Opinión

Entre políticos puros y pecadores / Matices

 

Las aspiraciones de la mayoría de los ciudadanos es que sus políticos sean personajes puros, perfectos, bondadosos, caritativos, hombres o mujeres de familia, leales, guapos, con elegancia, con educación, con doble doctorado, expertos al hablar, pobres, humildes, sin errores, coherentes y con otra infinidad de adjetivos imposibles de cumplir en cualquier hombre o mujer. Ese político no se ha encontrado porque no existe, quizá por eso los ciudadanos sentimos tanta desilusión, porque les exigimos tanto, esperamos tanto y al primer error o contradicción o incoherencia o cambio de ideas: los ciudadanos nos convertimos en la Santa Inquisición.

Los medios han sido muy responsables en eso, señalan a buenas y primeras cualquier error humano, alguna condición que pudiera atraer likes, atraer críticos o despedazar la popularidad de un político. Por ejemplo, los señalamientos a Ricardo Anaya: El Universal señala que desde que Anaya inició su carrera política, su suegro y cuñados hicieron un patrimonio por más de 600 millones de pesos. Si su familia política es de empresarios millonarios no hay ningún problema; el único problema es que los ciudadanos aspiran por políticos pobres y humildes.

Hace unos días, Reforma difundió que el Bronco construía una casa de mil metros cuadrados y lo calificó como un palacio. ¿En realidad es un palacio una casa de mil metros cuadrados? Un empresario exitoso puede construir una casa de esas medidas. El problema es que los ciudadanos aspiran a políticos puros que vivan con humildad; aspiran a políticos como Mujica, pero Mujica tampoco era perfecto, tan es así que cuando terminó su mandato, su partido no fue reelecto.

Ada Colau, alcaldesa de Barcelona, definió la política que ella es: una política pecadora, que se equivoca, que no es perfecta, que se arrepiente y que pide perdón. Me parece una definición excepcional sobre cómo debe ser un político, porque así somos los ciudadanos, somos imperfectos, incongruentes, nos equivocamos, cambiamos de opinión, pedimos perdón, somos pecadores y sin embargo exigimos políticos perfectos.

Por eso existe una crisis de representación, porque los ciudadanos anhelamos unos políticos inexistentes; haciendo este análisis deberíamos sentirnos representados por aquellos políticos que cambian de opinión, que se equivocan, que rectifican, que son humanos; pero no, los políticos se convierten en una clase lejana incluso aspiramos a que sea una élite de súper héroes.

Esa exigencia de políticos puros se fundamenta por el hecho de que la clase gobernante y los funcionario reciben recursos públicos para ejercer sus funciones y esos recursos se originan del pago de impuestos y de la recaudación de un porcentaje de las ganancias de todos.

En estos momentos de euforia electoral buscamos candidatos perfectos, esos candidatos se pueden construir, ese candidato perfecto fue Enrique Peña Nieto, en los spots televisivos y uno de los peligros de 2018 es que se construya un candidato similar, de esos que anhelamos, de esos perfectos, sin errores pero falsos.

Los retos de la comunicación política en 2018 serán presentar políticos reales, que se equivocan, que rectifican, que son humanos, que pueden hacer una promesa de campaña y que en gobierno pueden rectificar porque por la intervención de un científico, de un académico o de un empresario descubrió que era una mala idea y rectifica; los ciudadanos lo acusan de mentiroso o de incongruente, no es así; es un hombre o mujer que diseñó una mala propuesta y rectificó.

Bien se ha escrito en algunos libros que se busca la paja que hay en el ojo de los demás y no la viga en el nuestro; somos ciudadanos incongruentes sin autocrítica y cegados por nuestros propios errores, nuestra incapacidad de ser perfectos la anhelamos para nuestros políticos: ninguno de los dos seremos perfectos. Ambos estamos en la permanente lucha por ser congruentes, por ser honestos, por ser perfectos, por acercarnos a la verdad absoluta, por ser buenas personas y por no cometer errores; sin embargo, ninguno de los dos nunca la alcanzaremos.

Nuestra madurez política nos debe permitir analizar con matices a los políticos, de eso será el 2018, de buscar a los políticos que sean capaces de gobernar con dignidad, con mínimos de ética, con capacidad personal, con ideas que pueden construirse entre todos para diseñar un mejor país. Por ejemplo, Monreal que sale de Morena hace unas semanas y decidió volver y rectificar; para algunos fue un amague político, para otros una vendetta, para otros un berrinche, pero nadie dice que el hombre simplemente pudo cambiar de opinión y rectificar; como lo hacemos los ciudadanos todos los días.

Lo que sí debemos exigir a nuestros políticos es que no cometan actos de corrupción, actos delictivos, pactos con grupos de criminales o su ambición por el dinero, ahí no hay matices. Y en algunas ocasiones, porque el proceso de venta del producto es atractivo, compramos políticos que parecen perfectos pero llenos de actos de corrupción o ambición por el dinero; el caso Duarte lo describe muy bien.

En el 2018 debemos procurar votar por políticos que se reconozcan pecadores, imperfectos, con capacidad de rectificar, con la voluntad de construir un proyecto de país en conjunto con ciudadanos, empresarios y académicos, pero sin ambición por el dinero, sin pactos con criminales y sin actos de corrupción; eso no es negociable.

 


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Carlos Aguirre

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