Opinión

La ciencia y la difícil tarea de definir conceptos / El peso de las razones

 

Piénsalo por un momento: cuando preguntas el significado de una palabra, a quien se lo preguntas te trata de explicar cómo se usa esa palabra. Te da algunas condiciones de la aplicación del concepto: trata de explicarte cómo debes usar la palabra en adelante. Suena complicado, pero no lo es tanto. Por ejemplo, cuando le preguntas qué es un planeta, puede decirte que es un cuerpo celeste que orbita alrededor de una estrella o un remanente de una estrella; que tiene la suficiente masa para mantener una figura redonda; que su órbita no interfiere con la de otros planetas; y que no emite luz propia, a diferencia de una estrella. Lo que importa es que comprendas que las palabras que usamos las usamos bajo ciertas condiciones de aplicación del concepto. Por ejemplo, usamos las palabras “planeta” en castellano, “planet” en inglés, “planète” en francés o “pianeta” en italiano para referirnos a un planeta. Cualquier cosa a la que le llamemos “planeta”, “planet”, “planète” o “pianeta” debe cumplir las condiciones enunciadas. Al especificar las condiciones de aplicación, tenemos un tipo de definición -pues no todas las definiciones son de este tipo del concepto planeta. En el ejemplo que utilizamos, señalamos las condiciones que especifica la definición adoptada por la Unión Astronómica Internacional.

Definir un concepto es importante, y lo es en dos sentidos. En el ejemplo que utilizamos, para poder llamar “planeta” al que en realidad es planeta; pero también para no llamar “planeta” al cuerpo celeste que no lo es. Por ejemplo, el 24 de agosto de 2006, la Unión Astronómica Internacional decidió ya no llamar “planeta” a Plutón. Lo hizo porque no cumplía una de las condiciones: a saber, su órbita interfiere con la de otro planeta, pues su órbita atraviesa la de Neptuno.

Hay que distinguir también entre distintos tipos de condiciones de aplicación. Hay condiciones necesarias y condiciones suficientes. Esto ya empieza a sonar muy complicado, pero no lo es. Piensa, por ejemplo, en cuánto te gusta hacer enfadar a tu hermano. Si te gusta molestarlo, sabes que hay cosas que bastan para que se enfade. Por ejemplo, sabes que si escondes su pelota de fútbol lo harás enojar. En este caso, esconder su pelota de fútbol es una condición suficiente para que se moleste, en tanto que basta que hagas eso para que se enfade. Ahora bien, esconder su pelota no es una condición necesaria para que se moleste, puesto que tu hermano puede enfadarse por muchas otras cosas. Por ejemplo, una condición necesaria para aprobar un examen sería presentar el examen. Si no presentas el examen, no puedes aprobarlo. Es una condición necesaria en tanto que, si no lo presentas, no puedes siquiera aspirar a aprobarlo. En este caso, esta condición es necesaria, aunque no suficiente: es necesario presentar el examen para aprobarlo, pero no basta presentarlo para aprobarlo. Cuando buscamos definir un concepto intentamos encontrar condiciones que sean individualmente necesarias y en conjunto suficientes, como de hecho sucede con la definición que mencionamos del concepto planeta. Aunque esta aspiración pocas veces llegamos a cumplirla en todos o en la mayoría de los casos.

También es importante que comprendas que no podemos definir con la exactitud que desearíamos todos los conceptos. La mayoría presenta algún grado de vaguedad. Para lingüistas y filósofos, un concepto es vago si no son precisas sus condiciones de aplicación en general. El lógico y filósofo Timothy Williamson suele explicar esto con el siguiente experimento mental, el cual seguiremos al pie de la letra: imagina un montón de arena. Quita cuidadosamente un grano. ¿Todavía hay un montón? Es obvio que sí. Parece que quitar un grano de arena no hace que un montón de arena deje de serlo. Puedes seguir imaginando que quitas otro grano y luego otro y otro. Después de cada retiro, todavía hay un montón de arena. Pero al inicio sólo había un montón finito de muchos granos, así que finalmente llegas a un montón con sólo tres granos, luego a un montón con sólo dos granos, luego a uno con un solo grano y, finalmente, a un montón sin granos en absoluto. Pero esto parece ridículo. A veces parece que sí sucede que la eliminación de un grano de arena hace que un montón de arena deje de serlo. Pero esto también parece ridículo. ¿Cómo puede un grano hacer tanta diferencia? No habría ningún problema si tuviéramos una definición precisa de “montón” que nos dijera exactamente cuántos granos necesitas para tener un montón de arena. El problema es que no disponemos de una definición de este tipo. La palabra “montón” es vaga. No hay un límite claro entre un montón y algo que no lo es. A pesar de ello, parece que nos va bastante bien aplicando la palabra “montón” en nuestra vida cotidiana. Pero en otros casos no es así. Y estos casos son importantes. Podemos encontrar vaguedad en la mayoría de las palabras del castellano y de cualquier otro idioma. ¿Puedes llegar a ser pobre al perder un centavo? ¿Puedes llegar a ser alto creciendo un milímetro? Para Bertrand Russell -famoso matemático, lógico, filósofo, activista social y ganador del Premio Nobel de Literatura en 1950- todo concepto es vago en un grado del que no somos conscientes hasta que intentamos precisarlo.

Por último, podemos decir que la ciencia se ocupa, entre otras cosas, de resolver problemas. Pero no todos los problemas son del mismo tipo. Por un lado, se encuentran los problemas empíricos. Por ejemplo, puedes observar que los cuerpos pesados caen hacia la tierra con una regularidad asombrosa. Frente a esta observación puedes plantear los siguientes problemas: cómo y por qué caen así. También puedes observar que el alcohol que dejas en un vaso abierto desaparece pronto. Cuando buscas una explicación para estos fenómenos originas problemas empíricos. De manera general -como ha sugerido el filósofo de la ciencia Larry Laudan-, cualquier cosa acerca del mundo natural que nos sorprende como extraña o que necesita una explicación constituye un problema empírico. Si los problemas son uno de los puntos centrales del pensamiento científico, las teorías científicas son su resultado final. Las funciones de las teorías consisten en resolver ambigüedades, reducir las irregularidades a la uniformidad y mostrar que lo que sucede, por muy extraño que parezca, es comprensible y predecible. Las teorías, así, son soluciones a problemas. Pero no todos los problemas son empíricos. En ciencia nos interesan tanto los problemas conceptuales como los problemas empíricos. Los problemas conceptuales, por su parte, son problemas que se presentan al interior de las teorías, son característicos de las teorías y no tienen una existencia independiente de las teorías que los muestran.

 

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Mario Gensollen

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