Opinión

Reflexiones sobre la Autonomía Universitaria / El Foro

 

No ha sido esta la primera ocasión en la que en este espacio se ha escrito respecto a la atribución sui generis de la que se encuentran dotadas las universidades públicas estatales, consistente en la garantía de Autonomía. En la columna Autonomía de este mismo diario, pero de fecha 8 de octubre de 2016, se abordó el tema en el contexto del proceso de designación de autoridades universitarias que entonces vivía la Universidad Autónoma de Aguascalientes y los intentos de los partidos políticos en intervenir en dichos procesos. En esta ocasión, se hace una reflexión desde otra de las dimensiones de la autonomía: el autogobierno.

En el mes de noviembre se conmemoran los 75 años de la autonomía de la Universidad Autónoma de Aguascalientes. Aquí hay que hacer algunas precisiones antes de continuar. Antes de UAA ya era autónoma antes incluso de ser Universidad. La fundación de la Universidad se registra el 19 de junio de 1973, cuando en sesión del H. Consejo Universitario se determina la transformación del IACT (Instituto Autónomo de Ciencia y Tecnología) en Universidad Autónoma de Aguascalientes, es decir, hace 44 años. Sin embargo, la autonomía es una atribución que se otorgó al entonces ICT hace 75 años.

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Técnicamente, la Autonomía se funda en la fracción VII del artículo 3° constitucional, que dota a las instituciones estatales de educación superior de facultades específicas para el ejercicio del autogobierno de las mismas, esto es, las universidades públicas son organismos públicos descentralizados con autonomía especial, que implica autonormación y autogobierno, en atención a la necesidad de lograr mayor eficacia en la prestación del servicio que les está atribuido y que se fundamenta en su libertad de enseñanza, sin que ello signifique su disgregación de la estructura estatal, ya que se ejerce en un marco de principios y reglas predeterminadas por el propio Estado, restringida a sus fines. Sin embargo, el hecho de no encontrarse disgregada de la estructura estatal no significa que una Universidad reciba el tratamiento de una dependencia de gobierno, y que su estructura se encuentre sujeta a decisiones tomadas en su totalidad fuera de sus órganos de gobierno.

Las Universidades públicas cuentan generalmente con un Consejo Universitario como máximo órgano de deliberación y si bien, las Leyes Orgánicas que fundan su existencia son modificables desde los congresos locales, la autonomía especial indica que es necesaria siempre la consulta a los Conejos Universitarios antes de una modificación legal de cualquier naturaleza.

La Universidad Autónoma de Aguascalientes, en particular, ha sido gravemente afectada en su autonomía 2 veces en estos 75 años: la primera en los años de 1973 y 1974, en la erá de la transformación del IACT en UAA, cuando el gobernador del Estado, Francisco Guel Jiménez, se rehusaba a crear la Universidad y ordenó al congreso local detener el proyecto de Ley Orgánica que la conformaría, dejando al IACT en una suerte de limbo jurídico y presupuestal comprometedor y peligroso durante los últimos meses de 19673 y los primeros de 1974.

La segunda ocasión en la que la Autonomía universitaria se vio perpetrada fue en 1997, cuando en la rectoría de Felipe Martínez, el gobernador, junto con el diputado Javier Aguilera y el entonces dirigente de la Aciuaa Daniel Gutiérrez Castorena (a quien después se le hiciera un fastuoso homenaje de despedida de la universidad por parte del Departamento de Ciencias Políticas, ironías de la vida), atentaron contra la autonomía de la institución promoviendo unilateralmente reformas a la Ley Orgánica de la misma que modificaron sustancialmente su conformación, en contra de la voluntad de los universitarios.

En un análisis llano, los atentados graves contra la autonomía universitaria siempre guardan relación con intromisiones unilaterales del congreso local a su Ley Orgánica. La historia no se equivoca y los personajes que han tratado o logrado perpetrarla, quedan grabados en la historia universitaria para la memoria histórica de todos aquellos que escribimos a la postre sus nombres con desagrado.

En este mes, conmemorativo de la autonomía universitaria, no es ocioso reflexionar sobre su relevancia y recordar sus amargos episodios. Es de sabios recordar, sumergirse en las páginas de la historia y no cometer los errores de aquellos que en el pasado atentaron contra un valor universitario de importancia capital como lo es la autonomía.

Humberto Martínez de León, rector fundador de la UAA, dijo alguna vez una frase que vuelve a estas páginas y volverá cada que sea necesario: La historia todo lo recoge y es implacable en sus juicios. Esperemos no existan ya personajes que, por intereses particulares, violenten la autonomía de las universidades públicas. Sus nombres pasarían a las páginas negras de nuestra historia.

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José Luis Álvarez Sánchez

José Luis Álvarez Sánchez

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