Opinión

Los partidos: discursos y realidades / Matices

 

En estas turbulentas semanas es momento de detenernos y hacer algunas reflexiones puntuales. Hay una turbulencia política e informativa, los editorialistas y columnistas no se detienen a analizar lo profundo, se quedan con lo superficial. Y así nos quedamos todos.

Este artículo está inspirado en una de mis frases favoritas del año, que se la debo acreditar a Jorge Álvarez: “En política como en religión, vale más lo que eres que lo que pregonas” y también en un tuit lanzado por Carlos Bravo Regidor, académico del CIDE que escribió así sobre los diputados en la discusión de la Ley de Seguridad Interior: “¿Quieren conocer las posiciones sustantivas de los partidos políticos? Olvídense de discursos y plataformas, mejor fíjense cómo votan en el Congreso.”

Estas dos afirmaciones tienen mucho sentido en los tiempos donde la postverdad invade el actuar público. Los hechos han sido ignorados por los discursos, por mensajes en redes sociales, actuaciones mediáticas o declaraciones públicas. Sin embargo, es más sencillo para los ciudadanos escuchar un spot, un video en Facebook o una noticia en la televisión que vigilar las votaciones de los legisladores o de los regidores en los cabildos municipales.

El programa importa, decía el colectivo de izquierda Democracia Deliberada, claro que importa, importa el programa que presentarán a debatir José Antonio Meade, Ricardo Anaya y López Obrador. También importan los perfiles que propongan para cada una de las áreas de nuestro país y sería muy enriquecedor que debatieran esos perfiles especializados sobre temas en particular como política económica, diplomática, financiera, social, anticorrupción y otros temas fundamentales.

Hemos asumido que las campañas políticas son ese momento donde se deberían debatir las propuestas y los programas para la ciudad, el distrito, el estado o el país pero que se han convertido en campañas publicitarias donde el mejor spot, la mejor estrategia de redes o el que gaste más dinero gana las elecciones. Me parece que hemos dejado muy corto el análisis, hemos olvidado que el voto es ese momento para sancionar a los partidos políticos por acciones pasadas.

Viridiana Ríos lo tiene muy claro en un texto que escribió hace unos días para Excélsior, la mejor manera de combatir la corrupción es no votando por corruptos, pero como electores orientamos nuestro voto por otras razones y no por la corrupción, no se trata de que nuestra memoria se corta y olvidadiza, se trata de que nuestra razón elige entre otras motivaciones para votar.

En clases de Ciencia Política, lo que se determina como tipos de votos hay una clasificación muy clara entre voto de castigo y voto de continuidad, ese voto de castigo al mal gobierno y ese de continuidad al buen gobierno. Ese fenómeno poco a poco se ha ido debilitando por estrategias de comunicación política eficientes.

Hoy ante la turbulencia política, orientar nuestro voto hacia las acciones de los miembros de un partido político puede ser eficiente, no hacia los discursos, sino hacia los votos de los diputados o senadores. Por ejemplo, la discusión que cambiará nuestro país en los próximos meses sobre le Ley de Seguridad Interior que busca facultar de policía civil al ejército no presentó debate amplio y mucho menos presentó razonamiento de votos por los legisladores que votaron a favor de ella, no hay ejercicio de rendición de cuentas.

En ese sentido, cuando el Partido Encuentro Social se alió con Morena por la presidencia de la República, entró a ese espacio privilegiado donde no hay crítica razonable que valga ni voz disonante que no sea de la mafia del poder. Sin embargo, el comportamiento de los diputados fue fundamental para que se lograra quórum en la Cámara de Diputados y se aprobará la Ley de Seguridad Interior.

Una alianza entre el partido más izquierdista y el más derechista borra cualquier ilusión de tener un presidente de izquierda, aunque los medios de comunicación vendan que podríamos ser Venezuela con López Obrador, su discurso de izquierda está agotado, desde su plataforma, desde sus alianzas que son hechos concretos y desde los votos de los diputados de su partido. Por ejemplo para rechazar la Ley de Seguridad Interior había que declarar la sesión sin quórum, esto se hacía con que los diputados no votaran, aunque votaron en contra, 24 diputados de Morena lograron que hubiera el quórum para que la decisión fuera legal.

Valen más los hechos que los discursos.

Nadie cree en el discurso ecologista del Verde, porque hay principios que no pueden ser compatibles con un candidato que se abandere por ese partido, por ejemplo la tauromaquia, José Antonio Meade, fanático de los toros será abanderado por el Verde Ecologista. Como también lo fue Roberto Borge, el gobernador que más ha dañado el patrimonio natural de nuestro país.

Vale más lo que eres que lo que pregonas.

No importa si hay discursos anticorrupción en cada uno de las intervenciones, o si el PAN lidera la bandera de transparencia en tu estado o si la izquierda tiene una agenda en paridad de género. A final de cuentas la votación para designar a un fiscal general misógino se da por los votos de esas diputadas a favor de la paridad de género o no se nombra al fiscal anticorrupción porque no hay acuerdo político.

Si vigiláramos los votos de los diputados en todas las decisiones, nuestro voto de 2018 tendría otro elemento más, el de los hechos no el de los discursos.

 

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Carlos Aguirre

Carlos Aguirre

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