Opinión

Genómica y suicidio / Análisis de lo cotidiano

Una reciente declaración del Dr. Humberto Nicolini del Instituto Nacional de Medicina Genómica, hecha el 1 de noviembre de este año, sobre las alteraciones genéticas que pueden llevar a una persona al suicidio, levantaron una gran expectativa, quizás con el interés que tenemos todos de encontrar una explicación a ese desconcertante comportamiento humano. Pues bien, la investigación es apasionante, aunque no nueva. En 2007 investigadores de la Facultad de Medicina de la Universidad John Hopkins dirigidos por Virginia Willour estudiaron 162 familias con diagnósticos de enfermedad bipolar o trastornos esquizoafectivos. Encontraron que en el Cromosoma 2 había varios genes que estaban alterados en personas que habían manifestado, en algún momento su idea o su intento por suicidarse. Esto los llevó a la conclusión de que el 4.6% de todos los estadounidenses entre los 15 y los 54 años han tenido, aunque sea por un momento, el pensamiento de quitarse la vida. El estudio sirvió para estudiar más detenidamente a los familiares de un paciente que ha tenido intentos de suicidio para prevenir ese riesgo en sus parientes cercanos o en sus descendientes. No se encontró ningún medicamento o tratamiento que curara o evitara el peligro, ya que, en terapia genética, todavía no hemos avanzado lo que sería deseable.

La investigación se llamó “Psiquiatría Biológica del Suicidio”. Pero no solamente ellos, en 2015 un grupo de mexicanos de la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco publicaron el libro Genómica del Suicidio publicado por Porrúa. En ese texto mostraron el resultado de diez años de estudiar los marcadores químicos en pacientes con intento de suicidio. Tampoco ofrecieron una solución al problema. Dos años después el Dr. Nicolini nos enseña los resultados de haber estudiado 74 personas que murieron por suicidio o por otras razones, pero que habían dicho que pensaban matarse, como parte de su investigación “La Psiquiatría vista por la Biología de Sistemas”, o sea, un título muy similar al de la Dra. Willour. Encontró 536 genes relacionados con la conducta presuicida y presente en familias con antecedentes de enfermedad bipolar. O sea, una confirmación de lo ya encontrado en los estudios antes mencionados. El investigador además nos informa que el alcohol y las drogas son factores de alto riesgo y que la edad en la que se cometen el mayor número de suicidios es entre los 15 y los 24 años. Solo que esto ya lo sabíamos desde hace muchos años y sin haber necesitado de la genómica, simplemente por el estudio socio-antropológico de los casos.

Lo triste del asunto es que cada día sabemos más de los orígenes moleculares del comportamiento autodestructivo, de las estadísticas y las incidencias, pero seguimos sin encontrar la curación mágica y definitiva. Aunque tampoco eso es necesario, ya está demostrado que lo que sí funciona, es la terapia psicológica. Y aquí en Aguascalientes lo hemos hecho desde hace casi dos décadas. Pero aceptamos lo inevitable, existen innumerables casos para los cuales no hemos hallado ni la explicación ni la solución. Esa es nuestra realidad, pero nada impide que se continúe con el esfuerzo de seguir buscando el alivio.

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Héctor Grijalva

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