicas, de discusiones largas que nunca parecen tener fin. Pero es que justo la pasión que levanta el juego también nos habla de su dimensión épica, narrativa. El futbol se habla, el futbol se cuenta y el futbol ha generado sus propios mitos y leyendas. Algunos más grandes, algunos bochornosos, alrededor del futbol giran muchos sentimientos, muchas ideas, muchos símbolos que sin duda aún no alcanzan a ser tocados o asimilados aún por el capitalismo, que en los últimos años se ha apoderado del juego. Sin embargo, la pasión popular que levanta el futbol siempre ha sido vista con suspicacia por ciertos grupos intelectuales de América Latina. Una visión, que sin embargo ha ido cambiando a lo largo de los años, tras el acercamiento que diferentes autores han tenido con el juego. Los nombres de Juan Villoro, Martín Caparrós o Eduardo Galeano se han sumado a una lista de escritores latinoamericanos que han buscado acercarse y entender porque el futbol es el deporte que más pasiones levanta en buena parte de América Latina.

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Una pasión que ha logrado construir grandes mitos deportivos que han trascendido las fronteras y la historia. Como el caso de la derrota de la selección de Brasil en su estadio, el mítico (valga aquí la redundancia) Maracaná en la final del Mundial de 1950, a manos de la selección de Uruguay por dos goles contra uno. Una terrible derrota para Brasil. Una victoria gloriosa para Uruguay, que aún vive recordando que le ganaron a la poderosa selección de Brasil, a la que todo el mundo daba como virtual ganadora. Este partido es un mito del futbol en sí mismo: el “Maracanazo”. La victoria del débil contra el poderoso, el David contra Goliat futbolístico. Y esta historia es la que le da pie a libro de cuentos del escritor chileno Víctor Hugo Ortega, Elogio del Maracanazo, publicado en México por la editorial Librosampleados. El viaje de dos amigos chilenos para conocer al autor del segundo gol de Uruguay, el gol del triunfo, Alcides Ghiggia, es la punta de lanza de un libro conformado por diez cuentos que nos habla desde la óptica del hincha, del amigo, del familiar que disfruta y se apasiona con el futbol. Porque los nueve cuentos que conforman el libro están centrados en el futbol, pero pocas veces hablan o se refieren al juego en sí. Nos hablan del entorno, de la amistad, de las alegrías, de las tristezas, de los recuerdos, que se desarrollan en torno al futbol. La mayoría de los personajes que protagonizan los cuentos son eso, hinchas, aficionados, gente para la cual el futbol determina muchas cosas en su vida: “El cuento tiene su origen en un viaje que hice con mi amigo Gonzalo Requena a Uruguay, en el 2012, que entre otras cosas tenía como objetivo ir a conocer a Alcides Ghiggia, que en esa época era el último sobreviviente del Maracanazo de 1950. Lo veo ya como un viaje lejano en el tiempo, pero cuando me acuerdo, lo primero que se me viene a la cabeza fueron las cosas menos turísticas que hicimos, como estar conversando en la Rambla sobre tonterías o de qué íbamos a hablar con Ghiggia. Cuando esto estaba sucediendo, yo no sabía que iba a escribir el cuento. Eso vino después cuando me puse a escribir un libro de futbol y me faltaba un motor central. Ahí fue cuando ese viaje futbolero pasó a ser un viaje literario. Quizás por eso que el cuento tiene poco futbol y más de lo que está fuera del futbol, cosa que recién puedo pensar con más calma ahora. Por mucho tiempo para mí el libro era un libro de futbol. El paso del tiempo me ha ayudado a pensarlo de otra forma.”

Víctor Hugo Ortega también es autor de los libros de cuentos Al Pacino estuvo en Malloco, Relatos huachos, Las canciones que mi madre me enseñó y del libro de poemas Latinos del sur, todos publicados en su país natal. Ortega es además periodista y profesor universitario de cine, otra de sus grandes pasiones, además de la literatura y el futbol y platicamos con él durante su paso por la más reciente Feria del Libro del Zócalo realizada en la capital del país.

Javier Moro Hernández (JMH): Hablar de futbol no solo es hablar del juego o de un partido, hay una mítica alrededor del juego, que puede hacer que un partido se vuelva tema de conversación que pueda trascender el tiempo y el espacio. Eso es algo de lo que hablan los cuentos del Elogio del Maracanazo.

Víctor H. Ortega (VHO): Es esa cuestión temporal y emotiva a la vez que tiene el futbol. No es propio del futbol, también lo tienen otros deportes y otros espectáculos como el cine. Uno se acuerda de cosas que le pasaron en la vida con alguna película que vio en un momento determinado. Lo mismo pasa con el futbol y toda la pasión que tiene por ser un deporte popular y tan masivo. Y esa emoción puede estar en un partido importante, una final o un partido intrascendente pero que para ti tuvo trascendencia por algo especial. El otro día me acordaba de un partido que vi en La Bombonera, en Buenos Aires, que fue una derrota de mi equipo, la Unión Española, sin embargo, se me quedó grabada la imagen de uno de los hinchas que estaba junto a mí, impactado cuando la Unión hizo el gol del empate. Su ilusión fue inolvidable para mí, aunque después fue una derrota que dolió. Construí toda una historia en mi cabeza viéndolo a él. Los cuentos del Elogio del Maracanazo tienen eso estallando por todas partes. Ahora, te insisto con algo, es una cosa que puedo reflexionar desde el hoy, a 4 años ya de haberlo escrito.

JMH: Una de las líneas narrativas que marcan los cuentos del libro son los sentimientos que se crean alrededor del futbol, giran en torno al futbol, pero no hablan de futbol, hablan de alegrías, de tristezas, de solidaridad, de infancia, de crecimiento. Sentimientos que el futbol ayuda a desarrollar al crear comunidad.

VHO: Es que cuando naces en un entorno en que el futbol es importante, ese sentimiento aparece de forma natural. Yo tuve una niñez cercana al futbol porque en mi familia había atención hacia los partidos. Los escuchábamos por la radio, los veíamos por TV, coleccionábamos los álbumes de futbol, leía las revistas y así un montón de cosas. Entonces cuando miro hacia atrás y recuerdo esa época familiar, el futbol es fundamental, hubo toda una construcción familia en torno a este deporte. Yo pertenezco a una generación, la de Francia 98, en que ir al Estadio Nacional de Santiago a ver a la selección era una cuestión impactante, desde que salíamos de la casa hasta que llegábamos al estadio. En esa época el estadio tenía una capacidad para más gente que ahora, todo era más amplificado, incluso el aliento de la hinchada. Y aunque en esa época Chile no tuvo los mejores resultados, me parece que mi generación tenía un vínculo más entrañable con ese equipo que con los que vinieron después. Y en eso influyen muchas cosas, lo familiar, lo social, el momento que se vivía en el país, el hecho de no tener tanta información como ahora de los partidos. No había Internet, al menos yo no tenía. Entonces el partido era un gran acontecimiento, que empezaba en el momento en que uno compraba la entrada, hasta cuando llegabas a ver la repetición de los goles en la noche y los comentarios del día siguiente.

JMH: Otro de los elementos que conforman los cuentos es la oralidad que manejas en los cuentos. Pienso en varios, pero, por ejemplo, el de “Bielsa” es pura conversación o el de “Yo ayudé al coto Sierra” es el puro fluir de una voz en primera persona. Quería que me contaras sobre tu proceso literario a partir de la oralidad, de las voces de la calle.

VHO: Pienso que tiene que ver con lo periodístico que en mi caso tiene que ver con mucho más que ser periodista. Tiene que ver con la idea de estar reporteando siempre y de manera instintiva. Ahí es donde aparece el gusto por escuchar historias. Pero historias, en muchos casos, que sus autores no saben que las están contando, las están construyendo sobre la marcha y toda esa errancia del lenguaje que hay cuando alguien cuenta algo de forma espontánea, creo que me ha influido mucho a la hora de escribir. Me parece que hay historias que tienen que contarse con esa errancia y con ese lenguaje básico y complejo a la vez, que es el de la oralidad. Una oralidad que está pendiente del receptor, que llega incluso a interpelarlo, como es el caso del cuento del Coto Sierra en el libro.

JMH: Otro tema es la crítica que se le ha hecho al futbol como un elemento que funciona para “atontar” a las masas, controlarlas, pan y circo. ¿Qué opinión te merece esa visión del futbol?

VHO: Pienso que es una visión válida y de hecho bastante reiterativa de las personas a las que el futbol no les provoca nada, desde el plano emotivo ni intelectual. Afortunadamente para mi felicidad, yo estoy del otro lado. Pero creo que en la medida en que el futbol siga expandiendo su poderío económico, con jugadores que cuesten grandes cantidades de dinero y con mundiales que se hagan en países ricos como Qatar, esa visión irá creciendo, y de hecho se pondrá más radical todavía. Pero soy de los que piensa que detrás de toda esa maquinaria capitalista, hay algo muy puro, que es el juego. El futbol es un juego que provoca emociones y que conecta emociones de personas diferentes que a veces se encuentran en una cancha o en un bar. Es como el cine, todos sabemos cuál es el objetivo de Hollywood y el cine de Estados Unidos, pero de vez en cuando hay películas que vuelven a lo esencial más allá de todo el aparataje: contar una historia (o no contarla), emocionar, divertir, invitar a la reflexión.

JMH: Fernando Vallejo dice en su novela La Virgen de los sicarios, que no hay cosa más estúpida que el futbol.

VHO: Claro, conozco la frase, así como también la muy famosa sentencia de Borges: “El futbol es popular porque la estupidez es popular”. Aunque me gusta Borges, me quedo con una frase otro argentino al que admiro, Luis Alberto Spinetta: “El futbol es un arte mayor”. Y eso que me cuentas de Pelé es como una gran ópera sobre la buena venganza, y le corresponde nada más y nada menos que al futbol.

JMH: Me parece que existe una línea secreta entre literatura y futbol a lo largo del cuento, que sin embargo se hace presente en el cuento de “La estatua más linda”, en donde un entrenador de futbol de adolescentes les explica por qué la estatua de Gabriela Mistral era la más linda de Chile. Es un cuento lindo pero que resalta cierta línea entre el amor, la cultura, el deporte.

VHO: Cuando el libro se publicó en Chile a mucha gente no le gustaba ese cuento. Lo encontraban raro, disperso, que no era una historia sino un momento o una situación, que es algo que me critican para mal de vez en cuando, pero pienso que los momentos y las ideas que se vienen a la cabeza también son historias y también se pueden contar. Ese cuento es un homenaje a Gabriela Mistral, porque siempre me llamó la atención que hubiera una estatua de ella en ese lugar, en las afueras del metro Quinta Normal, un lugar donde hay mucho ruido y mucha gente, aunque no es precisamente el centro de Santiago. Una vez andaba en un mal día y pasé por ahí, y tuve esa idea de que todo podría mejorar si le hacía una reverencia a la estatua. Después pasó que le compraba camisetas a un dealer que las vendía ahí y también que era un lugar donde había muchos accidentes de tránsito. Toda esa mezcla tuvo como resultado el cuento, que de futbol tiene bien poco, pero que por elementos externos del futbol como comprar una camiseta, se armó esa trama paranoica, que tiene que ver mucho con lo que me pasaba a mí en ese lugar. Una curiosidad: ese fue el primer cuento que se escribió para el libro, sin saber que finalmente el volumen completo se llamaría Elogio del Maracanazo. Fue extraño volver a leer ese cuento para la edición mexicana del libro. Me asusté tanto como el personaje que se asustaba por los choques de autos.

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Javier Moro Hernández

Javier Moro Hernández

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