Opinión

Ravel, de Falla y Sain-Säens en el tercer concierto de temporada / Orquesta Sinfónica de Aguascalientes

 

Esta ha sido una temporada en donde nos hemos encontrado con diseños de programas nada convencionales, digamos que la estructura normal del programa de un concierto es obertura –concierto– sinfonía, claro, es una regla no escrita y por supuesto que todo cambio es válido además de necesario, en este caso, por ejemplo, el tercer concierto de temporada inició con La alborada del gracioso, originalmente escrita para piano, se trata de  la orquestación de un fragmento de la obra Espejos e Maurice Ravel, ya ves que al maestro francés se le daba muy bien eso de la orquestación, estamos hablando, probablemente, del mejor orquestador del siglo XX. Después escuchamos las dos suites de Sombrero de tres picos del compositor español Manuel de Falla y en la parte final del concierto disfrutamos de la imponente Sinfonía No.3 con órgano de Camille Saint-Säens con la participación de la maestra Gabriela Martínez en el órgano. El director para este tercer concierto de temporada fue el maestro cubano Iván Andrés del Prado.

Las exigencias orquestales del repertorio ejecutado, no sólo en este tercer concierto sino prácticamente en toda la cuarta temporada, son de una orquesta muy numerosa, desde Mahler en el primer concierto, ya sabemos que es imposible tocar a Mahler sin por lo menos unos 90 músicos en el escenario, afortunadamente las dimensiones de nuestra orquesta sinfónica dan para eso y seguramente mucho más, de hecho, nuestra sinfónica es una de las pocas orquestas en México, no creo realmente que sean muchas, que han  tocado la integral de las sinfonías de Gustav Mahler.

Buen trabajo del maestro Del Prado con su batuta, su sapiencia musical la pudimos apreciar desde los primeros compases de La alborada del gracioso de Ravel, después, con la obra de Manuel de Falla también fue evidente su conocimiento y dominio del repertorio que estaba ejecutando. De hecho, podemos encontrar un hilo conductor en la primera parte de este tercer concierto, el intenso sabor ibérico de la música ejecutada, ya sabemos que Ravel es francés, pero también conocemos sus claras y hasta descaradas tendencias por la música española, de hecho nació en los llamados Países Vascos, pero del lado francés y esto nutrió generosamente todo su pensamiento musical.

Las dos suites de El sombrero de tres picos de Manuel de Falla, uno de los máximos representantes del nacionalismo español y que junto a Enrique Granados, Joaquín Turina, Joaquín Rodrigo e Isaac Albéniz han definido el perfil de la música de concierto de España, se ejecutaron consecutivamente con la obligada pausa entre cada una de las dos suites considerando el hecho de que, como bien lo apuntó el maestro Iván Andrés del Prado, se hace necesaria esta pausa para el acomodo de los músicos que deben participar en la segunda suite pero que no son requeridos en la primera.

Después del intermedio se ejecutó. Según lo programado, la monumental Sinfonía No.3, Op. 78 conocida con el nombre de Sinfonía con órgano, justamente por el uso de este instrumento, poco frecuentado por el lenguaje sinfónico. Es una sinfonía verdaderamente imponente, posiblemente la cúspide del trabajo creativo del Camille Saint-Säens, y justamente con esta obra encontramos otro hilo conductor, dos franceses en el concierto, Ravel y Saint-Säens, encontrando precisamente en Maurice Ravel el punto de equilibrio entre estos dos generosos lenguajes musicales, el francés y el español.

Pues lo cierto es que la ejecución de este tercer capítulo sinfónico de Sain-Sáens resultó responder a las expectativas generadas cada vez que vemos programada esta obra, es una sinfonía dedicada al compositor y pianista húngaro Franz Liszt y estrenada en 1886 con el propio director dirigiendo la orquesta.

Me pareció que el inicio de la Sinfonía con órgano fue un tanto tímido, al menos esa es mi apreciación, pero no tardó el maestro Del Prado en hacer los ajustes necesarios y hacerla sonar como esta obra debe ser tocada, impresionante, la verdad. Me llamó particularmente la atención el trabajo de la maestro Gabriela Martínez, pianista de la Sinfónica, a ella se le encargó el trabajo del tocar el órgano, aunque estamos hablando de una sinfonía y no de un concierto, evidentemente existe cierto nivel de protagonismo del instrumento que da nombre a la sinfonía. La última vez que se  tocó esta obra en Aguascalientes fue con el maestro Estanislao Díaz Soria, y lo hizo muy bien, pero no nos sorprendió, finalmente él es organista, pero la maestra Gaby es pianista y uno podría pensar que al ser éstos dos instrumentos de teclado no existiría mayor problema, pero sucede que no, la técnica es distinta y el ataque es muy diferente, no obstante lo hizo muy bien, claro, tampoco sorprende mucho porque nos consta su calidad y compromiso con la música, recordemos aquel Brandemburgo No.5 de Bach que ella tocó en la clave con una impresionante cadencia que después de no sé cuántos años, todavía seguimos degustando.

Esta es una temporada corta que termina la próxima semana, al menos la actividad que nuestra Sinfónica realiza en Aguascalientes, recordemos que en dos semanas, el viernes 24 de noviembre la OSA se presenta en el Teatro del Bicentenario en la ciudad de León, Guanajuato en un concierto dirigido por nuestro director titular, el maestro José Areán.

En el cuarto concierto escucharemos La serenata para cuerdas, Op. 20 en mi menor del inglés Sir Edward Elgar, la Sinfonía 25, K. 183 en sol menor de Wolfgang Amadeus Mozart y la Sinfonía No.2 en do mayor, Op. 61 de Robert Schumann, La cita con su majestad la música es el próximo viernes 17 de noviembre a las 21:00 hrs en el Teatro Aguascalientes, por ahí nos veremos si Dios no dispone lo contrario. Hasta entonces.

 

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Rodolfo Popoca Perches

Rodolfo Popoca Perches

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