Opinión

Las variedades de la experiencia religiosa hoy / El peso de las razones

 

¿Qué significa decir que nuestra época es secular? Las variedades de la experiencia religiosa de William James es un texto sumamente actual (aunque fue escrito para las Conferencias Gifford en la Universidad de Edimburgo, ofrecidas por James en 1901 y 1902). El texto ha envejecido muy poco, a pesar de que haya sido escrito hace más de cien años.

James ve la religión primariamente como algo que experimentan los individuos y distingue entre la experiencia religiosa viva, que es la del individuo, y la vida religiosa, que es derivativa porque es algo adoptado por la influencia de una comunidad o de una iglesia. Para James, según Charles Taylor, “hay personas que viven una experiencia religiosa poderosa y original, que luego se comunica a través de algún tipo de institución; dicha experiencia se transmite a otras personas, y éstas tienden a vivirla de un modo más o menos imitativo. En la transmisión tiende a perderse la fuerza y la intensidad del original, hasta que todo se convierte en un hábito gris”. James propone definir así la religión:…los sentimientos, los actos y las experiencias de los individuos en soledad, en la medida en que éstos creen estar en relación con aquello que consideran lo divino”.

Es a partir de la religión, en el sentido anterior, que surgirán secundariamente las teologías, las filosofías y las organizaciones eclesiásticas. Así, para James, las iglesias juegan en el mejor de los casos, un papel secundario, limitado a la transmisión y comunicación de la inspiración original. Y “en el mejor de los casos”, en tanto pueden tener un efecto negativo, el de una represión y distorsión de la fe personal. James no era precisamente un enamorado de las iglesias.

Así, el lugar auténtico de la religión es la experiencia individual, no la vida corporativa. Éste es uno de los aspectos de la tesis de James. Pero el otro es que su lugar auténtico es la experiencia, es decir, el sentimiento, y no las formulaciones que emplean las personas para definir, justificar y racionalizar sus sentimientos (operaciones que, claro está, corren a cargo habitualmente de las iglesias). Entonces, la experiencia religiosa viva se encuentra en el sentimiento, y los sentimientos -piensa James- tienen su origen en los individuos: pues la individualidad se funda en el sentimiento.

¿Cuáles son los orígenes y qué lugar ocupa en nuestra historia y cultura esta concepción de la religión? Para Charles Taylor, esta concepción encaja muy cómodamente dentro de la cultura moderna. El énfasis en la dimensión personal de la religión está en concordancia con un cambio general de orientación dentro de la cristiandad latina que ha tenido lugar a lo largo de los últimos siglos. A partir de la alta Edad Media podemos identificar una clara tendencia hacia una religión basada en el compromiso y la devoción personal por encima de modelos centrados en el ritual colectivo. En la Reforma, la salvación dependía únicamente de la fe, con lo que se devalúa el ritual y la práctica exterior en favor de una adhesión interior a Cristo como salvador. Confiar en el ritual equivalía a mantener la presunción de que se podía controlar a dios. Se deslegitima también la distinción entre creyentes plenamente comprometidos y otros menos devotos, ahora se esperaba que todos los cristianos estuvieran plenamente comprometidos. Durante la Contrarreforma, este movimiento hacia lo personal, lo comprometido y lo interior no tuvo lugar únicamente en las iglesias protestantes. Durante la Contrarreforma se produjo una evolución paralela, a través de la extensión de movimientos devocionales y los intentos de regular las vidas de los laicos de acuerdo con modelos de práctica religiosa cada vez más estrictos. Se reformó el clero y su preparación se volvió más exigente; a su vez, se esperaba de él que predicara y exigiera una mayor implicación personal en sus rebaños.

Ya en los Salmos se encuentra la semilla de nuestra noción contemporánea de religión personal: “Los sacrificios no te satisfacen; si ofrezco un holocausto, no lo aceptas: mi sacrificio es un espíritu contrito, tú no desprecias el corazón contrito y humillado. Trata bien a Sión por tu bondad; reconstruye los muros de Jerusalén. Entonces aceptarás los sacrificios rituales -las oblaciones y los holocaustos- y se ofrecerán novillos en tu altar” (Salmo 51).

Sin embargo, no todas las culturas han insistido de manera tan unidimensional en esta idea de fondo como lo ha hecho la cristiandad latina. Dentro de otras tradiciones religiosas los movimientos devocionales son admirados y tienen su importancia (e.g., el hinduismo y sus formas de bhakti), pero donde no se ha producido una devaluación de la vida del ritual colectivo. Hubo también una época dentro de la cristiandad latina en la que la relación entre la devoción personal y el ritual colectivo era pensada en términos de complementariedad.

La concepción de James de la religión es adecuada para confrontar la perspectiva religiosa y la secular, y puede parecer que el terreno en el que se realiza esta confrontación resulta favorable a la religión. Su concepción de la religión (i.e., como una experiencia intensa capaz de galvanizar la conducta) articula así su resistencia a la cultura intelectual agnóstica de la época. Hay formas de devoción en las que intentamos acercarnos a dios o centrar nuestras vidas en él, en las que nos comportamos confiando en nuestro propio impulso interno, nuestro propio deseo de acercarnos a dios. Se puede contrarrestar esto con un tipo de práctica religiosa que se concentra en las exigencias que dirige dios a sus “servidores improductivos”, y que se basa en obedecer la Ley o los mandatos de dios tal como los prescribe la tradición o la revelación, sin confiar necesariamente en la guía de la propia aprehensión interior de estas cosas.

Se encuentra esta confrontación también en la historia del islam: hay una faceta de la práctica religiosa islámica que enfatiza el cumplimiento estricto de la shar’ia, y otra, desarrollada por ejemplo por las tradiciones del sufismo, que se funda en el deseo del alma de unirse con Dios. Muchas veces dichas prácticas han ido de la mano, pero ha habido épocas en que la primera corriente ha visto con desconfianza a la segunda.

James se encuentra del lado del humanismo devoto, pero se le debe situar de forma aún más precisa dentro de esta línea. James también se ubica en otra subrama: se pone del lado de la religión del corazón frente a la religión de la cabeza. El Romanticismo fue la transformación antes de que estas vetas anarquistas y emotivistas lleguen a James. En el Romanticismo se concibe al inspirado iniciador de una nueva espiritualidad interiorizada como un “genio”, el cual no puede ser plenamente emulado por las personas ordinarias. La intensidad de la experiencia se pierde inevitablemente cuando el nuevo modelo de espiritualidad es adoptado por grandes grupos. Se enfría la intensa pasión del sentimiento original.

Para Charles Taylor, no podemos esperar del análisis de James demasiada concordancia con formas de vida religiosa que se alejan de las normas imperantes en el Atlántico Norte, que dan tanta importancia a la religión personal. El objeto central de su estudio es la religión tal como la conocemos en nuestra cultura, una limitación que -piensa Taylor- resulta comprensible hace un siglo. Según Taylor, al optar por una perspectiva sobre la religión, la religión interior y personal, James introduce una distorsión en las demás ramas de las que se aleja. No es que James sea estrecho de miras, pero “hay formas religiosas importantes y extendidas que no pueden comprenderse adecuadamente dentro de su concepto de la experiencia religiosa. En cierto sentido esto es una tesis empírica”.

Tenga Taylor razón o no con respecto a la descripción de otras formas de vida religiosa no occidentales, William James fue uno de los principales inspiradores de la religión contemporánea: individual, anarquista, emotivista y anti institucional. Sea o no una pérdida en términos del creyente y las instituciones religiosas, es una ganancia en términos de secularización. La religión, de seguir existiendo, debe quedarse en casa.

 

*Editorial Trotta acaba de publicar una nueva traducción de Las variedades de la experiencia religiosa de William James. El texto, como pueden ver, sigue siendo capaz de arrojar luz sobre el papel de la religión en la vida de los individuos, así como con respecto al papel social de las iglesias.

 

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Mario Gensollen

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