Opinión

La frustración que genera la desigualdad / Punto crítico

 

Ahora que la mayoría de la población se vuelca a los centros de comercio para hacer sus compras navideñas, llama la atención cómo las personas efectivamente no dejan de hacer este tipo de gastos, sin embargo, en casi todos los casos lo están realizando de forma más cautelosa.

Escuchaba yo los resultados de una encuesta que una empresa nacional llevó a cabo en estos días para conocer la situación de las economías de las familias mexicanas justamente en este mes y a unos días de finalizar el año.

La mayoría de los encuestados coincidieron en señalar que destinarían un menor presupuesto para cumplir con sus compromisos y gastos decembrinos, al afirmar que sus finanzas se han visto severamente impactadas por el alza en casi todos los productos y en tema aparte el de los energéticos.

La desigualdad que hay en nuestro país sigue siendo uno de los grandes temas que más laceran sobre todo a aquellos que viven en el polo nada favorecido de la pobreza extrema.

Aquellos que además de no poder satisfacer sus necesidades más apremiantes, viven en entornos en donde prevalece la inseguridad, la violencia y los abusos a los derechos de las personas, solamente por mencionar algunas de estas circunstancias.

Esta semana la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), dio a conocer datos que sorprenden. En México, una quinta parte de los hogares concentra 48 por ciento del ingreso nacional, mientras que otro 20 por ciento que se encuentra en la base de la pirámide apenas obtiene seis por ciento del ingreso que se genera cada año en el país.

De acuerdo con datos divulgados por el organismo regional de las Naciones Unidas, la concentración del ingreso en México es mayor al promedio de América Latina, donde la quinta parte de hogares más ricos obtiene 45 por ciento del ingreso y 20 por ciento de hogares en la base de la pirámide se queda con seis por ciento del ingreso nacional.

Si bien es cierto que, en México, la pobreza disminuyó de 45.7 a 44.6 por ciento de la población en 2016, esto se ha logrado en parte por la formalización de trabajadores, aunque sigue siendo grande el número de empleados en el sector informal.

Habrá que considerar también a los 3.7 millones de personas que en nuestro país están subocupados, aquellos que en circunstancias nada favorables han tenido que buscar más ingresos en empleos que nada tienen que ver con su formación profesional, mucho menos con una remuneración decorosa.

La desigualdad genera frustración, y ésta a su vez desesperanza. La situación en Aguascalientes no es nada alentadora. Hay estudios realizados por investigadores de la UAA que señalan a nuestro estado en el segundo lugar nacional de polarización de las percepciones. Los de mayores ingresos ganan 25 veces más que aquellos que están del otro lado.

¿Qué se tiene que hacer? Primero, trabajar de manera articulada en el impulso de políticas públicas que acorten estas brechas de la desigualdad que es hoy uno de los principales obstáculos para el desarrollo social.

Hay que exigir la creación de un sistema fiscal más justo, en el que cada persona aporte efectivamente en función de los bienes y la riqueza que posee: “la evasión fiscal impide que los gobiernos y las instituciones destinen recursos públicos a las áreas que más lo requieren, y contribuyen a la fuga de capital a paraísos fiscales o terceros países”.

Así pues, hay bastante qué hacer, y todos estamos obligados a participar si queremos que esto cambie. Sirva esta oportunidad para reflexionar y hacernos la pregunta que nuevamente dejo al aire, ¿cuánto más estamos dispuestos a tolerar?


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Leticia Medina

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