Opinión

La era de los juguetes. La transformación de un modelo de negocio / El Foro

Inicialmente en el mundo occidental y posteriormente en el resto del mundo, Navidad se ha convertido en los últimos siglos en una época caracterizada por el consumo. Que el lector no se confunda, esta columna no se dedicará a hacer una crítica al consumismo en ninguna de sus manifestaciones. Tampoco será una reflexión moral sobre el significado antropológico, religioso y sentimental que tiene la época. Las siguientes lineas se tratarán de lo que verdaderamente importa (al menos para las niñas y los niños) de la Navidad: los juguetes.

El lector y el que suscribe alguna vez fuimos niños. Vivimos la emoción y la adrenalina que suponía escribirle una carta a Santa Claus, al Niño Dios o a los Reyes Magos en la cual detallábamos de manera a veces milimétrica el o los juguetes que les pediriamos como regalo de Navidad. Muñecas, hombres de acción, cochecitos de tracción, juegos de mesa y muchas otras cosas más eran las que en aquellas épocas abarrotaban las tiendas y los árboles de los hogares la mañana de Navidad.

Sin embargo, las cosas han cambiado de unos pocos años para acá. Exploremos un antecedente.

La industria de los juguetes ha tenido a lo largo de la historia crestas y valles, pero ningún pico de ventas se iguala al que se dio en la llamada era del baby boom, que sucedió tras el fin de la Segunda Guerra Mundial y que corre de los años 1946 a 1964. En esa época, pareciera que todas las parejas europeas y norteamericanas se dedicaron a tener hijos como si no hubiera un mañana. Si no me creen echen un vistazo al tamaño de las familias de sus padres y abuelos.

En fin, en la era del baby boom había niños a reventar y todos esos niños jugaban. La época de las vacas gordas le llegó entonces a la industria de los juguetes. Las ventas subían un año si y el otro también. Con el dinero que las empresas de juguetes ganaron en la época parecía que la decadencia no llegaría nunca, empresas como LEGO llegaron a construir incluso parques de diversiones con su propia marca. Todo era miel sobre hojuelas y el negocio parecía no tener pierde: al final del día siempre habría nuevos niños, era el ciclo de reproducción natural del hombre y parte de la vida. Pero en los 80 todo comenzó a cambiar.

Algo sucedió con las parejas europeas y americanas que dejaron de tener tantos hijos como antes, comenzaron a existir incluso las parejas que no deseaban construir una familia con hijos. El baby boom se desplomó y con él las utilidades de la industria de los juguetes. Muchas empresas quebraron, se fusionaron o decidieron liquidarse. Otras, como el caso de LEGO (que seguiremos usando como referente en esta columna) se reinventó.

Sí, tal como se lee, desde entonces las empresas de juguetes se las han visto de mal en peor, tanto es así que los empresarios del gremio han denominado a los últimos veinte años la era de la gran crisis de los juguetes.

No se equivocan. Hace 15 años los niños dejaron de pedir a Santa Claus cochecitos y bicicletas y empezaron a pedir consolas de Play Station. Hace 5 dejaron de pedir muñecas y empezaron a pedir iPads o smartphones. Videojuegos como Call of Duty o Halo cuentan con más presupuesto que muchas de las pelìculas que hoy vemos en cartelera. Desarrolladores de aplicaciones han confesado que cada vez son más las descargas que se hacen en Google Play o en App Store de juegos para niños de 2 a 6 años. Ante el brillo de las bellas pantallas, parece que ningún juguete ha podido competir.

Después de la quiebra de Apache, Toys R Us, Comercial BP de Juguetes y muchas otras más empresas comercializadoras de juguetes, se antoja la siguiente pregunta ¿la industria del juguete ha muerto?

La respuesta es no, el modelo de negocio tuvo que transformarse. Para muestra un dato inverosímil. La empresa que más ganancias reporta en los últimos cinco años en la industria del juguete es… LEGO. La empresa creadora de bloques de plástico que se apilan y unen es la que más ventas ha tenido en los últimos años y yo pregunto al lector ¿cuándo fue la última vez que vió a un niño armando bloques de lego en Navidad? Exacto, hace mucho sino es que nunca.

Lo que hizo LEGO fue adaptarse a la historia. Supo que lo suyo era construir bloques, vender historias y vender su imagen. Construyó personajes e incluso se alió con diversas corporaciones para crear todo un universo LEGO. Al día de hoy LEGO vende derechos de reproducción, hace películas (Lego, La Película, recaudó 69 millones de dólares en la semana de su estreno), tiene videojuegos, juegos de teléfono celular incluso ropa y accesorios. En fin, supo que el futuro los había alcanzado y que tenían que reinventarse.

¿Ha llegado el fin de la era de los juguetes? Quizá, quizá no, pero Lego estará ahí para contarnos esa historia. Feliz Navidad.

 

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José Luis Álvarez Sánchez

José Luis Álvarez Sánchez

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