Opinión

Segundo concierto. Cuarta temporada / Orquesta Sinfónica de Aguascalientes

 

El programa compuesto para el segundo concierto de temporada de la Orquesta Sinfónica de Aguascalientes celebrado el pasado viernes tres de noviembre inició con La Valse de Ravel para continuar con el Concierto para piano y orquesta en sol y con la participación del maestro Rachid Bernal en el instrumento solista. Después del intermedio escuchamos la Sinfonía No.5 en mi bemol mayor, OP. 82 de Jean Sibelius, una de las siete obras sinfónicas compuestas por él. Y que son seguramente las que mejor definen su perfil musical, esto lo menciono sin ánimos de menospreciar lenguajes musicales diferentes que también cultivó el compositor finlandés, como es el caso de su producción en la música de cámara y en la ópera. El director para este segundo concierto de temporada fue el titular de nuestra orquesta, el maestro José Areán.

Sabemos que Ravel, además de ser un gran compositor, ha sido, definitivamente, uno de los más grandes orquestadores en la historia de la música, por lo que el manejo que hace de este instrumento musical llamado orquesta, es siempre una garantía. La Valse “este torbellino fantástico y fatal” usando las mismas palabras del compositor para describir esta obra, no es la excepción. Una orquesta robusta, nutrida y generosa es lo que el compositor solicita para ejecutar esta obra de la segunda década del siglo XX.

El maestro Areán, desde el podio del director, no ha tardado mucho de convencernos de su autoridad con la batuta y de convencer a los músicos de la sinfónica de su manera de abordar diferentes repertorios, y claro de que esa es la manera correcta. Una gran ejecución, vigorosa y puntual.

El concierto para piano en sol de Ravel no es la excepción en el manejo de la orquesta, aunque en este caso las exigencias, al menos en volumen orquestal, son menores. Probablemente Ravel compuso este concierto para ser ejecutado por él mismo, más o menos de la forma en que lo hacían Prokofiev o Rachmaninov, sin embargo, un problema de salud le impidió ejecutar el estreno, así que la primera ejecución pública fue encomendada a la pianista Marguerite Long, sin embargo el compositor estuvo dirigiendo la orquesta. Se trata de un concierto con pasajes virtuosos que exigen un gran nivel del ejecutante, en este caso un jovencito que en una primera instancia nos hizo tener algunas dudas, pero no tardamos mucho en ahuyentar los temores, bastó con que le maestro Rachid Bernal se sentara al piano e iniciara su participación para entender que a pesar de su evidente juventud, estamos ante un pianista de solvencia incuestionable y que resolvió con puntualidad las exigencias de semejante partitura, técnicamente irreprochable, pero además eso que no se estudia en un conservatorio de música, eso que ya se trae yo creo que de nacimiento, la sensibilidad y su capacidad de comunicarse con el auditorio y de convencer, incluso al más exigente, con su manera de resolver las más altas exigencias planteadas por una partitura, en este caso, un verdadero reto, el concierto en sol de Ravel. Sin duda brillante y memorable la participación del maestro Rachid Bernal.

Después del intermedio el maestro José Areán también nos convenció con una profunda y bien lograda ejecución de la Sinfonía No.5 de Jean Sibelius. Una obra con menos brillo que lo que escuchamos en la primera parte del concierto, no hablo de calidad, sino del carácter de la obra. Es una sinfonía estructurada en sólo tres movimientos y no en los cuatro habituales del lenguaje sinfónico y de un nivel de exigencia muy alto al que, por supuesto, nuestra sinfónica respondió solventemente.

Me queda claro que el maestro Areán está proponiendo un repertorio más amplio a la OSA, y también con obras que representan un verdadero reto para nuestra máxima entidad musical, y  no es que las demás obras no lo sean, sino que al abrir el abanico de posibilidades se enriquece la orquesta desde lo más profundo de sus entrañas y esto favorece su crecimiento en términos de calidad, la Sinfónica suena diferente, de eso creo que no hay duda, no sé si ,mejor o no, pero sí suena diferente y también entiendo que nuestro director actual está imprimiendo un sello de identidad de la Sinfónica, bienvenido sea esto.

Pero al mismo tiempo,  el maestro Areán está ofreciendo obras que exigen una plantilla orquestal muy grande y esto por supuesto que está muy bien, la semana pasada con Mahler, y ya sabemos que este tres veces apátrida no se puede tocar con menos de 80 o 90 músicos. Sabemos que nuestra Sinfónica es una orquesta de gran formato, es decir, es una orquesta grande que por sus dimensiones puede abordar cualquier repertorio, desde el barroco con pequeños ensambles pasando por el clasicismo y sus orquestas mozartianas y el romanticismo con una exigencia mayor, hasta llegar al pensamiento musical de Mahler o de Bruckner que piden un centenar de atrilistas. Está claro que a nuestra orquesta la faltan violines, sobre todo primeros, quizás un contrabajo más, en fin, no obstante, es posible abordar estas grandes catedrales orquestales.

La próxima semana escucharemos otra vez a Ravel con la Alborada del gracioso, El sombrero de tres picos de De Falla y la monumental Sinfonía No. 3 con órgano de Camille Saint –Säens, el director será el maestro Iván Andrés Del Prado, la cita con su majestad la música es el próximo viernes 10 de noviembre a las 21:00 horas. en el Teatro Aguascalientes, por ahí nos vemos si Dios no dispone lo contrario. Hasta entonces.

 

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Rodolfo Popoca Perches

Rodolfo Popoca Perches

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