Opinión

Las letras chiquitas / Alegorías Cotidianas

 

Benito Taibo dice que un buen lector no puede ser engañado, eso seguramente lo toman en cuenta para la publicidad del Buen Fin donde un buen número de asistentes a las ofertas son presas de los antojos por las compras.

Para el Buen Fin la táctica mercadológica adelanta un tanto del aguinaldo o todo buscando que los amantes de las compras gasten todo su dinero comprando y comprando.

Se dice que cuando las personas pagan con tarjeta no sienten que gastan pues no ven el dinero salir de sus carteras, también tenemos que aceptar que a todos nos gustan las ofertas y que pocas veces verificamos precios o buscamos la opción más económica, nos da flojera y con las premuras de las compras navideñas queremos naturalmente “gastar” lo menos posible.

En fin, del viernes 17 al lunes 19 vimos las tiendas repletas de compradores, una agobiante, sin embargo, las víctimas del buen fin tomaban productos para medirlos, ver características sólo por el hecho de que los letreros “regulados” por el Buen Fin notifican del 40 al 15% de descuento.

Nos detuvimos un momento a observar la oferta más no la demanda necesaria en los compradores. Tomaban un producto y sin constatar si tenía el 40% o no lo llevaban pues la publicidad sobre dicho artículo de consumo tenía una notificación del 40 al 15% de descuento.

Caminamos por el complejo de comercios establecidos por la salida a México frente al Ex Parque Héroes, las personas compraban artículos navideños, ropa, calzado, artículos de electrónica y de decoración. No vimos personas que llevaran productos de primera necesidad sino compradores presos por la ansiedad del consumismo pues, nunca he tenido conocimiento de que una pantalla de 50” sea un artículo de primera necesidad.

En dos tiendas que visitamos no vimos lectores en búsqueda del 40 al 15% de descuento; el área de venta de libros estaba vacía, aún si en una de ellas ofrecían nueve meses sin intereses y, debo agregar, que en casa de un lector no he visto una pantalla de 50” además de que cuando uno llega de improviso, nunca está el aparato encendido.

Nos dejamos llevar por las letras grandes y no leemos las letras chiquitas, las restricciones, por ejemplo, todas las tiendas ahora ofrecen meses sin intereses en la mayoría de sus promociones, sin embargo, las personas se ilusionan porque en el Buen Fin las compras cuentan con esa “ventaja”.

Tampoco pensamos en que cuando vemos el signo del tanto por ciento de descuento terminamos comprando mucho más de lo que buscábamos y al final, gastamos más del presupuesto establecido para “ahorrar” más. Con el signo de porcentaje (%) nuestro cerebro se engaña y puede así comprar… sin sentir culpa.

Entramos a una tienda a preguntar por el precio del artículo que exhibía el maniquí en el aparador, no por el Buen Fin sino por el frío. El vendedor me dio el precio y comenzó a excusar el poco descuento que tenía debido a que era una prenda de la nueva temporada, a lo que mi esposo comentó, con todo el afán de molestarlo, que la publicidad al exterior decía que toda la tienda tenía el 40% de descuento. El vendedor, al verse acorralado, miró de reojo el cartel y sonriendo nos dijo: “es que hay que leer las letras chiquitas” y todos comenzamos a reír, naturalmente él percibía que no compararíamos el artículo.

La duda me invade ¿cómo un aparato de electrónica un artículo de “primera necesidad” en oferta y no un libro? Sería genial el ver que las librerías están atiborradas de lectores o bien que estos compraran los miles que se gastan en electrónica en libros.

En este tiempo donde la mercadotecnia y el estilo de vida gringo y de televisa invade nuestras vidas es importantísimo el que podamos establecer cuales son en verdad los artículos de primera necesidad y que valoremos la importancia de la cultura y eso que sólo puede dar la lectura.

Las personas se preocupan en comprar pantallas más grandes, se jactan de que está normalizado en 4k en dichos objetos mientras que los DVD, Blue Ray, y la señal de televisión se ven en HD sin dejar de reconocer que en México falta mucho para que vemos productos en formato 4k.

Conozco pocos niños, adolescentes, jóvenes y adultos que le pidan al Niño Dios libros, mucho menor número de personas interesadas en incrementar sus bibliotecas. Los lectores no están en riesgo, simplemente en México son pocos quienes leen y la sociedad no contribuye a aumentar los números sino a limitarlos constantemente.

Los libros, al igual que las restricciones de las ofertan tienen letras chiquitas, se llaman citas a pie de página y al igual que ellas nos muestran información importantísima que complementan el contenido de lo leído.

A diferencia del Buen Fin, las letras chiquitas no nos harán endeudarnos por meses, sino que nos llevarán a tener más conocimiento y ser más atentos al momento de hacer una compra.

En las vacaciones que se aproximan no habrá nada mejor que disfrutar un buen libro, pues como dice Tomás Eloy Martínez “somos la ausencia de los libros que no hemos leído” así que, a leer bien y a disfrutar la vida sin deudas y sin engaños.

 

Laus Deo

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Paula Nájera

Paula Nájera

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