Opinión

Felices fiestas / Debate electoral

 

Parece ley natural que en estas fechas de vacaciones, fiesta y folclor, es tradicional que por un lado, se propicie la participación, y por el otro se imponga la necesidad de la reflexión.

La participación como valor, se define como tomar parte de algo que nos supera en nuestra individualidad, que es más grande que uno mismo, que va más allá en el objetivo. El hombre que es un ser gregario por naturaleza tuvo necesidad de juntarse con los demás cuando no le fue posible cumplir sus metas desde la singularidad. Y lo sigue haciendo. Hasta el menos optimista con la época navideña no se puede sustraer a la participación, insisto, a tomar parte.

Desde la más humilde morada hasta la gran mansión, las familias procuran que la fecha no pase desapercibida. En este mundo actualmente globalizado poco importa si la creencia es de un catolicismo recalcitrante. En estas mismas páginas fuimos testigos de la manera en la que se celebra la Navidad en Japón, un país que no es notoriamente católico, pero que ven en la festividad mundial la posibilidad de compartir un momento de cercanía con aquellos a quienes profesan un sentimiento mutuo de amistad.

También, en la remembranza histórica, se han tenido noticias de que, en este ciclo que es la vida, estas fechas eran días en los que, una vez que la tierra había dado frutos y se preparaba para un nuevo cultivo, en todo caso se disfrutaban los productos que habían sido recolectados en el año. Hay que tener en cuenta que, por lo menos para el hemisferio norte, a finales de diciembre empiezan a sentirse los primeros descensos de la temperatura situación que nos obliga a guarecernos y ¡cómo no! Preferentemente en compañía.

Entonces, así funciona la participación como uno de los valores de la democracia: De un total dado, tomar varias partes de un todo y distribuirlas, es repartir. Tomar de mi parte y darla a otro es compartir. Estar con otros repartiendo y compartiendo, es departir. En todos estos casos, la raíz de la palabra es la misma, por lo que participar, pues, es tomar parte en los asuntos de la comunidad.

Coincide, pero no es casualidad, que al culminar en esta época un ciclo natural, también nos veamos obligados a hacer un alto en el camino, fijar la vista hacia atrás, y en un ejercicio de reflexión, tomar lo bueno que ha dejado el año y fríamente analizar lo acontecido para detectar nuestras posibilidades de mejora, en todos los ámbitos: laboral, personal, profesional, social.

Quiero aprovechar este espacio para abonar a la participación natural de la que hablaba líneas arriba. A diferencia de algunos años (no tantos como parece) la interacción que se ha propiciado en la sociedad ha sido utilizando medios electrónicos que, si bien como premisa facilitan la comunicación, no hay día que pase en que se demuestre que cada vez resulta más difícil el entendimiento humano y lo que ello conlleva en cuestiones democráticas, como el diálogo y la participación.

Ojalá podamos estar con quienes queremos y nos quieren. Y si es así hagamos un esfuerzo por comunicarnos efectivamente: charlemos, aunque toquemos temas ríspidos como la religión, el futbol y la política, aprendamos a escuchar ideas diversas y a exponer las propias en un ambiente de cordialidad y respeto. Y si estamos a la distancia utilicemos sensatamente los artilugios tecnológicos que nos permitan estar cerca. Ese tomar parte nuestra condición de miembros de la tribu, apoyando a quien lo requiere y, en una de esas, dejándonos apoyar.

Socialmente colaboremos y no esperemos estar en un ambiente de confort para hacerlo. En esta época de frío apoyemos compartiendo cobijas, prendas abrigadoras, comida caliente. Compartamos tradiciones como el rezo del rosario en casa o las posadas tradicionales. Incentivemos que los niños puedan recibir un regalo en navidad, hagámoslo por los otros que también son los nuestros. También somos nosotros.

A la par, reflexionemos. No hay que tomar parte solo porque la fecha lo provoca o porque un anuncio de televisión toque nuestras fibras más sensibles. Hagámoslo porque es bueno y justo, porque abona a ser mejores personas y a tener un mejor país, hagámoslo todos los días en pequeñas dosis, hagámoslo por lo bien que se siente hacerlo y al imaginar lo bien que se sentirá aquel que se vea beneficiado. En fin, hagámoslo por todo lo bueno que hemos recibido este año y en prenda de lo mejor que será el entrante.

Espero que los anhelos de todos ustedes se cumplan. Reciban un gran abrazo, y con él, un poco de mi aportación a hacer de éste, un mejor lugar para vivir.

Felices fiestas.

 

/LanderosIEE | @LanderosIEE

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Luis Fernando Landeros

Luis Fernando Landeros

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