Opinión

Revolución mexicana y salud mental / Análisis de lo cotidiano

 

El día 1 de septiembre de 1910 el presidente Porfirio Díaz, acompañado de su elegante esposa Carmelita Rubio, del embajador de Estados Unidos, Henry Lane Wilson, de otros embajadores y de representantes de la más alta clase social, inauguró el Manicomio Central de la Castañeda. Era el primer hospital científico en toda Latinoamérica y motivo de orgullo para el progresista gobierno mexicano. El edificio era una hermosa construcción de estilo neoclásico francés copiado del famoso Hospital Psiquiátrico de Charenton en París. Fue construido en un hermoso paraje al sur de la ciudad de México, entre bosques de pinos y suaves colinas, que había sido cedido al gobierno por el próspero hacendado Ignacio Torres Adalid, conocido como el Rey del Pulque porque tenía enormes haciendas pulqueras en los estados de Hidalgo y México y era gran amigo de Don Porfirio. Era un sitio destinado a paseos campestres y de equitación para las clases pudientes de la élite capitalina. La construcción la realizó el ingeniero Porfirio Díaz, hijo del presidente. La inauguración fue un evento de realce que colocaba a México en el Siglo XX, ya consolidado por los grandes avances logrados por Díaz, como la introducción de la luz eléctrica, el telégrafo, el teléfono, el ferrocarril y el cine. Ahora además entraría en la más moderna psiquiatría. Se sabe que uno de los promotores de tal obra fue el Dr. Eduardo Liceaga connotado salubrista y precursor de la psiquiatría, por su interés en la obra, pero no porque él tuviera la especialidad. El inicio fue excelente, se recibieron a los enfermos mentales que antes estaban en condiciones deplorables en el Hospital Convento de San Hipólito para varones y el Hospital Asilo para Demente del Divino Salvador para mujeres. Pero solo funcionó bien durante nueve meses porque la Revolución Mexicana y la salida de Díaz del país en Mayo 1911, hizo que se truncara el presupuesto, los médicos salieran huyendo y los enfermos mentales quedaran en el abandono. No solo eso, sino que los gobernantes que sucedieron a Don Porfirio más ocupados en la lucha por el poder, olvidaron totalmente al Manicomio. Posteriormente se convirtió en asilo para enemigos políticos y toda clase de desahuciados sociales como retrasados mentales, alcohólicos, psicóticos, sifilíticos y epilépticos que no recibieron atención médica sino solamente hospedaje. Una vez terminada la conflagración revolucionaria, a La Castañeda ya no se le recuperó su gloria inicial. Se hicieron esfuerzos heroicos por convertirla de nuevo en hospital de gran calidad en atención psiquiátrica, pero nunca se logró. La enorme cantidad de huéspedes lo hizo imposible. Originalmente se había diseñado para dar cabida a 750 enfermos y terminó siendo ocupada por más de tres mil. El presidente Díaz Ordaz ordenó su demolición en 1968 poco antes de las Olimpiadas. Un hermoso hospital para atender esquizofrénicos que nació con las mejores expectativas duró solamente 58 años y terminó siendo una casa de los horrores. Un detalle curioso, no hemos encontrado un enlistado de los médicos que fueron sus directores. Tal parece que no hubo orgullo en haber laborado en esa histórica institución. La Salud Mental tuvo un inicio prometedor que la Revolución Mexicana terminó sofocando. Un siglo después todavía no nos reponemos totalmente.

 

[email protected]

The Author

Héctor Grijalva

Héctor Grijalva

No Comment

¡Participa!